28 de enero de 2012

ÚLTIMO POEMARIO DE FELIPE SÉRVULO, GRAN POETA AMIGO

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Reseña de Noemí Trujillo del poemario LA NIÑA DE LA COLINA, de Felipe Sérvulo

jueves, enero 26, 2012

La niña de la Colina(Felipe Sérvulo, IN-VERSO, 2012)

NOEMÍ TRUJILLO

Comencé a leer a Felipe Sérvulo cuando firmaba con el nombre de Felipe S. González. El primer libro suyo que cayó en mis manos fue su segundo poemario publicado, Las noches del Sur (Diputación Provincial de Jaén, 1996) y sólo dos versos fueron suficientes para enamorarme del trazo limpio de su poesía: “Si me llamas y no estoy, / déjame grabado un sueño”. Entonces entendí cómo sucede ese milagro de pintar imágenes que parecen reales con palabras concisas y exactas; y supe que tenía mucho que aprender de él. En cada nuevo poema del libro aparecían dibujados, como si de una acuarela se tratara, restos de un naufragio conocido : “Por la mañana, / cumplido el rito, regresaremos / al puro formulismo / de las despedidas”. A partir de entonces y en cada uno de sus libros, he encontrado en las estrofas de Felipe estrellas, puntos de nostalgia, lirios cortados, y la sombra de la tradición que todo poeta que se precie debe llevar a sus espaldas.

El próximo mes de febrero verá la luz el quinto poemario de Felipe Sérvulo, La niña de la colina, publicado por un nuevo sello editorial, IN-VERSO Ediciones de poesía.
Ya en su libro anterior, La ciudad de hielo, con el telón de fondo del conflicto europeo de la Guerra de los Treinta Años, la retina del poeta nos enseñaba a comprender el diálogo entre el paisaje y la memoria. Felipe es un hombre asomado a una ventana mirando el amanecer; un hombre solo que busca su camino y que nos recuerda que la vida es como una batalla y el amor la única patria posible: “Siempre creí / que, lejos de tu aliento,/ no vería salvación”. Entre las brumas del recuerdo, nos abre un laberinto: “Al buscar la senda, / supieron que jamás verían hijos, / ni un reino nuevo, / ni un río que llevara / a otro mar”. Y entonces, comprendemos el incendio de la ciudad de Magdeburgo: “Magdeburgo sólo era / el humo espeso / y ninguna palabra”. Y sentimos la soledad de Lucía Quirante, personaje a quien está dedicado el libro Cartografía de la materia (formado por La ciudad de hielo y De la pureza de la tierra); personaje que brota del imaginario del poeta, quien nos dice que Lucía Quirante murió en el incendio de la ciudad de Magdeburgo en mayo de 1631. Y a partir de ahí, todos añoramos a Lucía Quirante y sabemos que todo sin ella es distinto.
En el poemario De la pureza de la tierra Felipe nos lleva hasta el Cortijo del Fraile (Almería), el lugar donde se desarrollaron los sucesos que, años más tarde, inspiraron a García Lorca sus Bodas de Sangre. Nuevamente el artista, el poeta, el historiador que hay en Felipe Sérvulo, rompe una viga hecha de color azul y cal triste para hablarnos de otra mujer, Francisca Cañada, la protagonista involuntaria de esta tragedia que inmortalizó el poeta.
La mujer siempre está presente en la poesía de Felipe, como una cuna de recuerdos. La imagen de la sangre, el camino de Níjar, la tierra del Cabo de Gata y una mujer estigmatizada que evocan los versos de Felipe. Felipe, que es fiebre y es caricia, que nos recuerda que pasa el tiempo y cae sobre nosotros, que “ hay que poder vivir / hasta gastar el aliento”.
Felipe Sérvulo es un autor al que se vuelve. Porque combina a la perfección la poesía, la filosofía, la historia y la memoria. Quizá como nadie más sepa hacerlo. Y por ese motivo es una buena noticia saber que se publica en breve su quinto poemario en el que con el frío viene una niña a vernos. El frío es esta crisis económica, esta crisis de valores, esta crisis poética, esta angustia existencial. La niña de la que nos habla Felipe es ese ser al que todos amamos, ese ser como esencia, que está en las íntimas fantasías, pero que alguna vez, se materializa y forma parte de nosotros, según palabras del propio autor:

Con el frío, esta madrugada
ha ocurrido el prodigio:
ha venido la niña a vernos.

Yo quiero ser esa niña, esa niña que Felipe Sérvulo ha traído sin querer a la mesita de noche de mi habitación y con la que me encuentro antes de acostarme. Esa niña tímida y silenciosa que tiene la cara llena de barro, el vestido ajado y los ojos bonitos. Me pregunto si la poesía misma no es también esa niña con telarañas en su pelo, esa niña callada de gesto cariñoso y sonrisa entristecida. Lo mejor de esa niña es que para el lector puede ser cualquier otra cosa, cualquier recuerdo que converja en él. Ese es el gran triunfo de Felipe Sérvulo como poeta, es capaz de quedarse en el corazón del lector como un regalo inesperado, como una música que escuchamos, como todas esa promesas que hicimos y que nos hicieron.
La niña comienza con una frase de Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó: “Realmente, mañana será otro día”. Con la crisis que vivimos esta frase está rabiosamente de actualidad, es el único consuelo al que podemos aferrarnos todos los que padecemos el desplome de la economía europea. Que mañana será otro día. La colina a la que alude el título es Tara, la Colina de los Reyes de Irlanda; lugar sagrado e ideal, como los sueños. Y en Tara –otra Tara– está Vivien Leigh. Y la pobre niña, en su extravío, quiere vivir en ambas. ¿Acaso muchos de nosotros no pensamos en estos momentos en vivir en otro país? Los reyes irlandeses, la indestructible Vivien, la niña, aunque marcharon hace mucho tiempo, no han muerto, porque están en nuestra memoria como un fantasma lacaniano.
Amalia Sanchís ha editado este libro con extremo cuidado, prestando atención a cada detalle. La niña de la colina es el primer título de IN-VERSO, un sello de calidad que apuesta por autores de prestigio con una trayectoria consolidada; autores como Felipe Sérvulo, magos de la palabra que consiguen que nos reconozcamos en sus metáforas. Nunca me he sentido extranjera en la poesía de Felipe, siempre me he sentido bienvenida.
Felipe es un poeta al que vuelvo con ganas porque su poesía ahuyenta imágenes heridas que yo tenía en mi memoria. En este mar inmenso que es Internet y en el que todos navegamos, Felipe Sérvulo es un gran faro y su poesía consigue que no nos sintamos náufragos. Me ha gustado especialmente el poema Renovación, ahora que el mercado laboral es un tiburón sin escrúpulos que nos devora quizá todos debamos renovarnos, reinventarnos, poetizarnos. Acabo esta reseña con unos versos de este poema: “Tienes que mirar dentro. / Juntar palabras viejas / y tirarlas al mar, lejos. / Que nunca vuelvan”… “Aunque ahora dudes / ser pionera del lenguaje, / en este tiempo sin ternura”.
Porque vivimos en un mundo sin ternura, la poesía es más necesaria que nunca.

Fuente: http://lanauseanoticias.blogspot.com/2012/01/resena-de-noemi-trujillo-del-poemario.html

2 comentarios:

Noemí Trujillo dijo...

Gracias, Anna, por compartir la reseña.
Un abrazo
Noemí

Anna Rossell dijo...

Gracias a ti por escribirla y decir lo preciso con precisión y calidez, la que surge cuando las palabras del / de la reseñad@ llegan hondo por su calidad literaria y humana. Un beso, Noemí.