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27 de septiembre de 2014

LA POESÍA DE ANNA ROSSELL

*
Josep Anton Soldevila ©
Fue en el transcurso de un recital, en el marco de la Semana de la Poesía de Barcelona de mayo de 2011 cuando oí a Anna Rossell leyendo el poema Todesfuge, de Paul Celan. Yo sabía de la existencia de este célebre poema sobre el Holocausto, pero nunca lo había leído y mucho menos, oído recitar. Anna lo hizo, primero en alemán y luego en su propia traducción al español. Quedé tan impresionado por su manera de decirlo, que casi no me hizo falta escuchar la versión española para entenderlo de pies a cabeza, y digo esto en todos sus sentidos y acepciones, porque me estremeció física y anímicamente.
Anna Rossell
Entonces hacía poco, menos de un año, que acababa de leer su libro de poemas, La ferida en la paraula (La herida en la palabra) y no tenía la impresión de que su contenido, su esencia o razón, tenía mucho que ver con poemas como aquel. Puedo decirlo con seguridad, porque conservo las palabras con las que le expresé mi opinión:
“Estimada Anna, he leído tu poemario –la prosa la dejo para más adelante– y quería compartir contigo así, ‘au pié levé’, que dicen los franceses, las impresiones que me ha producido. Y digo impresiones y no impresión porque son varias las recibidas, no en vano se trata de varios libros en un volumen (es cierto sin embargo, que también nosotros somos varias personas en un volumen...).
He encontrado la pincelada impresionista mezclada con la meditación filosófica. Algo aparentemente contradictorio y que en el libro se convierte en extrañamente natural. También tu viaje (y digo viaje y no lucha...) constante entre la ciudad de la razón y la de la emoción, sin renunciar a ninguno de ambos paisajes. La clarividencia de la verdad envuelta en ternura y una contención serena al poner palabras a los sentimientos.
Pero como dicen las palabras de T.S. Eliot: ‘Sólo por la forma, la norma / pueden las palabras o la música alcanzar / la calma / como un jarrón chino / se mueve perpetuamente en su serenidad’. Todo esto que dices no sería poesía si no fuera por cómo lo dices. En este libro el maridaje de fondo y forma es perfecto, te felicito sinceramente.”
La emoción a la que hacía referencia en mi comentario se decantaba hacia una concepción puramente lírica de la poesía, si bien algo me debía tambalear en el razonamiento, cuando me decidí a terminarlo con esta frase:
“Y decir que sí, que en el mundo hay todavía lugar para la esperanza, la ilusión no es vana. Por eso la poesía y los poetas y el compartir y nombrar.”
Quizás un presentimiento, más allá de mi precipitado juicio, me decía que había algo más en aquella poesía tan diversa del libro: una honda desesperación por la condición humana, por los abismos de una condición humana, que rezumaba sin terminar de flotar en algunos de los poemas.
Así, el argumento de este primer libro giraba en torno a tres ejes, que después se han confirmado como los grandes temas de la poesía de Anna Rossell: la emoción íntima, el viaje y el dolor de la humanidad.

A veces encontramos poemas donde estos elementos aparecen aislados de los otros dos, único, como en este poema donde la emoción nos corta el aliento:

Se nos ha parado el tiempo,
te has ido,
y ahora
–cuando toda relación deviene vana e inútil–,
soy consciente de que hemos hecho
la ruta sin encontrarnos.
Y ahora sólo me quedan el silencio
y la nada.

(de su libro La herida en la palabra)

El viaje, dentro de un libro que es todo él una crónica:

La cinta hace el camino, clara
y polvorienta, en medio, un baobab; un hombre
yace sobre un banco, bajo un árbol frondoso

(de su libro Cuaderno de Malí)

El dolor de la humanidad, reflejado en el horror nazi:

Hay una mujer que no se mueve
en el camastro. Tiene la mirada fija
en la pared y un mechón de pelo largo
y grasiento sobre el labio entreabierto.
Parece que respira sutilmente aún,

pero ya está muerta.

(de su libro Birkenau - La pradera de los abedules, inédito)

En otros momentos, los elementos se mezclan, de la misma manera que en la propia vida, y entonces nos da versos que combinan la conmoción personal con la profundidad filosófica, utilizando unas estructuras casi sálmicas, a la manera de un texto bíblico. Como asimismo emplea Celan en el Todesfuge que hemos citado al principio.
Esto lo vemos claramente en muchas de las estrofas de su libro Us deixo el meu llegat per si algún dia... (Os dejo mi legado por si un día...), todavía inédito:

¿Quién adiestra las mentes de los
inocentes? ¿Quién se erige en juez de un
igual?, ¿quién? ¿Quién condena pateras a
la muerte?, ¿quién? ¿Quién persigue por gusto de
perseguir? ¿Quién dispara por gusto de
disparar? ¿Quién levanta muros y cierra las
fronteras al desesperado? ¿Quién lo entrega a
la tierra de la muerte? ¿Nadie lo sabe?
¿Lo sabe alguien? ¿Lo sabemos
                                        todos?

o en este otro, donde es la técnica de la repetición de palabras en oraciones diferentes y consecutivas la que crea el efecto de salmo:

El cuerpo no es mi cuerpo, sólo ojos,
la arena me aprisiona, me atenaza,
el cuerpo es mi cuerpo, la lengua se
desliza apenas lenta por el acre
y denso vómito viscoso, crujen los dientes,
y el peso, el peso, la losa sobre el
pecho respirando; más abajo la nada,
el cuerpo es medio cuerpo y es mi cuerpo,
ahogo de aire denso. Dónde estoy,
donde estoy es oscuro, dónde, dónde
estoy, donde estoy es todo oscuridad.
(del libro Us deixo el meu llegat per si algún dia... – Os dejo mi legado por si un día..., inédito)

He citado dos veces a Celan en este comentario sobre la poesía de Anna Rossell porque pienso que hay una conexión innegable entre el espíritu poético y cívico de ambos. El primero vivió el horror en su piel, Anna es capaz de sentirlo y expresarlo vicariamente, como si se transformara en la voz de aquellos que ahora mismo están inmersos en aquel horror. La comunión de sentido acaba siendo comunión también de formas, pues, pese a no ser iguales, las de ambos beben de la misma fuente. Y no por un motivo de imitación, sino sencillamente, de eficacia.

Después de esta incursión por el universo poético de Anna Rossell, constatamos –ya que tengo la suerte de conocerla personalmente– que coincide punto por punto con el personal. Se trata de un universo complejo, que en nuestro afán analítico para hacernos comprender hemos reducido a tres elementos y sus combinaciones, pero que, como siempre que intentamos definir, nos deja con la sensación de que no lo decimos todo.
Avanzamos pues un poco más, tratando de presentar otros aspectos que vayan más allá de la autenticidad –consecuencia de esta relación directa entre vida y poesía– o de las motivaciones que advertimos en sus poemas.
Hablamos, por ejemplo de las técnicas empleadas.
Ya hemos dejado claro cuál es la que utiliza para los poemas de reivindicación o denuncia social, una técnica, aprovechamos para decirlo, que la deja a una distancia sideral de la mayoría de los que, con buena intención pero nula sabiduría, perpetran panfletos en vez de poemas. Con su manera de hacerlo, Anna Rossell no sólo dignifica la humanidad de los humillados, sino que establece una paridad entre la solemnidad de la forma y la trascendencia del hecho expuesto.
En contraste, cuando nos fijamos en aquellos poemas en los que surge el yo poético, nos encontramos con un panorama absolutamente distinto. Aquí la solemnidad se convierte sencillez y el verso amplio en breve, a veces, brevísimo:

Tengo,
así pues, no soy,
pues soy
lo que queda
cuando resto lo que
yo tengo.
Decir yo
es decir
soy.
Resta "tengo"
al "yo"
para ser.

(de su libro La herida en la palabra)

Es claro que no en todos la poeta utiliza formas tan esquemáticas, pero me ha parecido mejor poner este ejemplo extremo para ilustrar lo que quería decir: que, para ella, la forma viene condicionada por el fondo y que es capaz de manejarse en cualquier gama de estrofas normativas o inventadas.
En el caso de los poemas de viaje, el más adecuado, ya que se trata de relatar impresiones que causa lo que se está viendo, será escoger un estilo discursivo, capaz de reproducir en el lector el impacto de la realidad y dejar que las sensaciones los mimen:

Cuatro caritas menudas de ojos grandes observan temerosas
el momento, la más pequeña llora: asusta la piel
blanca. Los mayores han terminado ya, empiezan
los pequeños, la madre ofrece una papaya gigante
a la visita: abarka, abarka, abarka, í ni tié, í ni tié,
abarka, abarka, í ni tié.

(del libro Cuaderno de Malí)

La poesía de Anna Rossell se despliega así en todos los ámbitos de la vida, en los ciertamente dramáticos y en los aparentemente banales, en el yo íntimo y en el yo relacional. El factor común a todos y cada uno de ellos es su participación activa, su estremecimiento personal en penetrar. Es en este instante que la poeta los hace suyos y acaba por borrar los límites entre lo que afecta al otro y lo que le afecta a ella misma, y le da la voz precisa para expresarlo.
El resultado de esto es la belleza de unos versos construidos a la medida del mensaje. Que lo sean cuando es la propia alma la que nos habla no es de extrañar, pues están en correspondencia con la vivencia poética que la origina; que también lo sean cuando nos habla de los paisajes humanos de esta África que tanto ama, ya es más difícil, pero que también ocurra esto cuando nos relata las miserias y los horrores humanos más espantosos, ya forma parte del milagro que llamamos poesía.
Y es que Anna Rossell es poeta.

Publicado en RyF, Realidades y Ficciones -Revista literaria-, nº 18, Septiembre de 2014 – Año V, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, ISSN 2250-4281

19 de diciembre de 2013

UNA TEORÍA POÉTICA DE LA EXISTENCIA

*


Josep Anton Soldevila                   
El mur de Planck 
Premio Octubre de Poesía
Poesia 3 i 4, Valencia, 2013, 48 págs.

Dividido en tres partes -Fin de trayecto[1], de quince poemas más uno introductorio, no numerado; Estación de salida, de catorce, e In itinere, de tres-, Josep Anton Soldevila (Barcelona, 1949) compone un compendio de filosofía, a partir de una profunda mirada introspectiva.

Como dan a entender los intertítulos, se trata de un viaje metafórico, que hace el sujeto poético -el camino de la vida- desde que forma parte del universo como ser vivo y de la misma reflexión que sobre la vida emprende la voz poética en el poemario.

Haciéndose eco de El caminant i el mur (El caminante y el muro), de Salvador Espriu, Soldevila emprende una meditación que es, como escribía aquél, el viaje del "poeta, huésped inexperto de la vida, siempre en exilio a lo largo del tiempo difunto". Porque una de las constantes de la poesía de Soldevila es el exilio, el éxodo, la frontera, el poeta es un viandante por tierra inhóspita, yerma, un caminante, el horizonte es un no- horizonte -el muro-, aquél que para el poeta de la Pell de brau (La piel de toro) era la muerte y la incomunicación. De modo similar a Espriu, Soldevila, que además quiere añadir con el título de El muro de Planck una connotación científica a su escritura, toma el muro como metáfora del final de la existencia o como una imposibilidad de ir más allá, inherente a la vida misma, lo que la conforma de manera dialéctica.

El poemario es la culminación de una trilogía compuesta por El libro de los adioses (La Busca), Desde el desierto (In-VERSO) y El muro de Planck (3i4), un itinerario reflexivo hacia el interior, que el poeta aborda a partir de una dolorosa y traumática experiencia. El resultado es una visión ácida, poco esperanzadora de la existencia humana.

El primer poema de El muro de Planck , de carácter introductorio, en el que la voz poética parece debatir con Dios sobre la creación del Universo, nos da la pauta de lo que nos espera: " Dices / que en el principio era el silencio. / y yo, / que en el principio, / a este lado del muro, / las horas sueñan que el tiempo retrocede / y se sienta a esperarte. / / [...] // en los ojos abismados hacia al inicio / las carreteras son selvas domadas, / cebos que guían al Paraíso. // Pasé por allí una vez, / camino de Barcelona". El muro separa a Dios de su supuesta criatura, que da cuenta de que el Paraíso es un cebo y que ella misma no es sino un "parpadeo de luz", una existencia efímera, una más del universo. Esta tónica de negación metafísica y de desesperanza domina el poemario -y el periplo del caminante-, que sólo se rompe escasas veces por el espejismo de una felicidad efímera no desprovista de dolor: "No hay llanto ni espina / que no cante la frágil belleza / del instante feliz" (9).

Se desprende del poemario una concepción mecanicista de la existencia, que se refleja en el estilo analítico, a menudo de aseverativa contundencia de los poemas, que juega con las teorías físicas del relativismo determinista y la cuántica aleatoria de lo que la física teórica conoce con el nombre de Muro de Planck. El trasfondo filosófico sobre el condicionamiento determinista o la probabilidad inexplicable de la actuación humana acompaña constantemente el pensamiento del sujeto poético, que se ve a sí mismo, a veces con la distancia del humor, como un producto equivocado de la robótica: Vine al mundo con tres giroscopios / de serie. / Uno en la cabeza, el otro en el corazón y el otro en el sexo. / [...] //. Era evidente que habría / problemas de coordinación" (6).

Esta idea del ser humano como producto errado de la creación se ve reforzada a menudo a lo largo del itinerario poético; haciendo un símil entre la (suprema) fuerza creadora y un magistrado de la justicia leemos: Un juez borracho me condenó:/ A sentir y no saber. / A saber y no sentir " (17).

Como cualquier otro ser de la creación, el humano parece moverse por mecanismos automáticos: Los árboles dicen que sí / a preguntas que nunca les harán. // Es el viento; [...]. // También yo he dicho que sí / en la refriega de la tormenta, / y no sabía / cuál era la pregunta" (1). La criatura humana responde maquinalmente a los estímulos, la libertad es una quimera: Sé [...] / Que me moveré hacia la chispa / aún ignorando si es de estrella o de fósforo" (6). El funcionamiento del alma y de las emociones son equiparados al de la micromateria: "Como la vibración de los átomos / se hace materia, / el movimiento del alma / se convierte en sentimientos / y  acciones en el hombre" (3). O bien: “Soy una arruga del tiempo, / el capricho de un átomo", pero, salvaguardando con humor la propia dignidad, el poeta concluye: "Pero sin mí no hay Universo" (14).

Sobre la base de esta convicción no hay esperanza, o, si la hay, está oculta: “No hay horizonte, sólo pared / urdida por el invierno. [...] // Pareceríamos condenados [...] // A caer en el engaño / de esta profunda nieve / que oculta las flores" (7). La voz poética se ve a sí misma como el camino, pero un camino accidental, un episodio: "Soy una desviación / de la carretera, / un camino secundario" (15). El sujeto poético es un eterno exiliado, está fuera de lugar -"Y yo, que ocupo un lugar que nunca será mío, [...]"- (25), es un Sísifo condenado a un peregrinaje absurdo: "[ . ..] camino / por las horas que me quedan / sin llegar nunca. // Soy mi propia distancia" (20).

El yo poético se siente arrojado al mundo, desubicado, sin claves para entender la vida, cuando escribe con ironía: "Adiviné la vida / en la mirada negra de los años, [...] // fotografié  / los planos, robé / los documentos. // los descifraré / una de estas eternidades" (18). Vive en un estado de angustia existencial constante por la amenaza de los peligros que no comprende, y la tensión que le provoca el deseo de claridad y orientación es el único sentido: "Muero entre los dientes del tiempo; / apenas nacido el sentimiento / ya he de defenderlo del marfil. // [...] Trato de hacerle reír, / porque mientras río no me hace añicos / y puedo ver más allá de la oscuridad. // [...] // Llegar no con el pensamiento sino con los dedos:/ he aquí el motivo de esta ardiente prórroga" (26). Como único dato orientativo, aprendizaje de la experiencia dolorosa, se manifiesta la propia fragilidad y la seguridad de la aspereza y el sufrimiento de la travesía, de la que el sujeto poético adquiere conciencia en el ecuador de su itinerario vital: "A medio camino supe / que íbamos a la guerra. / Yo llevaba espada de algodón / y flechas de arcilla. // [...]" (11) .

Si bien la mayoría de los poemas son autoreflexivos, exclusivamente introspectivos, ocasionalmente la voz invoca un "tú", aquel otro, compañero de itinerario, que da algún sentido: el deseo de conocimiento del otro como aspiración: "[…] / Desenterrar el alma que te nombra, / eso únicamente. [...]" (27), o bien: “[...]. / Sucio de pasado, / me gusta / que otros, empapados como yo, / se sienten cerca de mí" (30).

La palabra, como metonimia para referirse al lenguaje, a la comunicación, es uno de los puntales de reflexión para el poeta, un eje en torno al cual algo podría cobrar significado: "¿En qué creemos?, decías. / En la vida y en el juego, / en la palabra y la verdad. / [...]" (22), y a pesar del escepticismo de la voz poética, que pone en duda su utilidad como herramienta de comunicación: " Quizás al después de todo, / no eres la palabra que digo, [...]" (12), claramente se presenta como la tabla de salvación del yo poético, que cierra el poemario así: [...], naufrago dentro de mí / si no fuera por las letras / que conmigo sobrenadan. // [...], sé que nada me salvará de la tormenta; / llueve dentro del cráneo y no tengo paraguas” (32).

Además de la mencionada trilogía, Josep Anton Soldevila, escritor bilingüe, ha publicado también los poemarios La Frontera de Cristal (1977), Les paraules que no has après a dir (Las palabras que no has aprendido a pronunciar ) (1985), Un vast naufragi de somnis (Un vasto naufragio de sueños) (1989),Cendres blanques (Cenizas blancas) (1991), Últim refugi (Último refugio) (2002), la antología Poesia Recollida 1985-2000 (Compendio de Poesía 1985-2000), la novela El Nudo (2001) y el libro de cuentos No serà tan fàcil (No será tan fácil) (2009).  

El muro de Planck ha sido merecedor este año del Premio Octubre de Poesía .


© Anna Rossell 

Publicado en: http://diariopoliticoyliterario.blogspot.com.es/2013/12/una-teoria-poetica-de-la-existencia.html#links

23 de agosto de 2013

LA POESIA D'ANNA ROSSELL

*
per Josep Anton Soldevila (Al original catalán sigue su traducción al español)

*
Josep Anton Soldevila amb tertulianes d'El Laberint d'Ariadna
/ Josep Anton Soldevila con tertulianas de El Laberinto de Ariadna


Va ser en el transcurs d’un recital, en el marc de la Setmana de la Poesia de Barcelona de maig del 2011 que vaig sentir a l’Anna Rossell llegint  el poema Todesfuge, de Paul Celan. Jo sabia de l’existència d’aquest cèlebre poema sobre l’Holocaust, però mai no l’havia llegit i molt menys, sentit recitar. L’Anna ho va fer, primer en alemany i després en la seva pròpia traducció al castellà. Vaig quedar tan impressionat per la seva manera de dir-lo, que quasi no em va caldre sentir la versió castellana per entendre’l de cap a peus, i dic això en tots els seus sentits i accepcions, perquè em va estremir física i anímicament.

Llavors feia poc, menys d’un any, que acabava de llegir el seu llibre de poemes, La ferida en la paraula i no tenia la impressió que el seu contingut, la seva essència o raó, tingués gaire cosa a veure amb poemes com aquell. Puc dir-ho amb seguretat, perquè guardo les paraules amb les quals vaig expressar-li la meva opinió:
*
"Benvolguda Anna, he llegit el teu poemari - la prosa la deixo per a més endavant - i volia compartir amb tu així, "au pié levé", que diuen els francesos, les impressions que m'ha produït. I dic impressions i no impressió perquè són diverses les rebudes; no en va es tracte de varis llibres en un volum (és cert però, que també nosaltres som vàries persones en un volum...).
*
Hi he trobat la pinzellada impressionista barrejada amb la meditació filosòfica, cosa aparentment contradictòria i que en el llibre esdevé estranyament natural. També el teu viatge (i dic viatge i no lluita... ) constant entre la ciutat de la raó i la de l'emoció, sense renunciar a cap d'ambdós paisatges. La clarividència de la veritat embolcallada de tendresa i una contenció serena al posar paraules als sentiments.
Però com diuen les paraules de T.S. Eliot : "Només per la forma, la norma/poden les paraules o la música assolir/la calma/ com un gerro xinès/ es mou perpètuament en la seva serenor". Tot això que dius no seria poesia si no fos per com ho dius. En aquest llibre  el maridatge de fons i forma és perfecte, et felicito sincerament."
L’emoció a la qual feia referència en el meu comentari es decantava cap a una concepció purament lírica de la poesia, si bé alguna cosa em devia trontollar en el raonament, quan em vaig decidir a acabar-lo amb aquesta frase:
"I dir que sí, que al món hi ha encara lloc per a l'esperança, la il·lusió no és vana. Per això la poesia i els poetes i el compartir i nomenar."
*
Potser un pressentiment, més enllà del meu precipitat judici, em deia que hi havia alguna cosa més en aquella poesia tan diversa del llibre: una fonda desesperació per la condició humana, pels abismes d’una condició humana, que traspuava sense acabar de surar d’alguns dels poemes.
Així, l’argument d’aquest primer llibre girava a l’entorn de tres eixos que després s’han confirmat com els grans temes de la poesia d’Anna Rossell: l’emoció íntima, el viatge i el dolor de la humanitat.
A vegades trobem poemes on aquests elements apareixen aïllats dels altres dos, únic, com en aquest poema on l’emoció ens talla l’alè:
*
Se’ns ha aturat el temps,
te n’has anat,
i és ara
-quan tota relació esdevé vana i inútil-,
que sóc conscient que hem fet
la ruta sens trobar-nos.
I ara només em resta el silenci
i el no res.


(La ferida en la paraula)

El viatge, dins d’un llibre que és tot ell una crònica:

La cinta fa el camí, empolsegada
i clara, enmig, un baobab; un home
jeu a un banc davall un arbre espès
;

(Quadern Malià)

El dolor de la Humanitat, explicitat en l’horror nazi:

Hi ha una dona que no es mou,
al jaç. Té la mirada fixa
a la paret i un floc de cabell llarg
i greixós damunt dels llavis entreoberts.
Sembla que respira subtilment, encara,


però ja és morta.

(Birkenau-El verger dels bedolls, inèdit)
*
En altres moments, els elements es barregen, de la mateixa manera que en la pròpia vida i llavors ens dóna versos que combinen l’esglai personal amb la profunditat filosòfica, tot utilitzant unes estructures quasi sàlmiques - a la manera d’un text bíblic. - com així mateix fa servir Celan en el Todesfuge que hem citat al començament.
Això ho veiem clarament en moltes de les estrofes del seu llibre Us deixo el meu llegat per si un dia..., encara inèdit:

Qui ensinistra les ments dels
innocents? Qui s’erigeix en jutge d’un
igual?, qui? Qui condemna pasteres a
la mort?, qui? Qui persegueix per gust de
perseguir? Qui dispara per gust de
disparar? Qui aixeca murs i tanca les
fronteres al desesperat? Qui el lliura a
la terra de la mort? No ho sap ningú?
Ho sap algú? Ho sabem
                                        tots?


o en aquest altre, on és la tècnica de la repetició de paraules en oracions diferents i consecutives la que crea l’efecte de salm:

el cos és un mig-cos, és el meu cos,
ofec de l’aire dens. És fosc el lloc
on sóc, on sóc, on sóc és la foscor,


He citat dues vegades a Celan en aquest comentari sobre la poesia de l’Anna Rossell perquè trobo que hi ha una connexió innegable entre l’esperit poètic i cívic de tots dos. El primer va viure l’horror en la seva pell, l’Anna es capaç de sentir-lo i expressar-lo vicàriament, com si es transformés en la veu d’aquells que ara mateix hi estan immersos. La comunió de sentit acaba sent comunió també de formes, doncs, tot i no ser iguals, les d’ambdós beuen de la mateixa font. I no per un motiu d’imitació, sinó senzillament, d’eficàcia.
*
Després d’aquesta incursió per l’univers poètic d’Anna Rossell, constatem - ja que tinc la sort de conèixer-la personalment-  que coincideix punt per punt amb el personal. Es tracte d’un univers complex, que en el nostre afany analític per fer-nos comprendre hem reduït a tres elements i les seves combinacions, però que, com sempre que intentem definir, ens deixa amb la sensació de que no ho diem tot.
*
Avancem doncs una mica més, tractant de presentar altres aspectes que vagin més enllà de l’autenticitat – conseqüència d’aquesta relació directa entre vida i poesia – o de les motivacions que advertim en els seus poemes.
Parlem, per exemple de les tècniques emprades.
Ja hem deixat clar quina és la que utilitza per als poemes de reivindicació o denuncia social, una tècnica, aprofitem per dir-ho, que la deixa a una distància sideral de la majoria dels qui, amb bona intenció però nul·la saviesa, perpetren pamflets en comptes de poemes. Amb la seva manera de fer-ho, Anna Rossell no només dignifica la humanitat dels humiliats, sinó que estableix una paritat entre la solemnitat de la forma i la transcendència del fet exposat.
*
En contrast, quan ens fixem en aquells poemes en els quals sorgeix el jo poètic, ens trobem amb un panorama absolutament distint. Aquí la solemnitat esdevé senzillesa i el vers ampli en breu, a vegades, brevíssim:

Tinc,
per tant, no sóc,
doncs sóc
allò que queda
quan resto el que
jo tinc.
Dir jo
és dir
sóc.
Treu “tinc”
al “jo”
per ser.


(La ferida en la paraula)

És clar que no en tots la poeta utilitza formes tan esquemàtiques, però m’ha plagut posar aquest exemple extrem per il·lustrar el que volia dir, que és que, per a ella, la forma ve condicionada pel fons i que és capaç de manegar-se en qualsevol gama d’estrofes normatives o inventades.
En el cas dels poemes de viatge, el més adient, ja que es tracta de relatar impressions que causa el que s’està veient, serà escollir un estil discursiu, capaç de reproduir en el lector l’impacte de la realitat i deixar que les sensacions els acaronin:

Quatre carones d'ulls rodons observen temoroses
el moment, la més petita plora: espanta la pell
blanca. Els grans ja han acabat, els nens
comencen, la mare ofrena una papaia gegant
als forasters: abarka, abarka, abarka, í ni tié, í ni tié,
abarka, abarka, í ni tié.


(El Quadern Malià)

La poesia d’Anna Rossell es desplega així en tots els àmbits de la vida, en els certament dramàtics i en els aparentment banals, en el jo íntim i en el jo relacional. El factor comú a tots i cadascun d’ells és la seva participació activa, el seu estremiment personal en penetrar-hi. És en aquest instant que la poeta els fa seus i acaba per esborrar els límits entre el que afecta a l’altre i el que l’afecta a ella mateixa, i li dóna la veu precisa per expressar-ho.
*
El resultat d’això és la bellesa d’uns versos construïts a la mida del missatge. Que ho siguin quan és la pròpia ànima la que ens parla no és res estrany, doncs estan en correspondència amb la vivència poètica que l’origina; que també ho siguin quan ens parla dels paisatges humans d’aquesta Àfrica que tant estima, ja és més difícil, però que també passi això quan ens relata les misèries i els horrors humans més espantosos, ja forma part del miracle que en diem poesia.
I és que Anna Rossell és poeta.

Josep Anton Soldevila
*
*

LA POESÍA DE ANNA ROSSELL
(Traducción  al español de Anna Rossell)

por Josep Anton Soldevila


Fue en el transcurso de un recital, en el marco de la Semana de la Poesía de Barcelona de mayo de 2011 cuando oí a Anna Rossell leyendo el poema Todesfuge, de Paul Celan. Yo sabía de la existencia de este célebre poema sobre el Holocausto, pero nunca lo había leído y mucho menos, oído recitar. Anna lo hizo, primero en alemán y luego en su propia traducción al español. Quedé tan impresionado por su manera de decirlo, que casi no me hizo falta escuchar la versión española para entenderlo de pies a cabeza, y digo esto en todos sus sentidos y acepciones, porque me estremeció física y anímicamente .

Entonces hacía poco, menos de un año, que acababa de leer su libro de poemas, La ferida en la paraula (La herida en la palabra) y no tenía la impresión de que su contenido, su esencia o razón, tenía mucho que ver con poemas como aquel. Puedo decirlo con seguridad, porque conservo las palabras con las que le expresé mi opinión:

"Estimada Anna, he leído tu poemario - la prosa la dejo para más adelante - y quería compartir contigo así," au pié levé", que dicen los franceses, las impresiones que me ha producido. Y digo impresiones y no impresión porque son varias las recibidas, no en vano se trata de varios libros en un volumen (es cierto sin embargo, que también nosotros somos varias personas en un volumen ...).
He encontrado la pincelada impresionista mezclada con la meditación filosófica, algo aparentemente contradictorio y que en el libro se convierte en extrañamente natural. También tu viaje (y digo viaje y no lucha ...) constante entre la ciudad de la razón y la de la emoción, sin renunciar a ninguno de ambos paisajes. La clarividencia de la verdad envuelta en ternura y una contención serena al poner palabras a los sentimientos.
Pero como dicen las palabras de T.S. Eliot: "Sólo por la forma, la norma / pueden las palabras o la música alcanzar / la calma / como un jarrón chino / se mueve perpetuamente en su serenidad". Todo esto que dices no sería poesía si no fuera por cómo lo dices. En este libro el maridaje de fondo y forma es perfecto, te felicito sinceramente. "

La emoción a la que hacía referencia en mi comentario se decantaba hacia una concepción puramente lírica de la poesía, si bien algo me debía tambalearse en el razonamiento, cuando me decidí a terminarlo con esta frase:
"Y decir que sí, que en el mundo hay todavía lugar para la esperanza, la ilusión no es vana. Por eso la poesía y los poetas y el compartir y nombrar."
Quizás un presentimiento, más allá de mi precipitado juicio, me decía que había algo más en aquella poesía tan diversa del libro: una honda desesperación por la condición humana, por los abismos de una condición humana, que rezumaba sin terminar de flotar de algunos de los poemas.
Así, el argumento de este primer libro giraba en torno a tres ejes, que después se han confirmado como los grandes temas de la poesía de Anna Rossell: la emoción íntima, el viaje y el dolor de la humanidad.

A veces encontramos poemas donde estos elementos aparecen aislados de los otros dos, único, como en este poema donde la emoción nos corta el aliento:

Se nos ha parado el tiempo,
te has ido,
y ahora
-cuando toda relación deviene vana e inútil-,
soy consciente de que hemos hecho
la ruta sin encontrarnos.
Y ahora sólo me quedan el silencio
y la nada.


(La herida en la palabra)
*
El viaje, dentro de un libro que es todo él una crónica:

La cinta hace el camino, clara
y polvorienta, en medio, un baobab; un hombre
yace sobre un banco, bajo un árbol frondoso

(Cuaderno de Malí)

El dolor de la Humanidad, reflejado en el horror nazi:

Hay una mujer que no se mueve
en el camastro. Tiene la mirada fija
en la pared y un mechón de pelo largo
y grasiento sobre el labio entreabierto.
Parece que respira sutilmente aún,


pero ya está muerta.

(Birkenau-El vergel de los abedules, inédito)

En otros momentos, los elementos se mezclan, de la misma manera que en la propia vida, y entonces nos da versos que combinan la conmoción personal con la profundidad filosófica, utilizando unas estructuras casi sálmicas - a la manera de un texto bíblico. - Como asimismo emplea Celan en el Todesfuge que hemos citado al principio.
Esto lo vemos claramente en muchas de las estrofas de su libro Us deixo el meu llegat per si algún dia... / Os dejo mi legado por si un día ..., todavía inédito:

¿Quién adiestra las mentes de los
inocentes? ¿Quién se erige en juez de un
igual?, ¿quién? ¿Quién condena pateras a
la muerte?, ¿quién? ¿Quién persigue por gusto de
perseguir? ¿Quién dispara por gusto de
disparar? ¿Quién levanta muros y cierra las
fronteras al desesperado? ¿Quién lo entrega a
la tierra de la muerte? ¿Nadie lo sabe?
¿Lo sabe alguien? Lo sabemos
                                        todos?


o en este otro, donde es la técnica de la repetición de palabras en oraciones diferentes y consecutivas la que crea el efecto de salmo:

El cuerpo no es mi cuerpo, sólo ojos,
la arena me aprisiona, me atenaza,
el cuerpo es mi cuerpo, la lengua se
desliza apenas lenta por el acre
y denso vómito viscoso, crujen los dientes,
y el peso, el peso, la losa sobre el
pecho respirando; más abajo la nada,
el cuerpo es medio cuerpo y es mi cuerpo,
ahogo de aire denso. Dónde estoy,
donde estoy es oscuro, dónde dónde
estoy, donde estoy es todo oscuridad


(Us deixo el meu llegat per si algún dia... / Os dejo mi legado por si un día ..), inédito:

He citado dos veces a Celan en este comentario sobre la poesía de Anna Rossell porque pienso que hay una conexión innegable entre el espíritu poético y cívico de ambos. El primero vivió el horror en su piel, Anna es capaz de sentirlo y expresarlo vicariamente, como si se transformara en la voz de aquellos que ahora mismo están inmersos en aquel horror. La comunión de sentido acaba siendo comunión también de formas, pues, pese a no ser iguales, las de ambos beben de la misma fuente. Y no por un motivo de imitación, sino sencillamente, de eficacia.

Después de esta incursión por el universo poético de Anna Rossell, constatamos - ya que tengo la suerte de conocerla personalmente- que coincide punto por punto con el personal. Se trata de un universo complejo, que en nuestro afán analítico para hacernos comprender hemos reducido a tres elementos y sus combinaciones, pero que, como siempre que intentamos definir, nos deja con la sensación de que no lo decimos todo.

Avanzamos pues un poco más, tratando de presentar otros aspectos que vayan más allá de la autenticidad -consecuencia de esta relación directa entre vida y poesía- o de las motivaciones que advertimos en sus poemas.
Hablamos, por ejemplo de las técnicas empleadas.
Ya hemos dejado claro cuál es la que utiliza para los poemas de reivindicación o denuncia social, una técnica, aprovechamos para decirlo, que la deja a una distancia sideral de la mayoría de los que, con buena intención pero nula sabiduría, perpetran panfletos en vez de poemas. Con su manera de hacerlo, Anna Rossell no sólo dignifica la humanidad de los humillados, sino que establece una paridad entre la solemnidad de la forma y la trascendencia del hecho expuesto.

En contraste, cuando nos fijamos en aquellos poemas en los que surge el yo poético, nos encontramos con un panorama absolutamente distinto. Aquí la solemnidad se convierte sencillez y el verso amplio en breve, a veces, brevísimo:

Tengo,
así pues, no soy,
pues soy
lo que queda
cuando resto lo que
yo tengo.
Decir yo
es decir
soy.
Resta "tengo"
al "yo"
para ser.


(La herida en la palabra)

Es claro que no en todos la poeta utiliza formas tan esquemáticas, pero me ha parecido mejor poner este ejemplo extremo para ilustrar lo que quería decir: que, para ella, la forma viene condicionada por el fondo y que es capaz de manejarse en cualquier gama de estrofas normativas o inventadas.
En el caso de los poemas de viaje, el más adecuado, ya que se trata de relatar impresiones que causa lo que se está viendo, será escoger un estilo discursivo, capaz de reproducir en el lector el impacto de la realidad y dejar que las sensaciones los mimen:

Cuatro caritas menudas de ojos grandes observan temerosas
el momento, la más pequeña llora: asusta la piel
blanca. Los mayores han terminado ya, empiezan
los pequeños, la madre ofrece una papaya gigante
a la visita: abarka, abarka, abarka, í ni tié, í ni tié,
abarka, abarka, í ni tié.


(Cuaderno de Malí)

La poesía de Anna Rossell se despliega así en todos los ámbitos de la vida, en los ciertamente dramáticos y en los aparentemente banales, en el yo íntimo y en el yo relacional. El factor común a todos y cada uno de ellos es su participación activa, su estremecimiento personal en penetrar. Es en este instante que la poeta los hace suyos y acaba por borrar los límites entre lo que afecta al otro y lo que le afecta a ella misma, y ​​le da la voz precisa para expresarlo.
El resultado de esto es la belleza de unos versos construidos a la medida del mensaje. Que lo sean cuando es la propia alma la que nos habla no es de extrañar, pues están en correspondencia con la vivencia poética que la origina; que también lo sean cuando nos habla de los paisajes humanos de esta África que tanto ama, ya es más difícil, pero que también ocurra esto cuando nos relata las miserias y los horrores humanos más espantosos, ya forma parte del milagro que llamamos poesía.

Y es que Anna Rossell es poeta.

Josep Anton Soldevila