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29 de octubre de 2014

PRESENTACIÓN DEL POEMARIO "CREO EN LA NOCHE", DE ENRIQUE CLARÓS

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Presentación del poemario ''Creo en la noche'', de Enrique Clarós
Anna Rossell  27/10/2014



(Foto: @Carme Esteve )
 

La presentación del primer poemario de Enrique Clarós,Creo en la noche, fue un gozo, una celebración inolvidable, un disfrute de los que ya no se dan a menudo. Todos los factores implicados tuvieron el protagonismo armonioso que hacen de actos como éste una tarde enriquecedora y auténtica: la presentación, la recitación poética, la interesantísima tertulia con un público devoto y riguroso, un auténtico intercambio emocional y intelectual con el autor.

La presentación, a cargo de María de Luis y Anna Rossell, abrió el acto con una reseña biográfica del autor por un lado (María de Luis) y la detallada del poemario (Anna Rossell), que ubicó el libro en la tradición poética histórica con ilustración de las propias palabras del autor, los poemas de Enrique Clarós.

El segundo momento de la tarde: la recitación de una muestra de poemas a tres voces -María de Luis, Enrique Clarós y Anna Rossell-, terminó de preparar el ambiente para la tertulia final: el debate con el público. Un público entusiasta, crítico y amante de la tertulia hizo posible un debate emocionante y enriquecedor, que parecía no querer acabarse, del que disfrutamos todos los presentes. Una tarde perfecta.

7 de junio de 2014

PRESENTACIÓN DE LA ANTOLOGIA DE RELATOS V.V.A.A., "EL LABERINTO DE LA DICHA Y OTROS RELATOS"

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en el Ateneo Barcelonés, 06-06-2014

por Anna Rossell

Mi amiga y escritora, la poeta, Elena Peralta, que además de escribir siempre tiene entre manos proyectos culturales relacionados con la escritura, ha tenido, una vez más, la magnífica idea de relacionar el hecho literario con una dimensión que ella cultiva y que va más allá del fenómeno literario en sí: la dimensión social, pues la razón de ser de esta antología es la de recaudar fondos para fines benéficos, de los que ella a buen seguro nos hablará más concretamente. Con su escritura han contribuido al proyecto un nutrido grupo de escritores y escritoras españoles –25-, muchos/as de ellos/as conocidos/as de nosotros/as, que nos ofrecen un amplísimo abanico de relatos de registro y arquitectura de lo más variado, a menudo con una buena dosis de humor. Pero no quiero referirme específicamente a los cuentos que reúne la antología, ello supondría desvelar el secreto necesario para abordar la lectura con avidez e interés. Pero sí quisiera dedicar unas palabras a refrescar la eterna discusión que se niega tozudamente a ser zanjada y se vuelve a replantear una y otra vez: ¿Cómo definir el género literario del relato? ¿Es el relato sinónimo de cuento? ¿Dónde está la frontera entre relato y novela corta?

Cuando en 1828 Goethe llamó Novelle –en español diríamos novela corta o relato- a una narración breve, estaba revitalizando una tradición iniciada por Giovanni Boccaccio en el siglo XIV con su Decamerón, seguida en 1613 por las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, quien con Boccaccio comparte la paternidad de la novela corta. Goethe definía la Novelle o novela corta como la narración densa y comprimida de un hecho insólito.
Pero, admitiendo la sinonimia entre relato corto y cuento –me refiero a cuento literario, no al cuento popular-, ¿qué diferencia el relato corto o cuento de la novela corta? Una de las características diferenciadoras es, sin lugar a dudas, la extensión: un relato corto o cuento es menos extenso que una novela corta. Por lo demás ambos géneros comparten otros rasgos, tales como un argumento no muy complejo, número de personajes reducido y el hecho de pertenecer al mundo de la ficción, por más que pueda inspirarse en hechos reales. También les es común la economía de los recursos literarios empleados. De modo que, si el relato corto o cuento es más breve que la novela corta, convendremos en que, en el caso del cuento, la economía de recursos literarios es aún mayor, por lo que habrá que concluir que posiblemente sea más difícil escribir un cuento o relato corto que una novela corta, pues el/la autor/a tiene a su disposición menos recursos para contar una historia insólita. No digamos ya en el caso de los microrrelatos. Hay que admitir pues que la extendida creencia de que el cuento es el más fácil de los géneros literarios es un lugar común que nada tiene que ver con la realidad y que si la escritura se pagara en función de su dificultad, probablemente podría ser un día realidad aquello de que hay quien cultiva el arte de vivir del cuento. Lamentablemente ningún/a escritor/a puede vivir del cuento y casi ninguno/a, de ningún otro género literario.

He querido hacer esta reflexión para subrayar la dificultad que entraña el género que esta antología nos ofrece, un género en el que es más importante lo que no se dice que lo que se dice, un género en el que lo apuntado y no expreso se hace significativo, como el silencio en una conversación, un género en el que, como afirmaba Hemingway en su teoría del iceberg, vemos sólo la punta de la historia, que se sustenta sobre una amplia base, oculta, porque está sumergida y sólo podemos intuir a partir de síntomas indirectos y de ausencias.
Entre los primeros cuentos escritos en español se cuenta la colección El conde Lucanor, de Don Juan Manuel, datada entre 1330 y 1335, y es interminable la lista de autores renombrados que los han cultivado, sólo mencionar algunos/as como Edgar Allan Poe, Stephen King, Julio Verne, Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Ana Mª Matute, Carmen Martín Gaite o Rosario Castellanos.

Anna Rossell
Definiciones del cuento según algunos escritores:

Blog de clase de Teresa Dey, consultada el 06-06-2014

1

El argentino Enrique Anderson Imbert, narrador, ensayista y docente universitario, a quien considero el puente perfecto entre el universo teórico y el universo creativo lo define así:

“El cuento vendría a ser una narración breve en prosa que, por mucho que se apoye en un suceder real, revela siempre la imaginación de un narrador individual.  La acción –cuyos agentes son hombres, animales humanizados o cosas animadas- consta de una serie de acontecimientos entretejidos en una trama donde las tensiones y distensiones, graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector, terminan por resolverse en un desenlace estéticamente satisfactorio”.[1]

La definición que propone Guillermo Cabrera Infante coincide con la de Helena Beristáin en algunas partes, sin embargo, él considera que la única forma de escribir cuento es por medio de la prosa.  El autor cubano dice que:

“El cuento es tan antiguo como el hombre. Tal vez más antiguo, pues bien pudo haber primates que contaran cuentos todos hechos de gruñidos, que es el origen del lenguaje humano: un gruñido bueno, dos gruñidos mejor, tres gruñidos ya son una frase.  Así nació la onomatopeya y con ella, luego, la epopeya.  Pero antes que ella, cantada o escrita, hubo cuentos todos hechos de prosa: un cuento en verso no es un cuento sino otra cosa: un poema, una oda, una narración con metro y tal vez con rima: una ocasión cantada no contada, una canción…” [2]

Juan Bosch,  el escritor dominicano, quien […] fue maestro de García Márquez, dice en sus Apuntes sobre el arte de escribir cuentos:

“¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidad de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento […] Aprender a discernir dónde hay un tema para cuento es parte esencial de la técnica. Esa técnica es el oficio peculiar con que se trabaja el esqueleto de toda obra de creación: es la <<tekné>> de los griegos o, si se quiere, la parte de artesanado imprescindible en el bagaje del artista […]. Se dice a menudo que el cuento es una novela en síntesis y que la novela requiere más aliento en el que la escribe. En realidad los dos géneros son dos cosas distintas […]. La diferencia fundamental entre un género y el otro está en la dirección: la novela es extensa; el cuento es intenso […]. El cuento tiene que ser obra exclusiva del cuentista. Él es el padre y el dictador de sus Criaturas; no puede dejarlas libres ni tolerarles rebeliones. Esa voluntad de predominio del cuentista sobre sus personajes es lo que se traduce en tensión por tanto en intensidad. La intensidad de un cuento no es producto obligado, como ha dicho alguien, de su corta extensión; es el fruto de la voluntad sostenida con que el cuentista trabaja su obra. Probablemente es ahí donde se halla la causa de que el género sea tan difícil, pues el cuentista necesita ejercer sobre sí mismo una vigilancia constante, que no se logra sin disciplina mental y emocional; y eso no es fácil.” [3]

Bosch habla de un hecho de indudable importancia, pero aún no nos aclara qué hace que un cuento lo sea a cabalidad y no algo más, por ejemplo: una estampa, un relato o una instantánea (si nos dejamos influir por el límite de tiempo que tenemos para leerlo…). Sigo preguntándome dónde encontrar lo que podría ser la osamenta del cuento […];  en la búsqueda, me encuentro con El arte del cuento, escrito por Flannery O’Connor, […].
Ella afirma:

“Desde mi punto de vista, hablar de la escritura de un cuento en términos de trama, personaje y tema es como tratar de describir la expresión de un rostro limitándose a decir dónde están los ojos, la boca y la nariz. […]. Un cuento es una acción dramática completa, y en los buenos cuentos, los personajes se muestran por medio de la acción, y la acción es controlada por medio de los personajes. Y como consecuencia de toda la experiencia presentada al lector se deriva el significado de la historia. […]. Un cuento compromete, de un modo dramático, el misterio de la personalidad humana. […]. Ningún lector creerá nada de la historia que el autor debe limitarse a narrar, a menos que se le permita experimentar situaciones y sentimientos concretos.  La primera y más obvia característica de la ficción es que trasmite de la realidad lo que puede ser visto, oído, olido, gustado y tocado. El escritor de ficciones debe comprender que no se puede provocar compasión con compasión, emoción con emoción, pensamientos con el pensamiento. Debe transmitir todas estas cosas, sí, pero provistas de un cuerpo: el escritor debe crear un mundo con peso y espacialidad.[…]. En la escritura de ficción, salvo en muy contadas ocasiones, el trabajo no consiste en decir cosas, sino en mostrarlas…
Un buen cuento no debe tener menos significación que una novela, ni su acción debe ser menos completa. Nada esencial para la experiencia principal deberá ser suprimido en un cuento corto. Toda acción deberá poder explicarse satisfactoriamente en términos de motivación; y tendrá que haber un principio, un nudo y un desenlace, aunque no necesariamente en este orden.
La única manera, creo, de aprender a escribir cuentos es escribirlos, y luego tratar de descubrir qué es lo que se ha hecho…”[4]

Flannery O’connor  habla desde su experiencia como creadora, para ella las cuestiones estructurales tienen el peso del armazón desprovisto de carne.  Por lo tanto, desde la perspectiva de esta autora, existe un punto esencial: el uso de los cinco sentidos para presentar imágenes que transmitan la experiencia. O’connor, como buena escritora, pone el acento en la emotividad tanto de los personajes como de las acciones desarrolladas por ellos.
Para terminar de definir este género, es indispensable citar a Cortázar y su conferencia sobre Algunos aspectos del cuento[5], donde dice que el cuento es un género de difícil definición, huidizo en sus múltiples y antagónicos aspectos.

“Porque un cuento, en última instancia, se mueve en ese plano del hombre donde la vida y la expresión escrita de esa vida libran una batalla fraternal, si se me permite el término; y el resultado de esa batalla es el cuento mismo, una  síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia. Sólo con imágenes se puede transmitir esa alquimia secreta que explica la profunda resonancia que un gran cuento tiene en nosotros, y que explica también por qué hay muy pocos cuentos verdaderamente grandes. […] un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. […]. Un cuento es malo cuando se escribe sin esa tensión que debe manifestarse desde las primeras palabras o las primeras escenas. […]. Decíamos que el cuentista trabaja con un material que calificamos de significativo. El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo. […] el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico. […] esa significación misteriosa no reside solamente en el tema del cuento, […] intensidad y tensión, no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. […]. Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les bastará escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. […] es necesario un oficio de escritor, y ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa.

[1] Véase Enrique Anderson Imbert, Op. Cit., p.40.
[2] Guillermo Cabrera Infante, “Y va de cuentos”,  Letras libres,  Num. 33,  Año III,  México,  septiembre 2001,  p.12.
[3] Véase Juan Bosh, “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos” en Carlos López (comp.), Decálogos, Op. Cit.  pp. 115-120. O en Juan Bosh Gaviño, Apuntes sobre el arte de escribir cuentos,(1947),edición electrónica,http://www.clubcultura.com/literapolis/index.php
[4] Flannery O’Connor, Op. Cit. “El arte del cuento”, en Leopoldo Brizuela (comp.) Cómo se escribe, pp.203-211.
[5] Véase Julio Cortázar, “Algunos aspectos del cuento”,http://www.litterarius.com.es/algunos_aspectos_del_cuento.htm

Teorías sobre el cuento 
(Fuente: http://lilielphick.blogspot.com.es/2008/02/algunas-definiciones-y-opiniones-sobre.html, Bitácora de Lilian Elphick, consultada el 06-06-2014)

[El cuento] “dista tanto de constituir un género en sí como la novela.” 

Wolfgang Kayser. Interpretación y análisis de la obra literaria. p.489. [1]

“Cuento es una narración de acontecimientos (psíquicos o físicos) interrelacionados en un conflicto y su resolución, conflicto y resolución que nos hacen meditar en un implícito mensaje sobre el modo de ser del hombre.”

[…]

Enrique Anderson Imbert. Teoría y técnica del cuento. [2]
 
“[…]. Es inadmisible el juicio de que el cuento, por su extensión más breve (comparado con la novela) represente una forma de menor complejidad. Creemos que relatos como “El Aleph” o “El inmortal”, de Borges, o “Las babas del diablo” de Cortázar, demuestran la falsedad de este presupuesto.” 
  
Gabriela Mora. En torno al cuento: de su teoría general y de su práctica en Hispanoamérica. p.138. [3]


Poéticas sobre el cuento
  
“El cuento es siempre una especie de corte transversal efectuado en la realidad. Ese corte puede mostrar un hecho (una peripecia física), un estado espiritual (una peripecia anímica) o algo aparentemente estático: un rostro, una figura, un paisaje. El cuento no se limita a la descripción estática de un personaje, por el contrario, es siempre un retrato activo o, cuando menos, potencial. La anécdota es el resorte imprescindible del cuento.” 

Mario Benedetti. (¿?)

“[…]. Pero no es indispensable, adviértenos la retórica, que el tema a contra constituya una historia con principio, medio y fin. Una escena trunca, un incidente, una simple situación sentimental, moral o espiritual, poseen elementos de sobra para realizar con ellos un cuento. [También puede ser] la historia breve, enérgica y aguda de un simple estado de ánimo.” 

 Horacio Quiroga. “La retórica del cuento”. [4]
  
“El cuento, como el poema, representa una experiencia única e irrepetible. El escritor de cuentos contemporáneos no narra sólo [por]el placer de encadenar hechos de una manera más o menos casual, sino para revelar qué hay detrás de ellos; lo significativo no es lo que sucede, sino la manera de sentir, pensar, vivir esos hechos, es decir, su interpretación. El narrador de cuentos está en posesión de una clase de verdad que cobra forma significativa y estética a través de lo narrado. Mientras la novela transcurre en el tiempo, el cuento profundiza en él, o lo inmoviliza, lo suspende para penetrarlo. La función de un relato es agotar, por intensidad, una situación. La de la novela, desarrollar varias situaciones que, al yuxtaponerse, provocan la ilusión del tiempo sucesivo.” 

Cristina Peri Rossi. “La metamorfosis del cuento”. [5]

“En la historia (que sabemos escriben los dominadores), el cuento fue un género menor. La literatura estaba construida por cosas grandes, como la poesía, la novela, el ensayo. El cuento era cosa de mujeres, una práctica asociada a una subcultura que tenía que ver con calmar niños de noche, o asustar niños antes de dormir, pero de ambos modos, con seres inferiores en la escala social: niños, viejos y mujeres. En el habla común, por ejemplo, el cuentero corresponde a un delito tipificado por la ley; ser cuentera es degradante, puesto que se asocia con la mentira; andar con cuentos es ir con chismes; parece un cuento cuando algo está reñido con la razón; puro cuento, cuento aparte, cuentear, creerse el cuento, etc., son frases que siempre tienen una connotación negativa, asociada a lo femenino.” 
  
Pía Barros. “Había una vez; o mea culpa y a contar el cuento”. [6]

“El cuento se construye para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto. Reproduce la busca siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta. "La visión instantánea que nos hace descubrir lo desconocido, no en una lejana tierra incógnita, sino en el corazón mismo de lo inmediato", decía Rimbaud.
Esa iluminación profana se ha convertido en la forma del cuento”.
  
Ricardo Piglia. Tesis sobre el cuento. [7]

***
Quien hace una excelente investigación sobre el cuento es Gabriela Mora[8], que resume y critica las múltiples teorías en torno a este género, incluyendo las de Cortázar. Ricardo Piglia también llama la atención al establecer dos historias para el cuento: una superficial y otra oculta o profunda, siguiendo la teoría del iceberg de Hemingway de que lo más importante nunca se cuenta. Cristina Peri Rossi, como Cortázar y Poe, sitúa el cuento al lado del poema por “representar una experiencia única e irrepetible”. Para la escritora, el tiempo en el cuento debe ser trabajado en profundidad. Similar posición tiene Benedetti al definir el cuento como un “corte transversal efectuado en la realidad”. La intensidad (lo activo, lo enérgico, lo agudo) también está en el precepto VIII del Decálogo del Perfecto Cuentista de Quiroga: 

Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea”. (Mis subrayados). 

Anderson Imbert es criticado por Mora al confundir conceptos como narrador, autor, lector, trama (Mora.1993: 70-74). Lo más confuso es cuando el teórico habla de la resolución de un cuento como un “desenlace estéticamente satisfactorio”. Existen cuentos sin desenlace aparente o de ‘final abierto’ donde el o los posibles conflictos no se resuelven. Ejemplo de esto es Macario, de Rulfo donde la situación inicial del personaje se mantiene hasta el final, sin variación alguna. 

Frente a la opinión de Kayser sobre el cuento, tanto Barros como Mora disienten que éste sea un género menor. La primera alega la desvalorización y degradación del cuento frente a géneros ‘mayores’ como la novela y el ensayo; la segunda, sostiene que es inadmisible considerar la brevedad del cuento como algo de menor complejidad.

En cuanto al microrrelato o microcuento, que cada vez tiene más cultores, éste se nutre de muchos géneros literarios y ‘formas simples’, como el chiste, la anécdota, el caso. Recordemos que sus orígenes se remontan al modernismo hispanoamericano, con Rubén Darío a la cabeza. Más allá de ser o no un género independiente, y que tantos trabajos teóricos ha suscitado al respecto, el microcuento es una entidad literaria sumamente dinámica, que varía constantemente, como una medusa en el mar.


Nota: Sobre microcuento y postmodernidad recomiendo el ensayo de Francisca Noguerol, de la Universidad de Salamanca.


[1] Kayser, Wolfgang. Interpretación y análisis de la obra literaria. Madrid: Gredos, 1976. 

[2] Anderson Imbert, Enrique. Teoría y técnica del cuento. Buenos Aires: Marymar, 1979.

[3] Mora, Gabriela. En torno al cuento:de la teoría general y de su práctica en Hispanoamérica. Bs. As., Argentina: Danilo Albero Vergara, 1993.

[4] Quiroga, Horacio. “La retórica del cuento”. En: El Hogar (21 de diciembre de 1928). Reproducido enIdilio y otros cuentos, op. cit. Pp.110-113.

[5] Peri Rossi, Cristina. “La metamorfosis del cuento”. En: El cuento. Revista de Imaginación, Nºs. 92 y 93. México, 1984 y 1985. 

[6] Barros, Pía. “Había una vez; o mea culpa y a contar el cuento”. Revista Simpson 7, Vol. III, Primer semestre. Santiago, Chile, 1993. 

[7] Piglia, Ricardo. Tesis sobre el cuento. En http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/tecni/tesis.htm 

[8] Mora, Gabriela. En torno al cuento:de la teoría general y de su práctica en Hispanoamérica. Argentina: Danilo Albero Vergara, 1993.
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En la antología colaboran los/as siguientes autores/as: 

Soledad Serrano
José Verón Gormaz
Enrique Gracia Trinidad
Manuel Español
Luis Ricardo suárez
Pilar Aguarón Ezpeleta
Giovani Albertocchi
Anna Rossell
Ángel Guinda
Miguel Ángel Yusta
Alejandro Romera
Ramón Acín
Chiqui Peralta Valero
Felipe Sérvulo
Francisco J. Picón
Ángeles Fernangómez
Fernando Aínsa
Ricardo Fernández Esteban
Santiago Tena
Edmundo Bolaños
Rebeca Barrón Sabando
José Guadalajara
Lucía Santamaría Nájara
Aicha E. Iglesias
Elena Muñoz




7 de febrero de 2013

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE VIAJES DE SUSANA CASLA

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Jueves, 7 de febrero, 2013, 19:45 h en el Hotel Carlit de Barcelona



A cargo de Anna Rossell

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE VIAJES
(Jueves, 7 de febrero, 2013, 19:45 h en el Hotel Carlit de Barcelona)

SUSIE DA LA VUELTA AL MUNDO, de Susana Casla, Parnass Ediciones, Barcelona, diciembre 2012.

Ante todo, mis felicitaciones a la autora-viajera del libro que hoy presentamos, mis felicitaciones doblemente: por un lado, por el arrojo y la apertura de espíritu que se necesita para emprender un periplo por todo el mundo como el que ella ha emprendido -y más por haberlo emprendido en solitario-, y por otro lado, por haber querido transmitir y compartir sus experiencias aventureras a través de este libro, que hoy ve oficialmente la luz.

También yo comparto algo en común con la autora: su pasión por  conocer, por conocer in situ, a través del viaje puro y duro, sin informarme antes más de lo estrictamente necesario sobre la zona que pretendo visitar, y también el hecho de haber necesitado comunicar mis experiencias a través de un libro. Yo, como ella –algo así afirma la autora en el epílogo-, he sentido un verdadero placer al escribir, en forma de descripción o reflexión, a mi vuelta, lo vivido y sentido en tierras y culturas lejanas, y más allá de esto, he sentido, al plasmarlo por escrito, que no hubiera digerido del todo mi viaje de no haberlo vertido en palabras.

Desde que experimenté por primera vez la intensa sensación de estar haciendo un verdadero viaje, sé que, el viaje como tal, nunca termina, pues las preguntas que se le abren al viajero en el encuentro y por el contraste entre la propia cultura y las culturas lejanas con las que va entrando en contacto, permanecen abiertas ya siempre en cierto modo, como contrapunto al propio legado cultural, a lo conocido. De ahí que viajar –viajar de verdad, no trasladarnos de un lugar a otro a través de una agencia- nos haga más ricos, de que nos haga crecer como personas, pues el/la verdadero/a viajero/a aprende a distanciarse de la tentación que ofrece el espejismo de las supuestas verdades universales, aprende que no es él o ella el centro del universo –como antes de Galileo se creía que lo era el planeta Tierra- y se cubre ya por siempre de un manto de humildad, que es el de las personas sabias, las que han aprendido que el mundo es potencialmente un lugar riquísimo de encuentro, que los seres humanos tienen infinitas y muy variadas respuestas a las mismas preguntas, que los distintos hábitats promueven reacciones diferentes a situaciones idénticas o parecidas, que la diversidad es riqueza y suma, y no divide o excluye, como alguna gente piensa erróneamente, lamentablemente demasiada aún.

Susana Casla lo sabe, e intuyo que lo sabía ya antes de iniciar su vuelta al mundo, porque sus letras emanan una exuberante, sana y contagiosa curiosidad, una generosa disposición hacia lo nuevo y desconocido, que es la condición sine qua non para aprender, para hacer un viaje de los verdaderos. Así, la predisposición, la actitud abierta, es cualidad necesaria para que se produzca el encuentro con el otro, y de este encuentro se sale más rico por lo que se percibe del otro y por lo que se ofrece y da al otro. Ésta es la base del conocimiento, de conocer y de conocerse, porque el conocimiento del otro revierte en conocimiento de uno mismo.

Otra de las condiciones indicativas de la abierta disposición de la viajera Susie es el hecho de que emprendiera su viaje sola, porque viajar sin compañía añade por lo general un plus muy importante a la posibilidad de aprendizaje de todo lo que se viva y vea. La viajera no tiene la posibilidad de recurrir a lo conocido, de arrimarse a un compañero o compañera que trasladara a su lado un entorno cultural compartido en el que poder aislarse o refugiarse siquiera un momento. Sola, la viajera se encuentra más entregada, más expuesta. Ella lo sabe de antemano, es una opción premeditada, una decisión absolutamente consciente. Así pues, creo que Susana Casla reúne los requisitos indispensables para emprender un verdadero viaje y sacar de él el mayor provecho.


Hasta aquí he hablado de la viajera. Debo ahora abordar sus cualidades como escritora, concretamente como escritora novel, como ella se autodenomina.
Escribir un libro de las características del que hoy nos ocupa: las peripecias de una viajera que da la vuelta al mundo, con visita a todos los continentes en un período de nueve meses, no es tarea fácil. Son muchos los interrogantes que la escritora debe plantearse antes de ponerse a la labor, muchas las decisiones que deberá tomar: ¿Debe optar por un registro turístico tradicional? ¿Una guía para todo aquél que, como ella, pretenda dar algún día una vuelta al mundo similar? ¿O para quien se plantee viajar estrictamente a uno de los lugares por ella visitados? Un libro de ese tipo hubiera supuesto una tarea descomunal, casi imposible, y hubiera reflejado un espíritu y un tipo de viaje que la autora nunca emprendió como tal. Nada más lejos de su intención convertir su libro en una interminable lista de ciudades y monumentos a visitar, con los correspondientes datos históricos y demás curiosidades dignas de ser vistos. Ella lo advierte ya en el prólogo y no cesa de recordárnoslo en el transcurso de toda la lectura. Quien espere encontrar en el libro de Susana Casla consejos de este tipo quedará defraudado. Por otro lado, ¿qué hubiera aportado de nuevo un libro así? Hubiera sido uno más. Quien pretende dar la vuelta al mundo se organiza su propia vuelta personal y guías turísticas para casi todas partes las hay por doquier. Así pues la autora ha optado por la inteligente decisión de escribir un texto que, de un modo desenfadado, llano y simpático, cuenta todo aquello que a ella, personalmente, le llamó más la atención de cada uno de los lugares que visitó, y nos lo advierte ya al principio.

El libro de Susana Casla no pretende ni instruir ni aconsejar; su intención es contar sencillamente, de un modo directo y sin grandes pretensiones lo que a ella más le sorprendió o inesperadamente le aconteció en su andadura por el mundo. Y precisamente por ello, porque no pretende aconsejar ni instruir, y porque no tiene pretensiones, este libro instruye y aconseja y merece ser leído para el enriquecimiento personal. Nada resulta ser más instructivo que aquello que se hace con pasión y verdadera convicción. Y el libro que hoy presentamos rezuma pasión y convicción por todos los poros y consigue lo que no dice pretender: contagiar a los lectores las ganas de viajar con su mismo espíritu, el verdaderamente viajero.

Susie da la vuelta al mundo es un libro de viajes atípico, tanto por su estructura, como por su registro sencillo –que no simple-, es un libro fresco y bien escrito –quien escribe tiene una desarrollada sensibilidad lingüística- y no es en absoluto convencional, está contado con desenfado y gran sentido del humor, no sigue ninguna de las reglas al uso. Por no seguir no sigue ni la cronología del viaje, si bien, en las páginas previas al texto, la autora nos informa con ayuda de simpáticos dibujos, muy acordes con el tono de todo el libro, su recorrido real. Por otro lado, los dibujos con su correspondiente comentario humorístico preceden a cada uno de los capítulos y anuncian algo de lo que nos espera con la lectura en cada tramo.

Recomiendo este libro a todos aquellos que busquen una mirada distinta hacia el mundo. Leyéndolo se asomarán a la ventana que se la proporcionará, no desde la fría supuesta objetividad de una escritura distante, sino desde la implicada y apasionada subjetividad de una escritora que ha vivido profundamente lo que narra y lo transmite desde el más puro sentimiento.

Así en el transcurso de la lectura sabremos de elefantes que dan masajes sin romper costillas, de distintas percepciones del tiempo en diversas partes del mundo, de lugares donde los delfines nadan junto a las personas, de la clamorosa falta de escobillas limpiaváteres en los EEUU, de los curiosos (y en ocasiones peligrosos) hábitos de conducción de ciertas culturas, de la natural convivencia hogareña de alguna gente con variopintos insectos, de la magnífica opulencia de algunos hoteles en un microcosmos artificioso donde todo está dedicado al juego de azar, de la indescriptible vivencia de la descomunal grandiosidad de la envolvente naturaleza, de cocodrilos saltarines, cerdos que beben cerveza, váteres japoneses con servicio higiénico a la carta o de la existencia de una maravillosa asociación de gente viajera y hospitalaria, –ella los llama Viajeros del Mundo, aunque se trata de varias asociaciones-, cuyos miembros acogen a viajeros en su propia casa, una información imprescindible para todo aquél que pretenda abordar un viaje similar.

Sólo me queda animar a la autora, viajera y escritora a seguir viajando y escribiendo. Sé que ya lo ha hecho mientras tanto, sin necesidad de que nadie la animara a hacerlo, pues ella misma nos lo dice al final de este libro, y también que tiene la intención de ofrecernos otra entrega por escrito de sus segundas aventuras. Ella nos invita también a hacerle comentarios y sugerencias después de nuestra lectura, a través de la página web de la editorial. Aprovecho pues para hacerle una de mi parte, algo que he echado en falta en este primer libro: que dedique igual energía a relatar las experiencias del encuentro entre personas individuales, aquellos que se producen con mucha frecuencia, sobre todo cuando se viaja sola, que a buen seguro se han dado con la misma o mayor intensidad con que la autora nos cuenta hábitos generales de comportamiento. Con la capacidad de observación y de escritura de la que ella da sobrada muestra en este libro, tengo la plena seguridad de que el libro saldría ganando más aún.

Deseo a todos una lectura tan placentera, divertida y enriquecedora como me ha resultado a mí, algo a lo que contribuye también la cuidada edición del libro, que por el empeño y profesionalidad de la editorial hace cómoda y satisfactoria la lectura.

© Anna Rossell

24 de enero de 2013

LA VEU MUSICADA DE LA POESIA

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(Català)

23/01/2013




De izquierda a derecha, Ricardo Fernández, Anna Rossell, Felipe Sérvulo, Elena Peralta i Cesc Fortuny

(Foto:Carme Esteve i Pla)
El passat 21 de gener es va presentar, a l’Aula dels Escriptors de l’ACEC, el disc-llibre Un poema una voz, una voz un poema, antologia d’onze poetes contemporanis espanyols recopilada i recitada per Elena Peralta sobre fons musicals de Cesc Fortuny. El poemari ha sigut editat por Olifante Ediciones de Poesía i subvencionat per l’ONCE. L’obra, prologada per José Corredor-Matheos, inclou poemes de Joan Margarit, Marián Raméntol, Enrique Gracia Trinidad, Luis Alberto de Cuenca, Aureliano Cañadas, Ángel Guinda, Francisco José Picón, Domingo F. Faílde, Dolors Alberola, José Luis Morante i Elena Peralta.

L’acte va ser moderat per Ricard Fernández, mentre que Anna Rossell va realitzar una precisa crítica de l’obra ressaltant que la poesia aconsegueix la plenitud al combinar –com en els seus orígens– paraula, veu i música. Cesc Fortuny, per la seva part, va comentar el procés creatiu dels fons musicals i de la gravació. Finalment, Elena Peralta va explicar com va preparar i escollir els autors i els poemes de l’antologia, així com l’acollida que ha tingut en les diferents presentacions efectuades per tot l’Estat. L’acte va concloure amb un animat col·loqui i es van escoltar diversos poemes del disc-llibre.
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(Español)

La voz musicada de la poesía
23/01/2013



De izquierda a derecha, Ricardo Fernández, Anna Rossell, Felipe Sérvulo, Elena Peralta y Cesc Fortuny

(Foto:Carme Esteve i Pla)
El pasado 21 de enero se presentó, en el Aula dels Escriptors de la ACEC, el disco-libro Un poema una voz, una voz un poema, antología de once poetas contemporáneos españoles recopilada y recitada por Elena Peralta sobre fondos musicales de Cesc Fortuny. El poemario ha sido editado por Olifante Ediciones de Poesía y subvencionado por la ONCE. La obra, prologada por José Corredor-Matheos, incluye poemas de Joan Margarit, Marián Raméntol, Enrique Gracia Trinidad, Luis Alberto de Cuenca, Aureliano Cañadas, Ángel Guinda, Francisco José Picón, Domingo F. Faílde, Dolors Alberola, José Luis Morante y Elena Peralta.


El acto fue moderado por Ricardo Fernández, mientras que Anna Rossell realizó una precisa crítica de la obra resaltando que la poesía alcanza la plenitud al combinar –como en sus orígenes– palabra, voz y música. Cesc Fortuny, por su parte, comentó el proceso creativo de los fondos musicales y de la grabación. Finalmente, Elena Peralta explicó como preparó y escogió los autores y los poemas de la antología, así como la acogida que ha tenido en las distintas presentaciones efectuadas por todo el Estado. El acto concluyó con un animado coloquio y se escucharon varios poemas del disco-libro.

23 de enero de 2013

PRESENTACIÓN DE LA ANTOLOGÍA POÈTICA

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 Elena Peralta, ed., Un poema una voz, una voz un poema. Olifante. Ediciones de Poesía, Zaragoza 2012
21-01-2013, Ateneo Barcelonés

 
 por Anna Rossell

Buenas tardes a todos y mi agradecimiento. Agradecimiento por vuestra compañía aquí esta tarde, agradecimiento a la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña, agradecimiento al Ateneo Barcelonés, a Elena Peralta, por proponerme a mí la presentación de esta antología poética, motivo de nuestro encuentro, y a mis compañeros de mesa.

Me complace muy especialmente esta presentación por razones diversas: por tratarse de una antología con edición a cargo de mi amiga y poeta Elena Peralta, en la que ella participa con triple protagonismo: como seleccionadora de los y las poetas y la de los correspondientes poemas –dos a cargo de cada uno-, como poeta ella misma, pues también ella está representada en la antología en calidad de coautora, y como encargada de poner voz a los textos.

Y, más allá de todo esto, me agrada también porque la antología contiene poemas de otros dos poetas amigos, Marian Raméntol y Enrique Gracia Trinidad y el entrañable acompañamiento musical de Cesc Fortuny i Fabré, cuya música tuve el gusto de conocer hace algunos años y con quien ya hace tiempo voy teniendo el placer de coincidir en muchos actos.

Por todo ello me siento muy afortunada de ser precisamente yo quien os diga hoy las palabras que me ha inspirado la lectura y audición de esta antología, que es a la vez un audiolibro.

El hecho de que el libro que hoy presentamos reclame, o al menos pueda reclamar, dos de nuestros sentidos -el de la vista y el del oído-, le otorga un carácter singular y, tratándose de poesía, le da el importantísimo valor añadido de retrotraernos a sus orígenes, a los auténticos orígenes de la poesía lírica.

Como ya nos recuerda José Corredor-Matheos en su prólogo, “La poesía nació, en míticos tiempos, para ser cantada y oída.”

Ya en los jeroglíficos egipcios, de veinticinco siglos antes de Cristo, nos han llegado testimonios escritos, que por su cadencia rítmica se suponen cantos religiosos y de labor, en forma de poesía. También la poesía épica, la más antigua conocida de las cuales es la de los sumerios, el Poema de Gilgamesh, de escritura cuneifome grabada sobre arcilla, data de unos 2000 años antes de la era cristiana. También son hímnicos los Veda, libros sagrados del hinduismo, que se calculan escritos en su versión más reciente el siglo III antes de Cristo. Y las más cercanas a nuestra cultura, de la que ha bebido toda la tradición de la que nos seguimos alimentando, los cantos de La Ilíada y La Odisea, atribuidos a Homero -sintomáticamente un poeta ciego, un dato que me gusta subrayar precisamente con motivo de la presentación de esta audioantología, pues de la tradición oral para la que fue creada la gran poesía de las culturas humanas sigue viviendo ésta que presentamos hoy-.

Al igual que los griots africanos actuales, los poetas antiguos que han sido y siguen siendo nuestra referencia cantaban los hechos históricos y homenajeaban a sus héroes para su perpetuación en la comunidad por transmisión oral de una generación a otra, o bien ensalzaban a sus divinidades o animaban las horas de trabajo (Hesíodo, Los trabajos y los días) a través de los cantos creados para ser escuchados. Ya antes de Homero poetas griegos nos hablan de la figura del cantor, y el propio Homero la menciona en su obra, él habla del aedo-, del que dice que narraba los acontecimientos acompañado de una lira. Esta poesía, que se servía del ritmo con la doble función -estética y práctica-, de vestir más bellamente las palabras y de facilitar la labor de la memoria, reivindica de nuevo sus orígenes a través del poemario que hoy presentamos.

Quiero felicitar  muy sinceramente a Elena Peralta, a la editorial por la cuidada edición, a la O.N.C.E. por haberlo subvencionado y a todos quienes han contribuido a este proyecto por esta iniciativa. A Elena Peralta por la acertadísima selección de todos y cada uno de los poetas y, sobre todo, de todos y cada uno de los poemas. Siendo como son los autores y los textos aquí recogidos tan diversos, de registros tan distintos, tienen sin embargo en común que todos ellos poseen un extraordinario sentido del ritmo, lo cual es especialmente destacable y adecuado para el objetivo que en primera línea persigue el proyecto: incorporar al aedo en la publicación y ofrecer así a no videntes y a videntes el placer extraordinario de poder disfrutar de la musicalidad de los textos a través de la voz y del instrumento que los acompañan.

En el índice encontraréis, como es de esperar, la relación de los autores que participan en esta antología. Sin embargo quiero mencionar en esta presentación a todos y cada uno para rendirles aquí y ahora el homenaje que merecen. Se trata de:

Joan Margarit, Marian Raméntol, Enrique Gracia Trinidad, Luis Alberto de Cuenca, Aureliano Cañadas, Ángel Guinda, Francisco J. Picón, Domingo F. Faílde, Dolors Alberola, José Luis Morante y Elena Peralta.

Estas páginas y el soporte acústico que las acompaña dan fe del sencillo y bello lamento elegíaco de Margarit, de la acritud y amarga estridencia y la fuerza metafórica de las imágenes de Raméntol, la subversión de valores de la contrafábula y la invitación a transgredir los límites entre prosa y poesía de Enrique Gracia, la frescura desenfadada de las simpáticas y humorísticas descripciones de Luis Alberto Cuenca, la confesión autocrítica en registro de responso de Cañadas, la reveladora inteligencia de los juegos de palabras y el canto a lo marginal de Ángel Guinda y su genial uso de la paradoja, la lúcida reflexión introspectiva de Picón, los oportunos encabalgamientos de la minuciosidad paisajística con que Faílde sabe traducir un estado de ánimo, la magistral radiografía que sabe hacer Alberola de la profunda soledad de una alma humana, el impresionismo con que Morante pinta con palabras Una calle vacía y de la rebeldía y el impulso reflexivo de Elena Peralta.

Mención especial merece la magnífica compenetración entre el recitado de la voz y la música que ha creado Cesc Fortuny especialmente para cada poema, un ensamblaje en el que cada una –voz y música- conserva su autonomía, ninguna está al servicio de la otra. Lejos de servir de mero acompañamiento, la originalísima música de Fortuny crea un marco para la voz que recita, pone al oyente en un determinado estado de ánimo, en una disposición.

Y como de oír poesía hoy se trata sobre todo, quiero dejar paso a la voz, al canto y a la música que han de ser los verdaderos protagonistas de esta velada.

Muchas gracias a todos por acompañarnos hoy.

 
© Anna Rossell
  

15 de noviembre de 2012

ENTRE LA NOVELA Y LA HISTORIA

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Stella Manaut, Enamorada de un cura comunista.
Desde Alfonso XIII al exilio mexicano,
pasando por la URSS y los Niños de la Guerra

Carena Editors S.L., Valencia, 2012, 214 págs.
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por Anna Rossell
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Siempre es un gozo contar con una obra de la que podemos decir que contribuye a mantener viva nuestra memoria histórica, pues los acontecimientos traumáticos de una sociedad exigen un proceso de duelo y de digestión que raras veces se hace como se debiera, precisamente cuando las partes implicadas o sus descendientes directos viven aún y remover el pasado supone para ellas enfrentarse a sentimientos de dolor o de culpa. Sin embargo enfrentarse a los hechos, conocerlos y, sobre todo, reconocerlos es un ejercicio conveniente de catarsis para los antiguos frentes, una necesidad que hace posible el análisis de los errores que condujeron a aquellas situaciones críticas y con ello hace también posible evitar caer de nuevo en ellos, hace posible la reconciliación, al tiempo que lega a las generaciones jóvenes el conocimiento más sereno y objetivo de los hechos.
Por este motivo cumple dar la bienvenida a un libro como el que hoy tengo el gusto de presentarles, la novela que Stella Manaut ha construido basada en hechos y personajes reales, como ella dice “un reconocimiento hacia aquellas mujeres luchadoras que, en una etapa tan difícil de la historia de España como es la de los primeros años del siglo XX, fueron capaces de defender sus derechos, estudiar y amar en libertad”. 
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Enamorada de un cura comunista. Desde Alfonso XIII al exilio mexicano, pasando por la URSS y los Niños de la Guerra, como reza el título, recoge la historia de España desde principios del siglo XX, aquellos años en que empezó a forjarse la España actual. El título y, sobre todo, el subtítulo anuncian ya los momentos en los que la autora hace hincapié. Así la novela nos ofrece una amplia panorámica de la convulsa historia española más reciente: con mirada retrospectiva hacia la Primera República, la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, el golpe franquista, la Guerra Civil, el envío de niños de familias republicanas a la Unión Soviética, el exilio de los vencidos, el regreso…
Como la propia autora nos informa en el epílogo, la mayor parte de los personajes de la novela son reales –llevan su propio nombre y apellido- y lo son también en lo esencial los hechos narrados. Stella Manaut los conoce bien, a unos y a otros. Porque Manaut glosa en la novela el devenir de una mujer de su familia, una tía suya, por la que la narradora profesa claramente una profunda admiración. Con empatía evidente y el conocimiento que su tía y su propia madre le dejaron de los acontecimientos Stella Manaut construye un edificio ficticio en el que hará encajar la realidad histórica:
Josefina Roca –que así se llama la protagonista-, interna en un geriátrico de un pueblo catalán que sabe su última morada, es consciente de que ha vivido cuanto hubiera de vivir y de que lo ha hecho intensamente. A su avanzada edad y en la soledad de su internamiento en hogar de ancianos lo único que la aferra aún a la vida son sus recuerdos, los sucesos que la marcaron y la sostienen, acontecimientos de unos tiempos difíciles y convulsos que reclamaban de sus protagonistas –mucho más aún si eran mujeres- un posicionamiento claro y exigían definición y madurez. Así Josefina deja de ser una única mujer para pasar a ser un prototipo determinado de mujer de su tiempo: aquella a la que tocó abrir el camino en la lucha de la mujer por sus derechos, unos derechos de los que ella sabía que conllevaban deberes y responsabilidades y que nunca los rehuyó. Por lo mismo esta novela no es únicamente un homenaje a una excepcional mujer, sino a todas las mujeres que, como ella y con ella, asumieron en España la ardua tarea de abordar su vida como ciudadanas de pleno derecho cuando la historia les ofreció un resquicio para intentarlo.
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El armazón de la novela parte de esta situación en el geriátrico y de la soledad de Josefina Roca que la lleva a rememorar su vida. La motivación para ello se la brinda la idea de escribir sus recuerdos en una libreta de notas que más tarde alguien pueda encontrar y publicar. Éste es el marco ficticio de la narración.
Así la novela está escrita teniendo en cuenta a un supuesto futuro lector, al que Josefina se dirige de vez en cuando; todo ello condiciona y marca el estilo narrativo, que alterna diferentes registros: la descripción de los sucesos históricos con carácter de crónica “objetiva” con el relato de la vida personal de la protagonista en los momentos históricos concretos y con los comentarios y reflexiones que Josefina aporta desde la actualidad de su escritura, que la autora marca con letra cursiva para distinguir los dos tiempos: el pasado y el presente, y en los que se invoca y se involucra directamente al lector.
La autora opta con decisión por mantener estos registros bien separados probablemente porque su intención es también documental y quiere darle a su obra el sello inconfundible de documento: la novela no está escrita en un único registro en que los hechos históricos pudieran desprenderse indirectamente de la vida de los personajes, sino que Manaut decide describir, aparte, primero el marco histórico, como tal, antes de pasar a continuación a glosar cada momento concreto de la vida de la protagonista, como si necesitara de este marco aclaratorio para que se comprendan en toda su profunda dimensión los retazos vitales de los personajes que el lector habrá de situar mejor después, como si no quisiera perder nunca de vista la importancia que las situaciones socio-políticas tienen para la cotidianidad de los individuos, en su devenir y en su destino. Ello se hace patente a través de lo que se desprende de los títulos de los capítulos, que rezan, por ejemplo: Breve resumen de la Revolución Rusa. Primera parte, al que siguen los títulos Mi vida en la URSS, Breve resumen de la Revolución Rusa. Segunda parte y, a continuación, ¡Por fin llega el permiso para viajar! Me voy a la “Casa nº 5”. Llego a París. Y así sucesivamente.
Esta voluntad de cronista, la de escribir un documento histórico -dirigido tanto a quienes lo protagonizaron como a las generaciones futuras a las que la autora desea dejar un legado- queda subrayada también por el hecho de que Stella Manaut escribe un epílogo en el que nos aclara el cómo y el por qué de la novela y cuyos epígrafes evidencian esta intención. Estos epígrafes son: La verdad, solo la verdad y nada más que la verdad. Devenir de los principales personajes. Familia de Manaut en México y Hablemos, ahora de los demás personajes reales. A esto la autora añade alguna bibliografía –una página- de la que ella ha echado mano para documentarse. Sin embargo se echan en falta obras de historia española de todas las etapas de que trata la novela, que Manaut a buen seguro ha utilizado como fuente. Y es de debido cumplimiento su inclusión en una futura segunda edición, pues conviene por razones de rigor de la publicación por una parte y de utilidad al lector, por otra, ya que quien lea esta novela de Stella Manaut habrá de interesarse no sólo por la literatura, sino por la historia de la España de este período. El libro capta al lector por los dos aspectos: el literario y el histórico y suscita avidez de saber más de esta etapa, de la que lamentablemente poco se enseña en nuestras escuelas y que es un deber rescatar del olvido.

© Anna Rossell

5 de noviembre de 2011

CINCELANDO LA PALABRA

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Mapa de costas
Marcelo Díaz García
Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2011, 60 págs.
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por Anna Rossell
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Nada que se diga sobre un texto literario sustituye el propio texto literario, nada de lo que se diga sobre un autor suple el conocimiento directo del autor. Si ésta es una afirmación válida en general, lo es mucho más en el caso de escritores cuya trayectoria se marca como objetivo depurar el lenguaje poético destilándolo gota a gota -poemario a poemario- hasta llegar al núcleo, a lo esencial del verbo, devenido entonces metáfora potente. El autor habrá tejido así un tupido entramado de símbolos que, despojados de la palabra y la sintaxis superfluas, condensan lo significativo de forma centrípeta y conforman un mundo que, si bien se nutre de referentes universales, el poeta sabe moldear y hacer suyo para expresar su propio universo en la clave más íntima y personal. Corresponde entonces a cada lector adentrarse en la trama metafórica de esta poesía para establecer subjetivamente en cada momento el significado que corresponde a cada imagen, un significado que cambia, se renueva y hasta se transforma con cada nuevo contexto hasta llegar incluso a subvertirse.

Creo que el epíteto que mejor caracteriza el estilo poético de Marcelo Díaz es el de críptico, etimología que remite a lo oculto, a lo oscuro, a lo encubierto que habrá de descubrir el lector por sí mismo, estableciendo el sentido a partir de la observación de las recurrencias metafóricas, descifrándolo en sus distintos contextos y echando mano de su personal bagaje asociativo cultural y emocional. Porque el lenguaje poético que despliega Marcelo Díaz reclama el aprendizaje de su código. Marcelo Díaz no es un poeta al que podamos conocer leyendo de él unos poemas aislados; para conocerlo deberemos leer su poemario completo. Sus claves pueblan la obra entera con ademán absoluto, conforman un todo, un poemario suyo es el documento que encierra en sí mismo el código secreto para acceder a él. Como sucede con otros grandes poetas, ya consagrados, como Gottfried Benn o Paul Celan, el significado de su verbo no está fuera, se crea a partir de la inusitada circunstancia de la lengua del poemario, que se hace así de nuevo.

Definir la poesía de Marcelo Díaz y acercarla a los lectores con palabras cotidianas sólo puede quedar en un intento. Las palabras se transforman con su pluma en otra cosa, exigen al lector trabajo duro. Sin embargo el título de su último poemario, Mapa de costas, es diáfano y directo. Mapa de costas no lleva a equívoco, sugiere claramente la intención del autor -viajero navegante sin perder de vista tierra firme-, que en su periplo vital explora el litoral para diseñar el plano que sirva de orientación a si mismo y a otros. Esta gran metáfora es la que subyace en todo el poemario. Así, cada poema es el dibujo de un accidente avistado en la distancia, la circunstancia que acompaña y condiciona al viajero, que anota en su bitácora las incidencias y vicisitudes del viaje, registradas con la exactitud y la profundidad del alma de un poeta explorador de la geografía de la vida y de la condición humana.

A partir de este supuesto, Marcelo Díaz crea un lenguaje poético-metafórico envolvente, que se mueve en este campo semántico de modo recurrente. Pero el poeta no nos lo pone fácil; la recurrencia y sus variaciones no equivalen a sinónimo; cada reiteración convoca en su contexto un significado nuevo o renovado, y al lector corresponde desentrañar su sentido en cada caso. Marcelo Díaz desarrolla un estilo léxicamente reduccionista que es inversamente proporcional a la riqueza metafórica que despliega por la fecundidad y frondosidad de su polisemia, aprovechando incluso la ambigüedad sintáctica.

Así sus claves simbólicas se mueven con insistencia por el campo semántico de la frontera y sus variaciones: linde, orilla, costa, horizonte, la utopía, el beso, el dintel, vínculo, ahí, al otro lado, en aquel lado...; o bien sugieren el contraste claro-oscuro: noche, sombra, días, luz... y otros campos semánticos asociativos colindantes: miedo, misterio, secreto, niebla, bruma, lo encubierto, el deseo, la muerte, el viaje; o remiten al elemento que ya anuncia el título, al agua: mar, río, manantial, lluvia, savia, vida, tiempo o a los eternos acompañantes del viajero en el mar, eterno Ulises: cielo, estrellas, nubes, aire, viento, el Sol, la Luna, los dioses. Y aun otras más difícilmente agrupables en un conjunto: la videncia, el dolor, andamio, ángulo, vértice, arruga, manos, pozo, palabra, alfabeto, deseo, labio, flor, adelfa, colores (magenta, cobalto, añil...), espejo, sueño, el Hombre...

Y es el Hombre, con inicial mayúscula, el terreno que explora el poeta -el Hombre y su circunstancia-. El poeta indaga cuál es su naturaleza y cómo se percibe a si mismo: una vida más que transcurre y pasa, que cumple el ciclo vital imparable de la creación: Este líquido rumor indetenible / es el censo de los ojos que lo miran y lo vieron. / Ni presagia el mar. / Es agua este río / que llama a la vida alzando las casas y los árboles, / [...]. / Boga en ruta irregresable su cuerpo, / sin pétalo barca que lo vuelva al chorro de su fuente. / Pero el ciclo de la nube, / [...], / aguarda el peso para volverse lluvia. / [...]. // [...]. / Pero habito el agua y la bebo y soy agua. // Quizás siempre es así en los ovillos de los ciclos. (poema 23).

Una idea de cumplimiento de la historia que remite al destino inexorable, ajeno a la voluntad del ser humano: No sé la hora de las cosas que se cumplen. / [...] // En la flor de la duda, / de los gestos curtidos sen los días de la luz y la derrota, / leo episodios del hombre vivo y navegante, / respeto su huella, si tiene la voz cegada, / y retengo mi puño, / abro firme el hueco de caricias / sin atreverme a más. // No sé más de las horas que se cumplen. (45).

En esta misma línea del ciclo que se cumple, la voz poética se pregunta por la huella que deja el ser humano a su paso: Es estéril tu semen sobre la tierra ovario. / Ciclos trazados en laberinto irretornable / la previenen de tu mano / y los suicidios que acaecen en tus ojos, / o en ese vientre que alimenta a destajo la sangre. (44)

O se pregunta por el sentido de la vida humana: [...] / ¡Para qué el horizonte! / Ayer, el día no llegado, / quitarán su dibujo / porque otras caderas nebulosas / han desarraigado la distancia de la higuera hasta las nubes. / Entonces... / ¿qué hago, incluso al caminar a la utopía? // Y no quiero evocar porque estaría muerto. / Y la muerte, al fin, / ¿qué tendrá de estrella comida por las algas? / o / ¿qué tendré yo de la luz que escapó de ese banquete? (21).

El gesto filosófico de la poesía de Marcelo Díaz deviene teológico cuando el poeta se erige en cronista de la creación invirtiendo el discurso tradicional al uso: el Hombre aparece como demiurgo que crea a sus dioses, y aflora la dimensión psicológica, la necesidad humana de la existencia divina: En el principio de los días, / el hombre creó a los dioses plurales, / los nombró con sus miedos, / y sublimó sus oscas [sic] cobardías. / Precoces y ávidos guisanderos freudianos / cocinaban una mitología asequible / hasta que a dios lo hicieron uno, / [...]. (39) Y sigue en el mismo poema denunciando a quienes, en nombre de Dios y de la religión, traicionan la sagrada y necesaria religiosidad que habita como semilla en el ser humano: El polvo alumbró una teología enferma / [...]. / Ceremonia y oro conduciendo a la miseria / para ese pastoreo a los sumisos. / Una secta de célibes pronuncia La Escritura / con el dedo alzado de infundir miedo, / vaciando el hueco religioso sin respeto. // [...]. // (39). Y acaba por poner la bondad humana en su lugar, más allá de ritos eclesiales ortodoxos: Fuera del círculo del báculo y la tiara / los buenos brillan en sus ojos, / sus manos dan pan sin comprar el cielo, / sienten en su pecho aquel libro guardado / y en silencio pronuncian con su mano lo escrito. (39).

Pero Díaz no renuncia a la utopía, si la criatura humana adolece de trascendencia, si el ser humano ha creado a sus dioses, si su destino está trazado de algún modo, en su poesía laten valores que se contraponen, que redimen al humano y lo subliman. Así a la voz poética se opone a menudo un malhechor “ellos”, destructor y agresivo, claramente diferenciado del “yo” hablante, un “ellos” de los que la voz poética se distancia por rechazo: Ellos querían obligar a una estrella / y decorar con brillo su café humeante. / A este techo corto que pueden rozar los ojos / llegaban sus manos doradas y altivas. / Sin remedio de dioses ni de cielos, / trazaron la escala hasta una punta / y la poblaron de cuerpos, / cuerpos con hambre. / […] / Y la poblaron de vidas, / vidas mutiladas. / […]. / Y la estrella se diluyó en el agua / sin sabor a nada, inútil millonésima. / Sólo el brillo irritado y sanguíneo de los ojos / seguía matando los pétalos lucientes / que guardaban los gérmenes del beso. / […]. // Otra punta sin brillo atravesó sus manos / y no encontró ni el alma. […]. (38).

O en este otro, donde el ellos acecha de nuevo y amenaza: Cruzaban el campo atrochando por donde había color. / El vicio cobarde de la muerte indebida / afilaba las sicas [sic] de sus ojos / y ya parecían guadañas, / la sombra avanzando su vértigo, avaricia, / traición a la recta ortodoxa de la caña. // ¿Dónde habitan sus gérmenes de cieno y noche? // ¡Pero qué herida a todas horas / ese paseo que se calza el crimen / en el nombre de dios, / y del oro, / y del espíritu mentira! (40).

Sin embargo la voz poética no se rinde, no sucumbe a las fuerzas del maligno; el crimen se comete en el nombre de dios y del oro, y del espíritu de la mentira, pero el color se opone al vicio cobarde, a la muerte indebida, a la sombra avanzando su vértigo, la avaricia es traición a la recta ortodoxia; la luz se contrapone a la sombra, a los gérmenes, al cieno y a la noche, pero late en el ser humano, también, el germen constructivo y vence, pues a continuación exhorta: Pero ved, hagamos. / No se derrumba el mar, / no desflorece la tierra acampada y fértil, / no se tuerce la mirada creciente en la luz, / ni el brazo sosteniendo el sistema de los versos. (40).

El yo poético alerta sobre la amenaza que se cierne sobre los hombres buenos por las maquinaciones de los que astutamente urden con nocturnidad el mal, que lleva el signo de la ambición y del dinero: Mi corazón de hierba tiene siempre un rocío de albor. […]. // Pero la astucia es noctámbula / y siempre abre una lámpara para robar la noche. / El viaje de los justos lleva a una paz. / En el descanso de esos buenos, / astutos con ojos de moneda, / secta de posesos de certeza única, / crimen permanente, / […], / con la palabra perversa, / bajo tulipas de dioses que inventaron, / urden el robo de las vidas, / vida pan, / vida agua, / vida voz, / vida entera. // Mi corazón de hierba se escarcha al vislumbrar la noche. (37).


Marcelo Díaz reivindica la poesía y la palabra como herramienta vital, existencial: Tengo la palabra para medir mis ojos, / [...], / luz, cauce, herramienta, cavidad de mares, [sic la coma] / pequeños para poner el infinito adentro [...]. / Palabra para anunciar dolor del que ve mi tacto oscuro, / palabra para anunciar la luz de la que ve mi tacto abierto. // Mientras ande y esté viva mi sangre, / la palabra es un síntoma veraz entre existencias. (12)


Díaz no es un poeta fácil. Acercarse a su poesía es un reto, un desafío del que se regresa agotado, como agota la vida cuando gesta y germina, cuando crea lo verdaderamente nuevo; su estilo rezuma innovación léxica, sintáctica, morfológica y semántica, gusta de la paradoja y de la combinación inusitada de palabras. Así Ayer es el día no llegado, las algas comieron una vez estrellas (21); o cuando al describir un plano de curvo itinerario se refiere a Las avenidas rectilíneas (8); al contrario de lo que es habitual, el poeta habla de vencer el sueño o de una Cuneta que engulló el camino, (22), y no al revés; habla de un ejército pequeño que esconde las flores (20), de vena sin sangre, de caras expectantes [...] callando su palabra (15), de lindes que deslimitan (16), de flores incorruptas, solamente efímeras (2), de poetas videntes, vestidos sin ropa; de ángulos [...] pequeños para poner el infinito dentro (12); o nos sorprende con la paradójica magnífica sentencia: La mentira es una verdad terrible (30). Al poeta le gusta deconstruir para crear de nuevo, como gusta del uso del prefijo des-: cuando habla de desacertar la luz (26) o dice Desvísteme de algo de lo que tiene la muerte. [...], despojado hasta un débil deseo (30), cartera para un desarchivo de proyectos (15), lindes que deslimitan mi anchura (16), Qué deshabita el trecho ante tus ojos (11), porque otras caderas nebulosas / han desarraigado la distancia de la higuera hasta las nubes (21), desacertar la luz (26), y gusta de la composición léxica de cuño propio, como cuando habla del xilófago vivo (10), del pétalo barca (23), de la ventana cobijo (41), escritas aún por separado, para dar un paso más en el proceso creativo de la palabra y hacer de dos palabras una, al referirse al gesto sedazúcar (8), al cuerpo [...] que ha de vivir su trozotierra (16), o cuando echa mano de la transferencia sensorial: [...] Las albas sucesivas calibran el ángulo del verso / para acertar los ojos que lo escuchen, [...] (25), Este líquido rumor [...] / es el censo de los ojos que lo miran y lo vieron [...] (23).

Mapa de costas, es el último y reciente poemario de un poeta cuya andadura empezó allá en los años ochenta con Forja de mar -Poemas de la posesión terrena- (1982), Gozne devenido -Poemas de la posesión debida- (1988) y Ágora (1992), ha seguido con Continente de auroras (1996), Amarinte –narrativa- (1997), Lindario (1999), A tiempo (2005) –libro conjunto de poesía y escultura- y Viaje sin memoria (2008) –por el que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá-.
Marcelo Díaz es escultor, además de gran creador con la palabra. 
Anna Rossell