14 de abril de 2009
6 de abril de 2009
Amos Tutuola, "El bevedor de vi de palma" (por Anna Rossell)
Amos Tutuola, El bevedor de vi de palma
Trad. de Emili Olcina,
Laertes, Barcelona, 2009, 127 págs.
Anna Rossell
¿Cómo hacer una justa crítica literaria sobre textos creados en y a partir de un mundo cultural ajeno? Ésta es la pregunta que debe plantearse cualquier crítico del canon occidental ante una novela como El bevedor de vi de Palma, del nigeriano Amos Tutuola, que acaba de sacar a la luz Laertes. Seguramente por ello en nuestro contexto el libro ha sido objeto de las reacciones más controvertidas y ha suscitado entusiasmo en unos y profundo rechazo en otros. También por parte de algunos intelectuales africanos, que, probablemente contaminados por valores coloniales y teniendo únicamente éstos como punto de referencia, no consiguieron liberarse de la colonización cultural –otros en cambio, como Chinua Achebe, Wole Soyinka o Ngugi wa Thiong’o, lo aclaman como uno de los grandes escritores subsaharianos universales-. Y es que si hay algo que puede afirmarse sin ninguna duda es que el texto de Tutuola no encaja en los esquemas literarios a que estamos acostumbrados en esta parte del mundo. Es absolutamente original. Ciertamente, desde la independencia de los países africanos en los años sesenta ha habido muchos escritores de este continente que han publicado ficción, pero la mayoría lo ha hecho siguiendo modelos literarios occidentales en las lenguas de sus antiguas metrópolis. No es éste el caso del autor que nos ocupa.
El bevedor de vi de palma –también publicado en español (Ediciones Júcar, 1974) y en euskera (Pamiela, 1993)- fue la primera novela de Amos Tutuola (Abeokuta 1920 -Sur de Nigeria– Ibadán 1997) y la primera novela nigeriana publicada en inglés (1952). Su mayor mérito estriba a mi entender en que se trata de un texto con voluntad de crear escuela. No porque lo que allí se lea sea nuevo. No lo es para los yorubas nigerianos. Lo novedoso es ponerlo por escrito y con renovada creatividad para que lo que allí se narra se perpetúe en forma de libro. Con sus compañeros de generación Cyprian Ekwensi, Timothy Aluko, Gabriel Okara, y el más joven Kojo Laing, Amos Tutuola pertenece a un grupo de escritores que se propone sentar los cimientos de la literatura autóctona nigeriana, libre de colonización.
La novela, relato o sucesión de cuentos hilvanados –difícil encorsetar el texto en uno de nuestros géneros- describe la historia de un joven que, a la muerte de su sangrador de vino de palma, emprende un viaje en su busca al país de los muertos. Al poco tiempo de ponerse en camino el protagonista se gana los favores de un rey a cuya hija desposa. La pareja inicia así un recorrido por mundos fabulosos y míticos, compartimentos estancos subsiguientes, donde se encuentra con los seres más diversos, temibles y bondadosos, que suponen para ellos duras pruebas o instrumentos de ayuda para superarlas en los parajes más intrincados y enigmáticos. Sus aventuras constituyen en definitiva un viaje iniciático en el que los dos protagonistas aprenderán valores morales y cívicos enfrentándose al hambre de una población entera, a la sequía generalizada, a los llamados fantasmas de la maleza, a extraños seres blancos... . Una especie de novela de formación con ecos de Las Aventuras de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. Tutuola bebe de las fuentes más genuinas de su cultura, utiliza los mitos yorubas de la literatura oral negroafricana para componer su fabulosa cadena de historias y lo hace en un inglés incorrecto, simple y naiv, un inglés agramatical, que construye con la intención de adaptar el yoruba hablado a la lengua inglesa. Su conciencia descolonizadora se pone de manifiesto en la voluntad de imponer la mentalidad yoruba a la lengua del colono y domesticarla, y no al revés. Crea así un inglés pidgin, un estilo peculiar de frases cortas, oraciones inacabadas, repetición machacona de estructuras gramaticales simples, insólitas substantivaciones y adjetivaciones, que ha sabido trasladar muy airosamente el traductor Emili Olcina al catalán. Un libro, en definitiva, que aporta un aire nuevo a la estética literaria occidental. Del mismo autor se ha publicado también en España Mi vida en la maleza de los fantasmas (Siruela, 2008).
Anna Rossell
(Publicado en: Quimera. Revista de Literatura, núm. 305 (Abril 2009), p. 104.
Cuando el inglés es yoruba. Amos Tutuola, El bevedor de vi de palma (por Anna Rossell)
Amos Tutuola, El bevedor de vi de palma
Trad. de Emili Olcina,
Laertes, Barcelona, 2009, 127 págs.
Anna Rossell
¿Cómo hacer una justa crítica literaria sobre textos creados en y a partir de un mundo cultural ajeno? Ésta es la pregunta que debe plantearse cualquier crítico del canon occidental ante una novela como El bevedor de vi de Palma, del nigeriano Amos Tutuola, que acaba de sacar a la luz Laertes. Seguramente por ello en nuestro contexto el libro ha sido objeto de las reacciones más controvertidas y ha suscitado entusiasmo en unos y profundo rechazo en otros. También por parte de algunos intelectuales africanos, que, probablemente contaminados por valores coloniales y teniendo únicamente éstos como punto de referencia, no consiguieron liberarse de la colonización cultural –otros en cambio, como Chinua Achebe, Wole Soyinka o Ngugi wa Thiong’o, lo aclaman como uno de los grandes escritores subsaharianos universales-. Y es que si hay algo que puede afirmarse sin ninguna duda es que el texto de Tutuola no encaja en los esquemas literarios a que estamos acostumbrados en esta parte del mundo. Es absolutamente original. Ciertamente, desde la independencia de los países africanos en los años sesenta ha habido muchos escritores de este continente que han publicado ficción, pero la mayoría lo ha hecho siguiendo modelos literarios occidentales en las lenguas de sus antiguas metrópolis. No es éste el caso del autor que nos ocupa.
El bevedor de vi de palma –también publicado en español (Ediciones Júcar, 1974) y en euskera (Pamiela, 1993)- fue la primera novela de Amos Tutuola (Abeokuta 1920 -Sur de Nigeria– Ibadán 1997) y la primera novela nigeriana publicada en inglés (1952). Su mayor mérito estriba a mi entender en que se trata de un texto con voluntad de crear escuela. No porque lo que allí se lea sea nuevo. No lo es para los yorubas nigerianos. Lo novedoso es ponerlo por escrito y con renovada creatividad para que lo que allí se narra se perpetúe en forma de libro. Con sus compañeros de generación Cyprian Ekwensi, Timothy Aluko, Gabriel Okara, y el más joven Kojo Laing, Amos Tutuola pertenece a un grupo de escritores que se propone sentar los cimientos de la literatura autóctona nigeriana, libre de colonización.
La novela, relato o sucesión de cuentos hilvanados –difícil encorsetar el texto en uno de nuestros géneros- describe la historia de un joven que, a la muerte de su sangrador de vino de palma, emprende un viaje en su busca al país de los muertos. Al poco tiempo de ponerse en camino el protagonista se gana los favores de un rey a cuya hija desposa. La pareja inicia así un recorrido por mundos fabulosos y míticos, compartimentos estancos subsiguientes, donde se encuentra con los seres más diversos, temibles y bondadosos, que suponen para ellos duras pruebas o instrumentos de ayuda para superarlas en los parajes más intrincados y enigmáticos. Sus aventuras constituyen en definitiva un viaje iniciático en el que los dos protagonistas aprenderán valores morales y cívicos enfrentándose al hambre de una población entera, a la sequía generalizada, a los llamados fantasmas de la maleza, a extraños seres blancos... . Una especie de novela de formación con ecos de Las Aventuras de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. Tutuola bebe de las fuentes más genuinas de su cultura, utiliza los mitos yorubas de la literatura oral negroafricana para componer su fabulosa cadena de historias y lo hace en un inglés incorrecto, simple y naiv, un inglés agramatical, que construye con la intención de adaptar el yoruba hablado a la lengua inglesa. Su conciencia descolonizadora se pone de manifiesto en la voluntad de imponer la mentalidad yoruba a la lengua del colono y domesticarla, y no al revés. Crea así un inglés pidgin, un estilo peculiar de frases cortas, oraciones inacabadas, repetición machacona de estructuras gramaticales simples, insólitas substantivaciones y adjetivaciones, que ha sabido trasladar muy airosamente el traductor Emili Olcina al catalán. Un libro, en definitiva, que aporta un aire nuevo a la estética literaria occidental. Del mismo autor se ha publicado también en España Mi vida en la maleza de los fantasmas (Siruela, 2008).
Anna Rossell
(Publicado en Quimera. Revista de Literatura, núm. 305 (Abril 2009), p. 104.
5 de abril de 2009
ALICIA CANCELA, HOTELES LITERARIOS
"Estirpe miserable de un día, hijos del azar y de la fatiga, ¿Por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para ti -morir pronto." APOLODORO.
El canal, la calleja, está y aún es, demasiado oscuro para ver esas ondas concéntricas que avanzan y se pierden. ¿Un guijarro? ¿Un remo? No, alguien ha muerto. Sin haberlo decidido. Alguien alargó la mano y aun los pasos hacia una imagen. Un empecinado, no un distraído.
Cualquier muerte dignifica, cualquier muerte nos salva, nos reconcilia. Cualquier muerte nos torna reales, cualquier muerte nos libra del resistir, aun esta muerte alcantarillada, pestilente en Venecia, cuando es más oscuro y la certeza de que sólo existe el agua avanza. Avanza como un bautismo, no sólo la cabeza, no, sino todo el cuerpo sometido a un verdadero Bautista, o a un Diluvio particular, casi mínimo, personal. Pues no hay vida justa, es azar, una equivocación de la naturaleza a la que sumamos nuestra equivocación metafísica, es bueno morir en el primer lecho, como negándolo todo, como olvidando. Para qué la memoria, siempre llueve, no sólo en el pasado. Es inútil la historia, nada hay que se aprenda, sólo existe el presente que se suma y ahora es muerte. No es propio aletargarnos en el existir, resistiendo, debiera ser más fácil alcanzar la única coronación posible a nuestra extrema debilidad.
Los fuegos de artificio celebran la muerte, el Carnaval, la Plaza de San Marcos, ¡la más bella del mundo! También ella y Venecia entera resisten a una muerte certera, apenas sostenida por la debilidad de los islotes sobre la que fue construida por los Aquileyos huyendo de los ataques del Bárbaro y que resistiendo en la vida elevaron una máscara para ocultar su debilidad
-La imposible Venecia-.
Carnaval, máscaras, Venecia, muerte, lo apolíneo y lo dionisíaco en un maridaje no poco prolífico.
La quietud del agua es violada por el ir y venir insensato de las góndolas por el canal. El agua, contrariamente a su esencia, aquí, parece desear espejarse, contener fielmente la otra marea, la humana, que corre por los puentes. Tanta belleza necesita un espejo. Sólo alguien lo presiente, acodado sobre el Puente de los Suspiros.
Cualquier belleza atrapa, cualquier belleza nos suspende, la que surge espontánea en la naturaleza, la del hecho artístico, la de comprender algo demasiado grande y que dejamos de comprender apenas comprendido. Cualquier belleza es como luz inaprensible qu se desvanece y ciega, como un velo en el que quedar prendido, -¿En cuál?, el saber, el arte, o la vida?- ¿En cuál se quedaría?
Venecia parece una muchacha engalanada y agitada en su primer baile. ¡Los disfraces, las máscaras, los fuegos de artificios celebran su belleza!
Apolo, guiando su carrro dorado, daba vueltas en la plaza, Gustavo pudo ver cómo le sonreía, un fuego le había iluminado, como destinado a ese rostro y para que él, en la distancia, pudiera percatarse. Sólo el rostro había asomado entre la multitud, un impulso le hizo abandonar el arco sobre el que estaba recostado y, a fuer de empellones y contínuos roces, acercarse para contemplarlo en su entera belleza. Unas piernas marmóreas, exquisitamente torneadas le servían de sustento. Los cabellos estaban encendidos, aureolando la cabeza, que esta vez, se inclinó para mostrarse, y aun se volvió, mientras el carro avanzaba. La túnica arrebatada por un viento, dejó al descubierto unas nalgas perfectas. Demasiado femeninas, pensó, y aún el gesto que le invitaba a seguirlo estaba en el aire, a lo lejos, sobre el carro. Sin dudar alargó la mano, abriéndose paso y como para saludarlo. Así seguía, cuando ya había abandonado la plaza y se aventuraba en los canales cada vez más oscuros.
Heinrich Zille

Museo de Heinrich Zille, Probststr. 11, 10178 Berlin - Nikolaiviertel 
Heinrich Zille, el zar de Berlín
Por Luis M. Alonso (12 de Junio, 2008)
Heinrich Zille (1856-1929) –artista, caricaturista e ilustrador– representa el viejo Berlín, algo que en la capital alemana tan huérfana de sus viejas señas de identidad arquitectónicas, borradas del mapa por los bombardeos, destaca sobremanera. De hecho, a él puede considerársele una víctima del sufrimiento berlinés, ya que gran parte de su obra fue destruida o desapareció en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Lo que ha sobrevivido de su ingente trabajo procede de las colecciones privadas, de los nidos particulares y, gracias a la familia, puede considerarse en estos momentos de dominio público. Zille conocía perfectamente a los berlineses y, por eso, los dibujó de manera tan extraordinaria. El interés por su obra ha ido creciendo a partir de la década de los cincuenta, al tiempo que se descubrían trabajos inéditos del autor. Zille nació en Radeburg, una población cercana a Dresde, pero a los nueve años se mudó con sus padres a Berlín. En su costumbrismo satírico y callejero, acabaron por reconocerse los ciudadanos de la capital de Alemania y, con ellos, sus esquinas más habituales, los lugares más frecuentados, los parques, las tabernas y los restaurantes. Zille fue el gran maestro alemán de la escenografía urbana. Sus dibujos, como pueden ser en Portugal los de Rafael Bordalo-Pinheiro, guardan una estrecha relación con el mundo que lo rodeó y también con las circunstancias sociales a las que casi nunca fue ajeno el ilustrador, movido por la curiosidad y un sentido crítico con la realidad, muchas veces desde las páginas del semanario satírico «Simplicisimus». En Alemania busqué reproducciones de trabajos de Zille por todos los lugares, desde las series de aguadas y acuarelas dedicadas a los bailes de máscaras, aquellas otras que tienen que ver con la difíciles condiciones de vida del pueblo y las que han quedado para el recuerdo y la nostalgia de los veteranos como bellas postales. Por ejemplo, el mercado navideño en Arkonaplatz, o el famoso restaurante Nussbaum. Zille era un gran publicista incluso antes de conocerse la publicidad tal como ahora la entendemos. El museo Heinrich-Zille, de Berlín, muestra la obra de uno de los ilustradores más sorprendentes de la historia, uno de los artistas que más ha contribuido a difundir la ciudad, su historia y sus personajes más populares. Un gran dibujante, Zille.
Categoría: La mirada de Lúculo Junio 2008
Quarrel at the distillers (Pelea en la taberna)
Mooving the brown sofa, 1900 (Trasladando el sofá marrón, 1900)


Woman Carrying Bags, Looking Toward Charlottenburg, 1898 (Mujer con bolsas, mirando hacia Charlottenburg, 1898)
Zwei Straßenmädchen (Dos chicas de la calle)
The cover of the first edition of the book Street Children, Berlin 1908 (Cubierta de la primera edición del libro "Niños de la calle", Berlín, 1908)
The Changing Room in a Suburban Theater, 1904 (Camerino de un teatro suburbano, 1904)
Spreewald-Ammen
Selbstporträt, 1892 (Autoretrato, 1892)
Selbstporträt, 1922 (Autoretrato, 1922)
Ring Fight (at the Fair), 1903 (Pelea (en la feria), 1903)
Grüße aud dem Wannsee (Recuerdos desde el Wannsee)
Frau auf einem Karusselpferd (Mujer en un caballo de feria)
Der Familienrat (Consejo familiar)
Children posing in a courtyard in the Krogel neighborhood in Berlin, 1896 (Niños posando en un patio en el barrio de Krogel de Berlín, 1896)
Kinder auf der Knobelsdorf Brücke in Berlin, 1898 (Niños en el puente de Knobelsdorf de Berlín, 1898)
Boys Performing Handstands by a Mound of Sand (Niños haciendo piruetas junto a un montón de arena)
Berlinerinnen (Berlinesas)
Aufbau des Standes der 'Rosen aus dem Süden' (Montaje del puesto 'Rosas del Sur')
Moabit (Moabit, un barrio de Berlín)
Frauen in der Kneipe (Mujeres en la taberna)
Weihnachtsmarkt auf dem Arkonaplatz (Mercado de Navidad en la plaza de Arcona)
Kaufhaus
Das Brandenburger Tor (La Puerta de Brandemburgo)
's dunkle Berlin (El Berlín oscuro)
1 de abril de 2009
Joseph Roth, Cartas (1911-1939)
Joseph Roth, Cartas (1911-1939), El Acantilado, Edición y notas de Hermann Kesten, traducción de Eduardo Gil Bera, Barcelona, 2009.
31 de marzo de 2009
Bernd Springer, Das selige Tal des Rheins und die goldene Sonne der Kindheit
"[...] Man sucht sich die Geschichten, mit denen man aufwächst, nicht aus. Nicht die Vergangenheit, nicht das Volk. Mag sein, dass mir andere Erzählungen und eine andere Geschichte lieber gewesen wären. Aber das hier ist die meiner Vorfahren. Sie lebten am Rhein, in einer Stadt, die später vom Krieg dem Erdboden gleichgemacht wurde. Danach baute man sie eilig und nicht immer schön wieder auf, alles sollte nun "modern" werden. Ein Neuanfang musste her, der das Vergangene vergessen ließ. Aber noch gibt es einen dünnen Faden, der uns mit den untergegangenen Städten und ihren Menschen verbindet. Ich halte ihn fest und rolle ihn auf - mit Hilfe der Aufzeichnungen des alten Fresleve, jenes Reiters der einst die Nachricht und damit das Signal der Revolution über den Rhein gebracht hatte.
[...]". (pp. 2-3)
Traducción de algunos párrafos (por Anna Rossell):
Reflexiones acerca del recuerdo, de la vida y de la existencia de Dios en el diálogo que mantiene el sastre Fläsch, a quien la vida ha tratado mal y ahoga sus penas en el vino, y el padre Ildefonso. La acción transcurre en los años veinte del s. XIX:
- "¿Qué es más grave: ser prisionero de un recuerdo terrible o no tener recuerdo alguno?"
-"Lo primero es una enfermedad, lo segundo una carencia anímico-espiritual que también hace enfermar", observó el padre Ildefonso
[...]
"Quiero decir que en uno de los casos estamos ante una forma de posesión. Quien está poseído por su recuerdo no puede encontrar el equilibrio anímico y quien no tiene ningún recuerdo vive en una situación de unidimensionalidad que... [...] Una unidimensionalidad incapaz de conectar la propia existencia con el tiempo y con el espacio y por ello no puede encontrar el sentido. Y la existecia sin sentido", y en este momento levantó la voz, "hace enfermar, pues el ser humano, a diferencia del animal, es una criatura que busca un sentido a su vida. Y buscar sentido significa buscar la razón de nuestra existencia y éste es el camino hacia Dios."
A más tardar, cuando el cura empezaba a hablar de Dios, alguien acostumbraba a cambiar de tema, pero en esta ocasión Fläsch se le anticipó:
-"¡Pues éste es un camino jodidamente largo, jodidamente largo! Cada vez que abro una botella me pregunto si tiene algún sentido seguir dándole vueltas a esta mierda de vida y llego a la conclusión: mala suerte, se torció. Lo pasado pasado está y no hay por qué que valga. Pero si de veras algún Dios hubiera tenido algo que ver con ella me gustaría presentarme delante de ese bastardo para mirarle fíjamente a los ojos y preguntarle: ¿Por qué has permitido que pasara todo esto?"
Al pronunciar la palabra 'bastardo' se oyó un murmullo entre la concurrencia y la madre de Hennes se levantó, volvió el crucifijo de cara a la pared y dijo:
-"Esperemos que él no lo haya oído, de lo contrario puedes tirarte una eternidad llamando a San Pedro a la puerta del cielo y nosotros tendremos que pasar años y años haciendo decir misas por ti, como si lo viera, ¡como si no tuviéramos nada más que hacer!"
(pp. 128-129)
"¿Qué creéis que tiene más poder destructor: un ejército de cien mil soldados o un grupo armado de sólo cincuenta mil hombres que defienden su hacienda sin recibir ninguna paga?
"[...]"
"Yo creo que los campesinos que luchan por defender lo que es suyo, éstos son más fuertes que los soldados que luchan por una causa ajena."
"Yo también lo creo"
"¿Y quién creéis que cuida mejor de su hijo, una madre que tiene cinco y se ocupa de las tareas de la casa o un aya que cuida al niño por dinero?"
"La madre, ¿no?"
"¿Por qué?"
"Porque quiere a su hijo"
"Oye", Luis empezaba a ponerse nervioso, "¿A qué vienen tantas preguntas? ¿Es un juego?"
"No lo sé. Os pregunto lo mismo que nos ha preguntado hoy el padre Gregorio y me gustaría saber si llegáis a la misma conclusión."
"Tú y tu eterno padre Gregorio. ¿Y qué conclusión es esa?"
"Ni yo mismo lo sé con seguridad. Ten un poco de paciencia", le pidió Hennes. Puso cara de concentración y prosiguió:
"¿Qué es más potente: un tunel de cincuenta metros muy oscuro o un candelabro de cinco brazos que ponemos en medio de ese tunel?"
"El candelabro, porque su luz ilumina el tunel"
"¿Y qué es más provechoso: cien hectáreas de tierra sin cultivar o cinco ínfimos granos de simiente que crecen en la tierra y dan fruto?"
"¡Ah, esto suena a Biblia! Ahora lo entiendo", observó Luis.
"Pues sí, ¡y qué!"
"¿Cómo que y qué? ¿Es que quieres darnos clase de religión? Desde que vas a colegio de curas..." "¿Qué?"
"Nada"
Luis prefirió no terminar la frase. Andrés, que además del catecismo debía aprender la Tora y la Cábala, había permanecido en silencio todo el tiempo y esperaba.
"¿No te interesa la pregunta de cuántos hombres necesitas para salvar del peligro a tu familia o a tu país?"
"¿Y esto qué tiene que ver con la Biblia?"
"Las preguntas que os he planteado nos las ha hecho hoy por la mañana el padre Gregorio y después nos ha hecho leer un párrafo del Evangelio de San Mateo. Allí hay una frase que hemos tenido que interpretar en lo que quedaba de hora: 'Vosotros sois la sal de la tierra.' He olvidado lo que seguía y también todo lo que el padre Gregorio nos ha preguntado a continuación..."
"... con sus triquiñuelas de jesuita..."
"... para ayudarnos a interpretarla. Bueno, al menos al final se me encendió la luz..."
"¡Caramba, caramba! Nuestro amiguito tuvo una visión."
"... una intuición, si lo prefieres, y después se esfumó. Una idea que hubiera podido retener de no ser porque justo en este momento un compañero me dio con el codo para pedirme un lápiz. Pero estoy a punto de volver a acordarme, y también tiene que ver con vosotros.
"¿De qué iba?"
"¡Venga, suéltalo ya!"
"¿"No tenéis vosotros a veces también la sensación de que debería venir alguien con una escoba enorme para barrer de una vez por todas toda la porquería que hay en este país? Los funcionarios corruptos, la pobreza, las enfermedades, el hambre, los barrigudos lameculos y lacayos, los obispos y arzobispos y [...]?"
"Pues sí, a veces también yo lo desearía. Pero, bien mirado, me basta con que nos dejen en paz."
"¿Y tú, Andrés?"
"A veces pienso que el mundo está ya tan podrido que lo mejor sería que lo volvieran a crear."
"¿Y no crees que puede salvarse alguna cosa?" insistió Hennes.
"Por una parte sí, por otra pienso que no tenemos la oportunidad de cambiar nada."
"¿Por qué?"
"Porque nosotros no somos muchos."
"¿Qué quieres decir?"
"Que no somos suficientes los que lo vemos así"
"¿Cuántos crees que deberíamos ser?", siguió preguntando Hennes.
"¡Cientos! ¡Qué digo cientos! ¡Miles! ¡Cientos de miles! ¡Muchos cientos de miles!
"Esto mismo pensaba yo, y por esto no hacemos nada y las cosas siguen como están. Y creo que ésta es la cuestión sobre la que he tenido aquella idea."
"¿Qué idea?"
"¿Cuántos hombres necesitas para salvar a tu país?"
"Todo el pueblo, o al menos, la mayoría."
"Entonces puedes esperar sentado."
"Pues como mínimo un ejército para conseguir el poder y hacer limpieza."
"Estás equivocado. Para salvar a tu país sólo necesitas un puñado de hombres. ¡Pero deben ser los mejores!"
Luis y Andrés miraron fijamente a Hennes.
"¿Qué quieres decir?"
"No lo sé aún. Sólo que hoy he tenido la intuición de que todo el tiempo había estado equivocado. No tienes que esperar a un redentor con un enorme ejército. Únicamente necesitas un puñado de hombres. Pero deben ser los mejores. Esto es lo importante."
"¿Y quiénes son los mejores?"
"Los que no quieren nada para sí."
De nuevo se quedaron mirándolo.
¿Y crees que existe gente así?"
"[Antes] cuando hemos sacado a María del hielo ¿por quién lo hemos hecho? ¿Por nosotros?
"No, claro que no."
"Aunque pudiera decirse que tú lo has hecho porque es tu hermana."
"Pero no es la tuya, y a pesar de ello tú no has dudado ni un segundo. ¿Y no te has sentido bien haciéndolo?
"Sí, por supuesto."
"¿Y lo has hecho sólo para sentirte bien?"
"No, no he pensado en esto en aquel momento."
"Pero no es lo mismo", objetó Luis, "cuando salvas a un país tienes que ponerte a su cabeza y, si te sale bien, te conviertes en su rey y entonces tienes una corona y una corte y al final te has convertido en lo mismo que ellos."
"Claro, porque lo importante es que no debes querer nada para ti."
"¿Como Napoleón, por ejemplo? También él empezó como salvador de Francia y al final convirtió la revolución en una monarquía. El poder lo pervirtió."
"Porque interiormente uno debe seguir siendo monje o soldado".
"Pero él era soldado."
"Seguramente éste era el problema, que pensaba más en la conquista de países ajenos que en la salvación de Francia."
"Yo creo que no está bien querer el poder para sentirse poderoso; en todo caso habría que quererlo para poner en práctica lo correcto", dijo Andrés.
"Pero entonces lo pierdes en seguida", añadió Luis.
"Seguramente ahí está la respuesta. Consigues el poder, pones en práctica lo que es bueno para tu país y luego abdicas."
"Y entonces suben de nuevo al poder los poderosos de antes y lo desmontan todo."
"No sé, no sé, siempre que pienso en estas cosas me da vértigo. Pero no hacer nada tampoco es ninguna solución, ¿no?"
"Mi padre dice siempre: el mundo sigue su camino y la vieja tierra no para de dar vueltas sobre sí misma, con nuestra intervención o sin ella, y dice que los budistas son los únicos que han comprendido que lo mejor que podemos hacer es integrarnos en la armonía de la naturaleza y dejar de intentar cambiar el mundo."
"¿Y esto no es inmoral?"
"¿Es que quizá es más moral enviar a cien mil seres humanos a la guillotina para conseguir una revolución que uno de sus generales al final convertirá de nuevo en una monarquía?"
Aquella tarde no consiguieron resolver las grandes cuestiones que ocupan a la humanidad, pero era la primera vez que que las intuían, y como fueron más las preguntas que plantearon que las respuestas que supieron darles nació en ellos una nueva inquietud, una especie de inquietud que no habían conocido hasta entonces.
(pp. 190-195)
Bernd Springer es profesor de lengua, literatura y cultura alemanas en el Departamento de Filología Inglesa y Germanística de la Facultad de Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Bernd Springer, Das selige Tal des Rheins und die goldene Sonne der Kindheit
Para hacer boca:
"[...] Man sucht sich die Geschichten, mit denen man aufwächst, nicht aus. Nicht die Vergangenheit, nicht das Volk. Mag sein, dass mir andere Erzählungen und eine andere Geschichte lieber gewesen wären. Aber das hier ist die meiner Vorfahren. Sie lebten am Rhein, in einer Stadt, die später vom Krieg dem Erdboden gleichgemacht wurde. Danach baute man sie eilig und nicht immer schön wieder auf, alles sollte nun "modern" werden. Ein Neuanfang musste her, der das Vergangene vergessen ließ. Aber noch gibt es einen dünnen Faden, der uns mit den untergegangenen Städten und ihren Menschen verbindet. Ich halte ihn fest und rolle ihn auf - mit Hilfe der Aufzeichnungen des alten Fresleve, jenes Reiters der einst die Nachricht und damit das Signal der Revolution über den Rhein gebracht hatte.
[...]"
Traducción de algunos párrafos (por Anna Rossell):
Reflexiones acerca del recuerdo, de la vida y de la existencia de Dios en el diálogo que mantiene el sastre Fläsch, a quien la vida ha tratado mal y ahoga sus penas en el vino, y el padre Ildefonso. La acción transcurre en los años veinte del s. XIX:
- "¿Qué es más grave: ser prisionero de un recuerdo terrible o no tener recuerdo alguno?"
-"Lo primero es una enfermedad, lo segundo una carencia anímico-espiritual que también hace enfermar", observó el padre Ildefonso
[...]
"Quiero decir que en uno de los casos estamos ante una forma de posesión. Quien está poseído por su recuerdo no puede encontrar el equilibrio anímico y quien no tiene ningún recuerdo vive en una situación de unidimensionalidad que... [...] Una unidimensionalidad incapaz de conectar la propia existencia con el tiempo y con el espacio y por ello no puede encontrar el sentido. Y la existecia sin sentido", y en este momento levantó la voz, "hace enfermar, pues el ser humano, a diferencia del animal, es una criatura que busca un sentido a su vida. Y buscar sentido significa buscar la razón de nuestra existencia y éste es el camino hacia Dios."
A más tardar, cuando el cura empezaba a hablar de Dios, alguien acostumbraba a cambiar de tema, pero en esta ocasión Fläsch se le anticipó:
-"¡Pues éste es un camino jodidamente largo, jodidamente largo! Cada vez que abro una botella me pregunto si tiene algún sentido seguir dándole vueltas a esta mierda de vida y llego a la conclusión: mala suerte, se torció. Lo pasado pasado está y no hay por qué que valga. Pero si de veras algún Dios hubiera tenido algo que ver con ella me gustaría presentarme delante de ese bastardo para mirarle fíjamente a los ojos y preguntarle: ¿Por qué has permitido que pasara todo esto?"
Al pronunciar la palabra 'bastardo' se oyó un murmullo entre la concurrencia y la madre de Hennes se levantó, volvió el crucifijo de cara a la pared y dijo:
-"Esperemos que él no lo haya oído, de lo contrario puedes tirarte una eternidad llamando a San Pedro a la puerta del cielo y nosotros tendremos que pasar años y años haciendo decir misas por ti, como si lo viera, ¡como si no tuviéramos nada más que hacer!"
(pp. 128-129)
"¿Qué creéis que tiene más poder destructor: un ejército de cien mil soldados o un grupo armado de sólo cincuenta mil hombres que defienden su hacienda sin recibir ninguna paga?
"[...]"
"Yo creo que los campesinos que luchan por defender lo que es suyo, éstos son más fuertes que los soldados que luchan por una causa ajena."
"Yo también lo creo"
"¿Y quién creéis que cuida mejor de su hijo, una madre que tiene cinco y se ocupa de las tareas de la casa o un aya que cuida al niño por dinero?"
"La madre, ¿no?"
"¿Por qué?"
"Porque quiere a su hijo"
"Oye", Luis empezaba a ponerse nervioso, "¿A qué vienen tantas preguntas? ¿Es un juego?"
"No lo sé. Os pregunto lo mismo que nos ha preguntado hoy el padre Gregorio y me gustaría saber si llegáis a la misma conclusión."
"Tú y tu eterno padre Gregorio. ¿Y qué conclusión es esa?"
"Ni yo mismo lo sé con seguridad. Ten un poco de paciencia", le pidió Hennes. Puso cara de concentración y prosiguió:
"¿Qué es más potente: un tunel de cincuenta metros muy oscuro o un candelabro de cinco brazos que ponemos en medio de ese tunel?"
"El candelabro, porque su luz ilumina el tunel"
"¿Y qué es más provechoso: cien hectáreas de tierra sin cultivar o cinco ínfimos granos de simiente que crecen en la tierra y dan fruto?"
"¡Ah, esto suena a Biblia! Ahora lo entiendo", observó Luis.
"Pues sí, ¡y qué!"
"¿Cómo que y qué? ¿Es que quieres darnos clase de religión? Desde que vas a colegio de curas..." "¿Qué?"
"Nada"
Luis prefirió no terminar la frase. Andrés, que además del catecismo debía aprender la Tora y la Cábala, había permanecido en silencio todo el tiempo y esperaba.
"¿No te interesa la pregunta de cuántos hombres necesitas para salvar del peligro a tu familia o a tu país?"
"¿Y esto qué tiene que ver con la Biblia?"
"Las preguntas que os he planteado nos las ha hecho hoy por la mañana el padre Gregorio y después nos ha hecho leer un párrafo del Evangelio de San Mateo. Allí hay una frase que hemos tenido que interpretar en lo que quedaba de hora: 'Vosotros sois la sal de la tierra.' He olvidado lo que seguía y también todo lo que el padre Gregorio nos ha preguntado a continuación..."
"... con sus triquiñuelas de jesuita..."
"... para ayudarnos a interpretarla. Bueno, al menos al final se me encendió la luz..."
"¡Caramba, caramba! Nuestro amiguito tuvo una visión."
"... una intuición, si lo prefieres, y después se esfumó. Una idea que hubiera podido retener de no ser porque justo en este momento un compañero me dio con el codo para pedirme un lápiz. Pero estoy a punto de volver a acordarme, y también tiene que ver con vosotros.
"¿De qué iba?"
"¡Venga, suéltalo ya!"
"¿"No tenéis vosotros a veces también la sensación de que debería venir alguien con una escoba enorme para barrer de una vez por todas toda la porquería que hay en este país? Los funcionarios corruptos, la pobreza, las enfermedades, el hambre, los barrigudos lameculos y lacayos, los obispos y arzobispos y [...]?"
"Pues sí, a veces también yo lo desearía. Pero, bien mirado, me basta con que nos dejen en paz."
"¿Y tú, Andrés?"
"A veces pienso que el mundo está ya tan podrido que lo mejor sería que lo volvieran a crear."
"¿Y no crees que puede salvarse alguna cosa?" insistió Hennes.
"Por una parte sí, por otra pienso que no tenemos la oportunidad de cambiar nada."
"¿Por qué?"
"Porque nosotros no somos muchos."
"¿Qué quieres decir?"
"Que no somos suficientes los que lo vemos así"
"¿Cuántos crees que deberíamos ser?", siguió preguntando Hennes.
"¡Cientos! ¡Qué digo cientos! ¡Miles! ¡Cientos de miles! ¡Muchos cientos de miles!
"Esto mismo pensaba yo, y por esto no hacemos nada y las cosas siguen como están. Y creo que ésta es la cuestión sobre la que he tenido aquella idea."
"¿Qué idea?"
"¿Cuántos hombres necesitas para salvar a tu país?"
"Todo el pueblo, o al menos, la mayoría."
"Entonces puedes esperar sentado."
"Pues como mínimo un ejército para conseguir el poder y hacer limpieza."
"Estás equivocado. Para salvar a tu país sólo necesitas un puñado de hombres. ¡Pero deben ser los mejores!"
Luis y Andrés miraron fijamente a Hennes.
"¿Qué quieres decir?"
"No lo sé aún. Sólo que hoy he tenido la intuición de que todo el tiempo había estado equivocado. No tienes que esperar a un redentor con un enorme ejército. Únicamente necesitas un puñado de hombres. Pero deben ser los mejores. Esto es lo importante."
"¿Y quiénes son los mejores?"
"Los que no quieren nada para sí."
De nuevo se quedaron mirándolo.
¿Y crees que existe gente así?"
"[Antes] cuando hemos sacado a María del hielo ¿por quién lo hemos hecho? ¿Por nosotros?
"No, claro que no."
"Aunque pudiera decirse que tú lo has hecho porque es tu hermana."
"Pero no es la tuya, y a pesar de ello tú no has dudado ni un segundo. ¿Y no te has sentido bien haciéndolo?
"Sí, por supuesto."
"¿Y lo has hecho sólo para sentirte bien?"
"No, no he pensado en esto en aquel momento."
"Pero no es lo mismo", objetó Luis, "cuando salvas a un país tienes que ponerte a su cabeza y, si te sale bien, te conviertes en su rey y entonces tienes una corona y una corte y al final te has convertido en lo mismo que ellos."
"Claro, porque lo importante es que no debes querer nada para ti."
"¿Como Napoleón, por ejemplo? También él empezó como salvador de Francia y al final convirtió la revolución en una monarquía. El poder lo pervirtió."
"Porque interiormente uno debe seguir siendo monje o soldado".
"Pero él era soldado."
"Seguramente éste era el problema, que pensaba más en la conquista de países ajenos que en la salvación de Francia."
"Yo creo que no está bien querer el poder para sentirse poderoso; en todo caso habría que quererlo para poner en práctica lo correcto", dijo Andrés.
"Pero entonces lo pierdes en seguida", añadió Luis.
"Seguramente ahí está la respuesta. Consigues el poder, pones en práctica lo que es bueno para tu país y luego abdicas."
"Y entonces suben de nuevo al poder los poderosos de antes y lo desmontan todo."
"No sé, no sé, siempre que pienso en estas cosas me da vértigo. Pero no hacer nada tampoco es ninguna solución, ¿no?"
"Mi padre dice siempre: el mundo sigue su camino y la vieja tierra no para de dar vueltas sobre sí misma, con nuestra intervención o sin ella, y dice que los budistas son los únicos que han comprendido que lo mejor que podemos hacer es integrarnos en la armonía de la naturaleza y dejar de intentar cambiar el mundo."
"¿Y esto no es inmoral?"
"¿Es que quizá es más moral enviar a cien mil seres humanos a la guillotina para conseguir una revolución que uno de sus generales al final convertirá de nuevo en una monarquía?"
Aquella tarde no consiguieron resolver las grandes cuestiones que ocupan a la humanidad, pero era la primera vez que que las intuían, y como fueron más las preguntas que plantearon que las respuestas que supieron darles nació en ellos una nueva inquietud, una especie de inquietud que no habían conocido hasta entonces.
(pp. 190-195)
Bernd Springer es profesor de lengua, literatura y cultura alemanas en el Departamento de Filología Inglesa y Germanística de la Facultad de Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona.
29 de marzo de 2009
La olvidada dimensión lingüística de la política de investigación y sus consecuencias en la sociedad del futuro (por Bernd Springer)
Anna Rossell
El problema no es Bolonia, el problema somos nosotros
Bernd F.W. Springer 23/03/2009 - 11:58 horas Profesor de Filología Alemana en la UAB
La olvidada dimensión lingüística de la política de investigación y sus consecuencias en la sociedad del futuro
La escena tuvo carácter simbólico: en un "workshop" organizado por el Institut Català de Recerca i Estudis Avançats (ICREA), el pasado 10 de marzo en el Institut d'Estudis Catalans se prohibió a varios participantes -que lo habían solicitado- realizar sus preguntas y comentarios tanto en catalán como en castellano. No importaba si todos los allí presentes entendían el catalán o, al menos, el castellano. La lengua académica impuesta era el inglés. ¡Por fin, en Cataluña somos avanzados y europeos! ¡Por fin pertenecemos a la "excelencia" científica! -palabra mágica y credo absoluto de todas las agencias españolas y catalanas (y europeas) de fomento de la investigación y de control de los investigadores. Allí, una profesora de Filología Catalana (de aquella generación que todavía tuvo que aguantar frases como: "¡habla en cristiano!", y la que seguramente ha pasado toda su vida laboral en defensa y promoción del catalán) me habló, indignada, de "totalitarismo" académico. Para mí, la escena no fue nueva (sólo me sorprendió presenciarla en aquella institución). Al ser de nacionalidad alemana, es decir, de una nación que tiene la mentalidad -para lo bueno y lo malo- de intentar ser siempre el primero de la clase, conozco este fenómeno desde hace años. Por ejemplo, los congresos de historiadores se hacen en Alemania, cada vez más, en inglés – aunque todos los participantes sean alemanes. La DFG (Deutsche Forschungsgemeinschaft), primera institución alemana para el fomento de la investigación, exige (igual que ICREA) para la mayoría de las solicitudes de becas de investigación que sean redactadas en inglés, aunque los temas traten de Nietzsche, Goethe o Hitler. Hace poco, uno de mis ex profesores de historia en Alemania, uno de los primeros expertos europeos en la 1ª Guerra Mundial y galardonado por el estado francés con varias condecoraciones, es decir, un hombre de verdadera "excelencia" científica europea, me dijo resignado: "yo ya no participo en este juego". Y como él hay muchos investigadores del ámbito de letras –o "humanities", como se dice ahora – que se resignan ante un concepto de "excelencia" ciegamente copiado de las ciencias naturales y de los países anglosajones y que les impide justamente eso, ser excelentes en su materia: ¿o puede ser uno excelente y exacto en una lengua extranjera y ajena a su ámbito de investigación? Existe una dimensión lingüística de la exactitud en humanidades que vincula la precisión verbal e intelectual a una determinada lengua, ya que ciertos hechos sociales, culturales o históricos no se pueden expresar en cualquier otra lengua, simplemente porque no existen de la misma forma en otros países o culturas. Lo que quizás sea factible en las ciencias naturales, no lo es en las humanidades. ¿Por qué? 1) En primer lugar, una breve reflexión sobre qué es una lengua nos puede ayudar a entender el problema de fondo. Hay una larga tradición europea, desde Aristóteles hasta la lingüística (anglosajona) dominante del siglo XX, que concibe la lengua como un reflejo de la realidad. Si este concepto comprendiese la esencia de la lengua en su totalidad, podríamos liberarnos de nuestros sentimentalismos, olvidarnos de una vez por todas de nuestras lenguas maternas y apostar completamente por el inglés en toda la investigación, la diplomacia, los negocios, la publicidad, etc., y dejarle a nuestra lengua materna como último ámbito de supervivencia la conversación privada en familia y entre amigos. Pero una lengua no sólo refleja la realidad sino que ¡también construye la realidad! Cada lengua ejerce una construcción propia de la realidad, cada lengua es el reflejo de la cultura e historia de su país y el tesoro de los conceptos del mundo que se han construido en y mediante ella. Es por eso que todo el ámbito de la cultura, historia, filología, filosofía, es decir, las humanidades, está intrínsecamente vinculado a su lengua de construcción. Como la biodiversidad es esencial para la naturaleza, la gloso-diversidad es esencial para la mente humana y el desarrollo del saber. Y esto, en un principio, es válido también para las ciencias naturales (de hecho, hay cada vez más científicos que se dan cuenta de este hecho). 2) En segundo lugar, la política (¿o debo decir, la ideología?) del "antes el inglés que el castellano" no frenará tanto el castellano, sino primero el catalán. La moda cada vez más creciente de llevar a los hijos a un colegio internacional nos demuestra por dónde nos lleva esta tendencia. ¿Qué es un colegio internacional? Sería fantástico si allí los alumnos tuviesen una educación políglota, pero en realidad es una institución donde se aprende todo en una sola lengua, el inglés. Las futuras generaciones que saldrán de estas instituciones ya no conocerán la zoología y la botánica, la geografía y las matemáticas, la política y la historia en su lengua materna. Llegarán a las universidades donde estudiarán sus materias en inglés y luego, como padres y profesores ya no podrán explicarles a sus hijos y alumnos el mundo en su lengua materna. Quien piense que estoy exagerando que se fije en Alemania, más avanzada en este asunto por su mentalidad de querer ser el primero de la clase. La lengua alemana ha dejado de ser una lengua científica. Cada día hay más inventos y objetos en el mundo para los que ya no hay palabra en alemán, porque la elaboración del corpus lingüístico alemán se ha parado en favor de la incorporación directa del nuevo vocabulario en inglés, desde lo más cotidiano hasta lo más tecnológico: no hay palabra alemana (en uso) para "airbag" o "correo-electrónico", ni para "móvil" o "portátil". Esta es la última herencia del nacionalsocialismo: un alemán de los años veinte del siglo pasado hablaba la lengua de Goethe, Heine, Nietzsche, Marx o Freud, un alemán de los años cincuenta y siguientes "ladraba" la lengua de Hitler. Este complejo llevó, inconscientemente, a un desprecio por la propia lengua y cultura. Lo que para los alemanes es el complejo por su pasado, para los catalanes es el complejo de no ser lo suficientemente europeos. En la última consecuencia, ambos complejos conducen a lo mismo: apostar por una supuesta internacionalidad, que reluce con atributos como "excelencia europea" y parecidos. Hasta ahora, a mis compatriotas alemanes siempre les he podido presentar la lengua catalana como un modelo a seguir: el Institut d'Estudis Catalans busca para todo lo que se inventa en el mundo una palabra catalana, es decir, pone la lengua catalana al día a través de una continua elaboración y actualización de su corpus lingüístico. Pero, ¿para qué, si en los ámbitos más prestigiosos, como por ejemplo en la investigación, se suprime paulatina y sistemáticamente su uso? 3) Finalmente, la consecuencia de esta problemática internacionalización de la investigación y la ciencia no es el deseado avance hacia la prometida sociedad del conocimiento, sino un retroceso en el tiempo hasta más allá de la época de la ilustración y un peligro para la democracia social, que desde entonces hemos ido construyendo con tantos sacrificios. Desde la ilustración, el gran progreso científico, democrático y social en Europa se basó lingüísticamente en el acercamiento de los resultados científicos al ciudadano a través de la sustitución de la lengua franca de la edad media, el latín, por las lenguas nacionales (la exclusión medieval de la gran mayoría de la población se refleja hasta hoy en día en frases hechas como "uno no entiende de la misa la mitad"). La democracia iba vinculada a la creación de un público que podía participar en las cuestiones de interés público porque tenía acceso lingüístico a la información relevante. En un futuro no muy lejano (quizás dos generaciones), ni siquiera el ciudadano interesado podrá opinar sobre cuestiones éticas de la medicina o la investigación genética, ni mucho menos entender los avances de la física y sus consecuencias para nuestro concepto del mundo. Los resultados, publicados en inglés, serán lingüísticamente accesibles sólo para una minoría de expertos en búsqueda de méritos y gloria. Porque, ¿verdad que vale mucho más la reputación científica internacional que se consigue con una publicación en inglés que la "casera", conseguida con una publicación en catalán? Todo el sistema de evaluación científica de las agencias nacionales e internacionales se basa en esta filosofía neoliberal. A mí siempre me ha encantado la lengua inglesa. Le tengo un especial cariño –como a las otras seis lenguas que hablo o leo. Pero justamente por esto, no perdono la hegemonía imperialista que la lengua inglesa está imponiendo sobre las demás. ¡Alto! ¿He dicho imperialista? Rectifico, porque no son la preciosa lengua inglesa ni el Reino Unido quienes dictan las normas de publicación científica en Europa. Somos nosotros, todos los países que firmamos el tratado de Bolonia. Pero en este tratado no existe ningún párrafo que imponga que la investigación en Europa se haga sólo en una lengua y en detrimento de las otras lenguas nacionales. (Tampoco regula que un crédito de un master debe costar mucho más que un crédito de primer ciclo -de hecho en otros países no es así- ni muchas otras cosas que se están imponiendo bajo la etiqueta de "Bolonia"). La culpa no la tiene el tratado de Bolonia. Hay una abismal diferencia entre el tratado de Bolonia y su aplicación por parte de los ministerios y las agencias nacionales. La culpa es nuestra sumisión colectiva a unas administraciones que abusan de las reformas de Bolonia para forzar a las universidades y los investigadores -a través de una uniformidad lingüística- hacia una globalización científica y académica, con el fin de poder establecer rankings para la competición internacional. Para estos rankings se tiene que hacer comparable lo que no es comparable. Cuantas más protestas se articulan de las diversas asociaciones científicas contra los criterios de evaluación de la investigación, más sordas se vuelven las administraciones responsables, porque necesitan los rankings para la futura sociedad del conocimiento, en la cual el conocimiento se habrá convertido en mera mercancía. ¿Y de qué dependerá el valor de esta mercancía? Lógico, de los rankings. Sin embargo, la sociedad del conocimiento, que se pretende promover de este modo, nunca se hará realidad si la gran mayoría de la población queda lingüísticamente excluida. ¿Se habían parado a pensarlo alguna vez?
(Publicado en La Vanguardia, 20-03-09)
21 de marzo de 2009
Gibiei, bienvenido
19 de marzo de 2009
Entrevista a Abdourahman A. Waberi (por Anna Rossell)
Etiquetas: Abdourahman A. Waberi
Entrevista a Abdourahman A. Waberi (por Anna Rossell)
Etiquetas: Entrevistas
(Domingo, 14 diciembre 2003)
Abdourahman A. Waberi -autor invitado a “Translit’03 – Mercat d’històries”, encuentro de literatura entre continentes, celebrado en diciembre de 2003 en el CCCB- pertenece a la generación joven de autores africanos y es pionero en la literatura de expresión francesa de su país, Yibuti.
por Anna Rossell
A. R. : Señor Waberi, a pesar de su juventud, usted es un autor muy polifacético, cultiva un amplio registro de géneros: novela, relato corto, poesía, ensayo y teatro, además de ejercer la crítica literaria. Y es también muy prolífico. Su primer libro de relatos, Le Pays sans ombre, se publicó en 1994; desde entonces hasta ahora su actividad literaria ha sido frenética.
A. W. : Sí, es cierto que en apenas diez años –desde 1994- he escrito unos ocho libros y muchos artículos. Tuve la oportunidad de ser publicado muy deprisa. Conocí la revista “La Serpent à plumes”, ellos editaron mis primeros relatos. Y cuando la revista se convirtió en editorial me preguntaron si podía darles algún libro y, como tenía una serie de relatos y ellos ya me habían publicado tres, pues no tuve tiempo de dudar. Me encontré de un día para otro en una editorial. Yo empezaba a nacer como escritor; entonces era todavía estudiante. Así que mi primer libro, Le pays sans ombre, se publicó en París en 1994. Además, cuando regresé a Yibuti, me di cuenta de que el libro había tenido una gran acogida: al cabo de seis meses se había convertido en un clásico, no porque yo fuera genial sino porque Yibuti es un país pequeño, allí no hay escritores; el primero que hubo, William Joseph Farah Syad, escribió en 1959 un libro con un prólogo muy bello de Senghor, pero después este autor desapareció de la escena literaria, trabajó como diplomático y hoy no se le conoce. De modo que mi libro, que me concierne de manera muy directa -porque habla de hechos reales, nostálgicos, de mi barrio, de mi vida- tuvo un éxito inesperado y en Yibuti se convirtió en una obra para los niños. Me di cuenta de que estaba más allá de mis intereses literarios, de mis trabajos experimentales: yo representaba algo que tenía que ver con Yibuti y entonces me dije: ”Como Yibuti no existe en los anales literarios es necesario hacer algo, este puede ser mi objetivo”. Y empecé a pensar en una segunda obra del mismo estilo, otro conjunto de relatos, Cahier nomade, que se publicó dos años más tarde, en 1966, y que obtuvo el Gran Premio de Literatura de África negra. Considero estas obras como una trilogía. Poco a poco fui concibiendo el proyecto de decir un país, de elevarlo al rango literario, y este segundo libro de relatos no era suficiente. Así que escribí una novela, Balbala, que también fue premiada dos o tres veces. Me sentí como depositario y fui acariciando la ambición de reunir una biblioteca yibutí y de ser yo uno de sus representantes más visibles; no sólo yo, claro, en Yibuti hay algunos más. Yo formo parte de lo que ha dado en llamarse la nueva generación africana. Simplificando un poco, Senghor es representante de la primera generación, después Kouroma impulsó una segunda generación y hay una tercera generación de gente que tiene ahora algo más de cuarenta años, como Ken Bugul o Véronique Tadjo, y que participan del espíritu de esta joven generación. Pero, por otro lado, en Yibuti yo formo parte de la primera generación, porque allí no hay otras generaciones. Puede que mi frenesí pueda explicarse como compensación. Además he tenido suerte, porque en París entre la generación gloriosa y las nuevas generaciones la situación editorial empeoró, algunas editoriales prácticamente desaparecieron, como la Editora Nacional y “Présence Africaine”, que también sufrió. Esto supuso un problema para muchos autores de los años setenta y ochenta, que trabajaban, pero que se encontraron con esta crisis económica; por ejemplo, Mandé Alpha Diarra, que publicó un libro en 1981 y después se vio obligado al silencio. Yo en cambio disfruté de una renovada actividad editorial francesa. “La Serpent à plumes” lanzó a muchos escritores, yo mismo ejercí de consejero editorial y le proporcioné nombres, por ejemplo Kourouma, que había que reeditar porque había desaparecido durante diez años de la escena.
A. R. : Usted vive en Francia desde 1985 y su lengua de creación es el francés. Cada vez es más reconocido en Europa. Sus obras han sido traducidas a cinco lenguas europeas y galardonadas con diversos premios. La mayoría de sus obras de ficción hablan de su país de origen. ¿A qué público lector desea usted llegar en primera línea?
A. W. : Yo soy de la nueva generación en un país colonizado por los franceses, que obtuvo la independencia en los años setenta. Si yo hubiera nacido en Ruanda o en Zaire mi relación con la lengua francesa hubiera sido otra, porque estos países consiguieron su independencia en los sesenta y Yibuti fue una de las últimas colonias. El francés tiene mucho arraigo en Yibuti porque hubo allí por parte de Francia una obsesión mayor de asimilar a las últimas colonias. Yo soy un puro producto postcolonial de la escuela de Jules Ferry y, si yo hubiera escrito en somalí, mi público lector hubiera sido el mismo que mi público en francés. Hablar una lengua africana es una cosa y leer una novela de doscientas páginas en esta lengua y saber apreciarla es otra; esto exige una técnica que no todo el mundo domina. Leer una lengua es distinto del hecho de simplemente hablarla. Un ejemplo de mi región de origen es el somalí Nuruddin Farah, un autor que yo aprecio mucho, que escribe en inglés y sobre el que he trabajado; él afirma exactamente lo mismo. Somalia, ex colonia inglesa, adoptó el somalí como lengua oficial en 1972, él dice que quienes son capaces de leer en somalí son los mismos que leen en inglés. Así que no se pierde ningún público. Quizá si se usara la lengua con otro criterio, por ejemplo si escribiéramos teatro en lengua somalí o poesía en un registro narrativo, oral, se podría ganar algún público más natural, diferente; pero si queremos escribir novela de la que llamamos seria, novela al estilo narrativo europeo, entonces da igual escribirla en somalí o en la lengua europea. Yo soy incapaz de escribir una buena carta en somalí, no por ello me voy a flagelar; el francés también es mi lengua, ya es también una lengua africana, diga lo que diga la Academia Francesa. En muchos países africanos es la lengua nacional, es la lengua de cohesión entre las distintas etnias. Senegal es una excepción; allí el wolof es también una lengua vehicular junto con el francés, pero en otros países, como Costa de Marfil o Camerún, es trágico: no hay otra lengua para entenderse. Por otra parte un autor también escribe para sí mismo, después para los amigos y para los propios colegas, porque la literatura es también una institución: sus colegas le juzgan. De hecho hay escritores de rango internacional que no se encuentran apenas en las librerías, que únicamente son leídos por el reducido círculo de sus colegas: Juan Rulfo, Pedro Páramo, James Joyce ... él revolucionó la literatura y en primera línea a sus colegas. Pero esto no se contradice con el hecho de que también escriba para el público de Yibuti. Allí mis obras se leen en la escuela; ésta nunca fue mi intención inicial.La cuestión de por qué vivo en Francia... A mí me hubiera gustado vivir en mi país, o mejor aún, unos meses aquí y otros tantos allá, pero es precisamente el hecho de que yo sea escritor lo que me impide regresar a Yibuti; es una paradoja. El gobierno me dice hipócritamente: “ Usted es un embajador de su país ...”, me quieren convencer de que vaya a trabajar allí. Vivo en una eterna huida. Yo sé que si viviera en Yibuti no me podría callar y por esto no vuelvo. Me han encargado que escriba un libro sobre el presidente y yo digo: “ Bueno, no soy el más adecuado, no soy historiador ...” .
A. R. : Los temas que predominan en sus obras literarias están relacionados con su tierra natal; sin embargo hace dieciocho años que vive en Normandía. Esta distancia debe suponer un obstáculo para su escritura.
A. W. : Soy un escritor de la fuga y de la distancia. Mi deseo de escribir nació de la nostalgia. Hace veinte años que fui a estudiar a Normandía. Y visito mi país regularmente, pero no puedo vivir allí. Si volviera a mi país me faltaría el estímulo y no podría escribir. Esto de que la distancia pueda ser un impedimento a la creatividad es una pregunta interesante, pero muchos autores trabajan sobre su interior, su imaginario, su niñez, tienen suficiente materia almacenada. Estar lejos es relativo hoy en día, porque hay internet. Leo los periódicos de Yibuti. Además yo últimamente he acogido a un prisionero político, un escritor, activista y periodista que se ha convertido en la bestia negra de Yibuti, y yo lo alojé en mi casa, es amigo mío. Yo podría volver puntualmente a Yibuti, pero no trabajar ni vivir allí. En los últimos ocho años he ido entre cuatro y seis veces para estancias de menos de un mes, esto me basta para recoger impresiones.P or otra parte, ahora existe una diáspora en Yibuti que sigue los pasos de la diáspora de Somalia. La gente vive en Canadá o en Noruega y mi otro proyecto es seguir los pasos de esta diáspora, porque hay otro Yibuti fuera. Minnesota se ha convertido en un país somalí; los países pobres están condenados a tener la mitad de su población fuera y la otra mitad dentro. Pienso que mis contradicciones me sitúan sobre un terreno más fértil para el imaginario. Me digo: “Vivo en Normandía, tengo dos identidades, soy un escritor normando porque llevo ya dieciocho años de mi vida en Normandía, enseño allí, mis hijos son medio normandos”. El hecho de que yo provenga de un país pequeño, pero esté abierto al mundo y tenga diversas contradicciones hace que me encuentre en un terreno especialmente fértil. Si fuera un escritor francés sería distinto, porque Flaubert, Balzac, Proust ... ya lo han escrito todo, entonces no sabría qué podría decir yo, pero yo soy de Yibuti y puedo hacer una biblioteca yibutí; no hablo de los resultados, sólo de las intenciones.
A. R.: La creación literaria escrita en francés es un hecho relativamente reciente en su país. Su ambición desde 1994 es llenar el vacío existente en Yibuti, donde no hay prácticamente literatura escrita en lengua francesa; usted ha dicho en una ocasión que quiere contribuir a la fundación de una biblioteca “à lo Borges” de la literatura francófona de su país, incorporarla a los anales de la literatura del mundo. ¿Cómo valora en este sentido el trabajo hecho hasta ahora?
A. W.: Sí, hice declaraciones provocativas. Evidentemente yo no me considero un Borges. Guardando las distancias, lo que quise decir es que todo escritor está inmerso en un contexto y puede que los autores de los países literariamente ricos puedan adoptar posturas más fáciles, pero en los países jóvenes, de África o del Caribe, los escritores son el resultado de un contexto y hay que sacar el mejor provecho de este contexto. Cuando dije esto de la biblioteca lo dije por darme ánimos. Muchas veces me encuentro con escritores franceses desanimados, escépticos, que me dicen que entre los autores franceses ya se ha dicho todo, pero nosotros somos jóvenes. Ellos dicen que ya se ha dicho todo, pero para mí no. Pienso que es una suerte ser un artista africano; uno puede convertirse en el primer cineasta de Yibuti porque todavía no hay ninguno; es más fácil decir “soy el tercer realizador de vídeos senegalés” que “soy el número ciento cincuenta en la lista de escritores franceses”. Claro, estas son las intenciones, los resultados son harina de otro costal. Hay cierto discurso afropesimista entre los escritores africanos que dicen que no se lee, que no se publica. …, y yo digo, caramba, dejad de gimotear, convertíos en el primer Montalbán de Malí. Pero tenemos trabajo para un siglo: el género policíaco es incipiente en África, no hará ni diez años que existe, tampoco se escribe novela de ciencia ficción, hay pocos que la exploran, no hay verdaderas novelas de amor ni metafísicas, a lo Borges... De modo que uno puede decir fácilmente “yo soy el primer autor africano de ciencia ficción”.
A. R.: ¿Gozan las literaturas en árabe y en somalí de buena salud en Yibuti? Una de las novelas históricas de Farah Mohamed Djama, Agoondarro waa u nacab jacayl (L’ignorance est l’ennemi de l’amour, 1974) fue reeditada varias veces en somalí...
A. W.: Sí, claro, la cuestión lingüística en Somalia o en Yibuti, es lo mismo. Hay un diez por ciento de yibutíes que son árabes yemeníes y la lengua árabe existe en Yibuti. Yo hablo algo de árabe, argot, la lengua de la calle, y como fuimos musulmanes muy pronto, hay una tradición literaria religiosa. Hoy en día en Yibuti no existe una literatura árabe moderna; la razón es la lengua francesa, pero existen todas las corrientes de la literatura que denominamos religiosa; los textos religiosos se escribían, toda la tradición oral puede que esté escrita en árabe y, durante mucho tiempo, entre los pueblos somalíes la cultura escrita estaba en manos de los árabes, de modo que hay un trasfondo árabe. Cuando Somalia obtuvo la independencia, Farra Mohamed Djama creó una tradición literaria en lengua somalí con sus obras y la UNESCO las tradujo. Como el Estado de Somalia ya no existe, esta literatura, que era en cierto modo voluntarista, tiende a desaparecer. Pero aún quedan algunos grandes escritores en lengua somalí que viven en Yibuti y estamos haciendo un Pen Club somalí que reagrupa toda la región somalí bajo una identidad lingüística. No se trata de un Pen Club de Yibuti o de un Pen Club de la República de Somalia, sino de un Pen Club de todos los artistas de lengua somalí ; yo, que soy francófono, soy uno de sus miembros y Nuruddin Farah, anglófono, también. Pero en Yibuti no existe una literatura árabe moderna, es tradicional.
A. R. : El ámbito cultural somalí es muy rico en poesía oral; el inventario de géneros poéticos es enorme y el predominio de la poesía parece indiscutible. Usted empleó una vez la expresión “dictadura de la poesía”. Su propia prosa es especialmente poética, muy imaginativa y metafórica. Parece que el pueblo somalí está especialmente dotado para la poesía.
A. W. : Sí, es cierto. Los pueblos somalíes, como tantos otros pueblos africanos, están inmersos en un ecosistema. No quiero lanzar ninguna teoría, pero creo que los pueblos nómadas, de la sabana o del Sahara, son más dados a la poesía: los tuareg, los masai ... son pueblos con tradición de instrumentos musicales, desarrollan la coreografía y la danza. Cuando decía esto de la “dictadura de la poesía” me refería a que también hay que inventar formas nuevas, una poesía que funcione, ligera, urbana. La poesía clásica es difícil en la región somalí, porque sólo para referirse al camello, por ejemplo, hay unas seiscientas metáforas y otras tantas para aludir al estado de ánimo de una persona y la gente de la ciudad ha perdido esta capacidad.
A. R. : En su artículo La fortune des pauvres afirma usted que una de las razones por las que Somalia y Yibuti no forman parte de los anales de las nuevas literaturas francófonas es precisamente que entre los somalíes está muy extendida la poesía oral.
A. W. : No se trata sólo de la poesía, sino de la lengua. A diferencia de otros países que se vieron obligados a adoptar el francés, nosotros tuvimos nuestra propia lengua durante mucho tiempo. Hay muchas zonas en África donde no existe la literatura, por ejemplo Chad, la República Centroafricana, Níger, Malí, apenas tienen escritores. Hay diversas razones para ello: para empezar, esto depende de la densidad de la población y de la antigüedad de las escuelas francesas. Esto explica que Níger, Malí, Yibuti o Chad estén empezando; se trata de países con bajo grado de escolarización y de poca densidad de población.
A. R. : El teatro en lengua somalí es un hecho cultural nuevo, importado del extranjero después de la Segunda Guerra Mundial. Pero lo foráneo se ha fundido con lo autóctono.
A. W. : Todo el teatro moderno africano en lengua extranjera se basa en la pantomima, en el teatro francés e italiano. Pero en el caso concreto de la región somalí se trata de un teatro de pantomima del ejército inglés que fructificó sobre un sedimento árabe. Y el lenguaje es el de la poesía tradicional con una miniescenografía de origen militar. Aunque ahora la gente no es consciente de ello ; yo lo sé porque leyendo he recuperado esta historia.
A. R. : Ha escrito también una obra de teatro. ¿A qué se debe esta incursión en un género nuevo?
A. W. : Tuve una beca para ir a Limoges, al “Festival International du Francophon”, entonces escribí una obra de teatro, La légende du soleil transhumant, pero en realidad se trata de relatos cortos que adapté para el teatro ; no tuvo éxito. He escrito, de modo experimental, obras muy breves que se leen como relatos, una de ellas a partir de Le pays sans ombre y la otra de Cahier nomade; son como relatos dialogados. Tiendo a poner demasiado texto, a hacer monólogos, no es lo mío. Yo no soy como Florent Couao-Zotti, él tiene madera de comediante, actuaba en la compañía de su instituto, ha montado varias obras y es dramaturgo, yo no tengo esta experiencia.
A. R. : Usted es un intelectual comprometido. Toma partido públicamente en lo social y en lo político. Estuvo en Ruanda después del horror del genocidio, denunció la hipocresía de muchos países europeos que contribuyeron directa o indirectamente a aquella masacre y participó en un proyecto literario sobre aquel exterminio consentido. Esta experiencia es profunda. Debió cambiar su modo de escribir...
A. W. : Sí es una de las experiencias que más me ha marcado. Yo era bastante joven, nunca había visto tantos muertos. Nos marcó mucho. Hablé con un colega que también estuvo allí; me dijo que tenía problemas con la lengua francesa, escribió una novela en wolof y me dijo que su futuro no pertenecía al francés; esto fue después de Ruanda.Por otro lado, se trataba de escribir un texto. El genocidio superaba la responsabilidad de los franceses. Lo más interesante fue descubrir que la maquinación del genocidio es también una cuestión textual, literaria, porque vimos que ya desde 1964 se había puesto en marcha un discurso del genocidio, desde la independencia, entre 1962 y 1964. Encontré un texto de 1964 en el que el fundador de la república, el presidente Kayibanda, utilizaba ya la palabra genocidio ; es como si ya existiera un deseo en la textualidad. Es importante reconstruir la génesis de este discurso y sus implicaciones hasta el desenlace final en 1994, porque también es una cuestión que atañe a los escritores, no se trata simplemente de dejar testimonio, sino de indagar en la genealogía, es una operación intelectual. Es necesario hacer historiografía de los textos de este discurso: de dónde viene, por qué existe y quién lo ha propagado; es algo muy serio y literario, no sólo una cuestión de testimonio. También se trataba de un acto simbólico, de un gesto, por parte de un grupo de escritores, de intelectuales africanos. Pienso que este genocidio supuso un antes y un después en la memoria y por consiguiente en mis textos.
A. R. : La literatura somalí escrita en lenguas europeas es un fenómeno muy reciente; sin embargo, ya en 1988 el profesor Andrzejewski auguraba un futuro muy prometedor a las jóvenes generaciones por la extraordinaria calidad de sus textos. Esta calidad no se corresponde con la difusión de las obras. En esto las editoriales juegan un papel esencial...
A. W. : Andrzejewski, de origen polaco, lingüista y de nacionalidad inglesa, fue soldado inglés y recopiló relatos y poesías. Ahora el porvenir de esta lengua y de su literatura es imprevisible porque el Estado ha desaparecido. Lo que queda de la tradición somalí son individuos aislados que trabajaron, sobre todo Nuruddin Farah, que se impuso más allá de sus orígenes somalíes y de su lengua somalí, en lengua inglesa y por su talento personal. Ha faltado la voluntad, la aportación del Estado somalí. Esta cuestión va ligada al hecho nacional y al político. El hecho de que Somalia haya desaparecido implica que su literatura desaparezca también.
A. R. : En la región somalí la diáspora va en aumento, a pesar de los años transcurridos tras la independencia: ¿supone este éxodo constante una amenaza definitiva para las literaturas somalíes?
A. W. : No. Creo que los pueblos y las lenguas son mucho más antiguos que el hecho nacional. Por ejemplo, en Haití hay una diáspora considerable y existen escritores haitianos en lengua inglesa y en lengua española. Estoy seguro de que mañana puede haber jóvenes escritores somalíes que escribirán en neerlandés o en flamenco, en finlandés o en inglés, y si mañana Somalia se reunificara habría todas estas lenguas allí. El pueblo somalí atraviesa una crisis, pero estoy convencido de que saldrá engrandecido de ella.
A. R. : ¿Pero no cree que los somalíes, distribuidos en tantos países del mundo, acabarán por perder esta unidad como pueblo?A. W. : Creo que la diáspora es a la vez una desgracia y una oportunidad. Además el pueblo somalí es monolingüe y monocultural y tiene graves problemas con los clanes. El hecho de salir aminorará la violencia interior. Porque, aunque es un solo pueblo que tiene una sola religión y la misma lengua, el somalí es un pueblo fratricida. También es cierto que siempre vivió aislado, solo, consigo mismo, y que subdividía su sociedad en clanes y esto generaba violencia interna. Ahora habrá que negociar la diferencia. Esto significa que habrá somalíes que hablarán catalán y otros que hablarán belga y que esta mezcla producirá una nueva identidad que será menos violenta. Porque ser fiel a tu clan tiene un precio. Habrá que conservar los elementos que unifican, como la lengua y la cultura, y desprenderse de esta tradición mortífera, de este sistema de clanes.
(En: Quimera. Revista de Literatura, 2004)
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