10 de junio de 2014

ENTREVISTA A ANNA ROSSELL, CONDUCIDA POR JOSEP ZEPOL-ZINC

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Miércoles / Dimecres, 04-06-2014

La entrevista es en catalán / L'entrevista és en català

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http://qdimaginacio.blogspot.com.es/2014/06/q-i-castelldefels-programa-63-amb-anna.html?spref=fb

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Entrevista 04-06-2014

7 de junio de 2014

PRESENTACIÓN DE LA ANTOLOGIA DE RELATOS V.V.A.A., "EL LABERINTO DE LA DICHA Y OTROS RELATOS"

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en el Ateneo Barcelonés, 06-06-2014

por Anna Rossell

Mi amiga y escritora, la poeta, Elena Peralta, que además de escribir siempre tiene entre manos proyectos culturales relacionados con la escritura, ha tenido, una vez más, la magnífica idea de relacionar el hecho literario con una dimensión que ella cultiva y que va más allá del fenómeno literario en sí: la dimensión social, pues la razón de ser de esta antología es la de recaudar fondos para fines benéficos, de los que ella a buen seguro nos hablará más concretamente. Con su escritura han contribuido al proyecto un nutrido grupo de escritores y escritoras españoles –25-, muchos/as de ellos/as conocidos/as de nosotros/as, que nos ofrecen un amplísimo abanico de relatos de registro y arquitectura de lo más variado, a menudo con una buena dosis de humor. Pero no quiero referirme específicamente a los cuentos que reúne la antología, ello supondría desvelar el secreto necesario para abordar la lectura con avidez e interés. Pero sí quisiera dedicar unas palabras a refrescar la eterna discusión que se niega tozudamente a ser zanjada y se vuelve a replantear una y otra vez: ¿Cómo definir el género literario del relato? ¿Es el relato sinónimo de cuento? ¿Dónde está la frontera entre relato y novela corta?

Cuando en 1828 Goethe llamó Novelle –en español diríamos novela corta o relato- a una narración breve, estaba revitalizando una tradición iniciada por Giovanni Boccaccio en el siglo XIV con su Decamerón, seguida en 1613 por las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, quien con Boccaccio comparte la paternidad de la novela corta. Goethe definía la Novelle o novela corta como la narración densa y comprimida de un hecho insólito.
Pero, admitiendo la sinonimia entre relato corto y cuento –me refiero a cuento literario, no al cuento popular-, ¿qué diferencia el relato corto o cuento de la novela corta? Una de las características diferenciadoras es, sin lugar a dudas, la extensión: un relato corto o cuento es menos extenso que una novela corta. Por lo demás ambos géneros comparten otros rasgos, tales como un argumento no muy complejo, número de personajes reducido y el hecho de pertenecer al mundo de la ficción, por más que pueda inspirarse en hechos reales. También les es común la economía de los recursos literarios empleados. De modo que, si el relato corto o cuento es más breve que la novela corta, convendremos en que, en el caso del cuento, la economía de recursos literarios es aún mayor, por lo que habrá que concluir que posiblemente sea más difícil escribir un cuento o relato corto que una novela corta, pues el/la autor/a tiene a su disposición menos recursos para contar una historia insólita. No digamos ya en el caso de los microrrelatos. Hay que admitir pues que la extendida creencia de que el cuento es el más fácil de los géneros literarios es un lugar común que nada tiene que ver con la realidad y que si la escritura se pagara en función de su dificultad, probablemente podría ser un día realidad aquello de que hay quien cultiva el arte de vivir del cuento. Lamentablemente ningún/a escritor/a puede vivir del cuento y casi ninguno/a, de ningún otro género literario.

He querido hacer esta reflexión para subrayar la dificultad que entraña el género que esta antología nos ofrece, un género en el que es más importante lo que no se dice que lo que se dice, un género en el que lo apuntado y no expreso se hace significativo, como el silencio en una conversación, un género en el que, como afirmaba Hemingway en su teoría del iceberg, vemos sólo la punta de la historia, que se sustenta sobre una amplia base, oculta, porque está sumergida y sólo podemos intuir a partir de síntomas indirectos y de ausencias.
Entre los primeros cuentos escritos en español se cuenta la colección El conde Lucanor, de Don Juan Manuel, datada entre 1330 y 1335, y es interminable la lista de autores renombrados que los han cultivado, sólo mencionar algunos/as como Edgar Allan Poe, Stephen King, Julio Verne, Horacio Quiroga, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Ana Mª Matute, Carmen Martín Gaite o Rosario Castellanos.

Anna Rossell
Definiciones del cuento según algunos escritores:

Blog de clase de Teresa Dey, consultada el 06-06-2014

1

El argentino Enrique Anderson Imbert, narrador, ensayista y docente universitario, a quien considero el puente perfecto entre el universo teórico y el universo creativo lo define así:

“El cuento vendría a ser una narración breve en prosa que, por mucho que se apoye en un suceder real, revela siempre la imaginación de un narrador individual.  La acción –cuyos agentes son hombres, animales humanizados o cosas animadas- consta de una serie de acontecimientos entretejidos en una trama donde las tensiones y distensiones, graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector, terminan por resolverse en un desenlace estéticamente satisfactorio”.[1]

La definición que propone Guillermo Cabrera Infante coincide con la de Helena Beristáin en algunas partes, sin embargo, él considera que la única forma de escribir cuento es por medio de la prosa.  El autor cubano dice que:

“El cuento es tan antiguo como el hombre. Tal vez más antiguo, pues bien pudo haber primates que contaran cuentos todos hechos de gruñidos, que es el origen del lenguaje humano: un gruñido bueno, dos gruñidos mejor, tres gruñidos ya son una frase.  Así nació la onomatopeya y con ella, luego, la epopeya.  Pero antes que ella, cantada o escrita, hubo cuentos todos hechos de prosa: un cuento en verso no es un cuento sino otra cosa: un poema, una oda, una narración con metro y tal vez con rima: una ocasión cantada no contada, una canción…” [2]

Juan Bosch,  el escritor dominicano, quien […] fue maestro de García Márquez, dice en sus Apuntes sobre el arte de escribir cuentos:

“¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidad de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento […] Aprender a discernir dónde hay un tema para cuento es parte esencial de la técnica. Esa técnica es el oficio peculiar con que se trabaja el esqueleto de toda obra de creación: es la <<tekné>> de los griegos o, si se quiere, la parte de artesanado imprescindible en el bagaje del artista […]. Se dice a menudo que el cuento es una novela en síntesis y que la novela requiere más aliento en el que la escribe. En realidad los dos géneros son dos cosas distintas […]. La diferencia fundamental entre un género y el otro está en la dirección: la novela es extensa; el cuento es intenso […]. El cuento tiene que ser obra exclusiva del cuentista. Él es el padre y el dictador de sus Criaturas; no puede dejarlas libres ni tolerarles rebeliones. Esa voluntad de predominio del cuentista sobre sus personajes es lo que se traduce en tensión por tanto en intensidad. La intensidad de un cuento no es producto obligado, como ha dicho alguien, de su corta extensión; es el fruto de la voluntad sostenida con que el cuentista trabaja su obra. Probablemente es ahí donde se halla la causa de que el género sea tan difícil, pues el cuentista necesita ejercer sobre sí mismo una vigilancia constante, que no se logra sin disciplina mental y emocional; y eso no es fácil.” [3]

Bosch habla de un hecho de indudable importancia, pero aún no nos aclara qué hace que un cuento lo sea a cabalidad y no algo más, por ejemplo: una estampa, un relato o una instantánea (si nos dejamos influir por el límite de tiempo que tenemos para leerlo…). Sigo preguntándome dónde encontrar lo que podría ser la osamenta del cuento […];  en la búsqueda, me encuentro con El arte del cuento, escrito por Flannery O’Connor, […].
Ella afirma:

“Desde mi punto de vista, hablar de la escritura de un cuento en términos de trama, personaje y tema es como tratar de describir la expresión de un rostro limitándose a decir dónde están los ojos, la boca y la nariz. […]. Un cuento es una acción dramática completa, y en los buenos cuentos, los personajes se muestran por medio de la acción, y la acción es controlada por medio de los personajes. Y como consecuencia de toda la experiencia presentada al lector se deriva el significado de la historia. […]. Un cuento compromete, de un modo dramático, el misterio de la personalidad humana. […]. Ningún lector creerá nada de la historia que el autor debe limitarse a narrar, a menos que se le permita experimentar situaciones y sentimientos concretos.  La primera y más obvia característica de la ficción es que trasmite de la realidad lo que puede ser visto, oído, olido, gustado y tocado. El escritor de ficciones debe comprender que no se puede provocar compasión con compasión, emoción con emoción, pensamientos con el pensamiento. Debe transmitir todas estas cosas, sí, pero provistas de un cuerpo: el escritor debe crear un mundo con peso y espacialidad.[…]. En la escritura de ficción, salvo en muy contadas ocasiones, el trabajo no consiste en decir cosas, sino en mostrarlas…
Un buen cuento no debe tener menos significación que una novela, ni su acción debe ser menos completa. Nada esencial para la experiencia principal deberá ser suprimido en un cuento corto. Toda acción deberá poder explicarse satisfactoriamente en términos de motivación; y tendrá que haber un principio, un nudo y un desenlace, aunque no necesariamente en este orden.
La única manera, creo, de aprender a escribir cuentos es escribirlos, y luego tratar de descubrir qué es lo que se ha hecho…”[4]

Flannery O’connor  habla desde su experiencia como creadora, para ella las cuestiones estructurales tienen el peso del armazón desprovisto de carne.  Por lo tanto, desde la perspectiva de esta autora, existe un punto esencial: el uso de los cinco sentidos para presentar imágenes que transmitan la experiencia. O’connor, como buena escritora, pone el acento en la emotividad tanto de los personajes como de las acciones desarrolladas por ellos.
Para terminar de definir este género, es indispensable citar a Cortázar y su conferencia sobre Algunos aspectos del cuento[5], donde dice que el cuento es un género de difícil definición, huidizo en sus múltiples y antagónicos aspectos.

“Porque un cuento, en última instancia, se mueve en ese plano del hombre donde la vida y la expresión escrita de esa vida libran una batalla fraternal, si se me permite el término; y el resultado de esa batalla es el cuento mismo, una  síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia. Sólo con imágenes se puede transmitir esa alquimia secreta que explica la profunda resonancia que un gran cuento tiene en nosotros, y que explica también por qué hay muy pocos cuentos verdaderamente grandes. […] un buen cuento es incisivo, mordiente, sin cuartel desde las primeras frases. […]. Un cuento es malo cuando se escribe sin esa tensión que debe manifestarse desde las primeras palabras o las primeras escenas. […]. Decíamos que el cuentista trabaja con un material que calificamos de significativo. El elemento significativo del cuento parecería residir principalmente en su tema, en el hecho de escoger un acaecimiento real o fingido que posea esa misteriosa propiedad de irradiar algo más allá de sí mismo. […] el resumen implacable de una cierta condición humana, o en el símbolo quemante de un orden social o histórico. […] esa significación misteriosa no reside solamente en el tema del cuento, […] intensidad y tensión, no se refieren solamente al tema sino al tratamiento literario de ese tema, a la técnica empleada para desarrollar el tema. […]. Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les bastará escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. […] es necesario un oficio de escritor, y ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa.

[1] Véase Enrique Anderson Imbert, Op. Cit., p.40.
[2] Guillermo Cabrera Infante, “Y va de cuentos”,  Letras libres,  Num. 33,  Año III,  México,  septiembre 2001,  p.12.
[3] Véase Juan Bosh, “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos” en Carlos López (comp.), Decálogos, Op. Cit.  pp. 115-120. O en Juan Bosh Gaviño, Apuntes sobre el arte de escribir cuentos,(1947),edición electrónica,http://www.clubcultura.com/literapolis/index.php
[4] Flannery O’Connor, Op. Cit. “El arte del cuento”, en Leopoldo Brizuela (comp.) Cómo se escribe, pp.203-211.
[5] Véase Julio Cortázar, “Algunos aspectos del cuento”,http://www.litterarius.com.es/algunos_aspectos_del_cuento.htm

Teorías sobre el cuento 
(Fuente: http://lilielphick.blogspot.com.es/2008/02/algunas-definiciones-y-opiniones-sobre.html, Bitácora de Lilian Elphick, consultada el 06-06-2014)

[El cuento] “dista tanto de constituir un género en sí como la novela.” 

Wolfgang Kayser. Interpretación y análisis de la obra literaria. p.489. [1]

“Cuento es una narración de acontecimientos (psíquicos o físicos) interrelacionados en un conflicto y su resolución, conflicto y resolución que nos hacen meditar en un implícito mensaje sobre el modo de ser del hombre.”

[…]

Enrique Anderson Imbert. Teoría y técnica del cuento. [2]
 
“[…]. Es inadmisible el juicio de que el cuento, por su extensión más breve (comparado con la novela) represente una forma de menor complejidad. Creemos que relatos como “El Aleph” o “El inmortal”, de Borges, o “Las babas del diablo” de Cortázar, demuestran la falsedad de este presupuesto.” 
  
Gabriela Mora. En torno al cuento: de su teoría general y de su práctica en Hispanoamérica. p.138. [3]


Poéticas sobre el cuento
  
“El cuento es siempre una especie de corte transversal efectuado en la realidad. Ese corte puede mostrar un hecho (una peripecia física), un estado espiritual (una peripecia anímica) o algo aparentemente estático: un rostro, una figura, un paisaje. El cuento no se limita a la descripción estática de un personaje, por el contrario, es siempre un retrato activo o, cuando menos, potencial. La anécdota es el resorte imprescindible del cuento.” 

Mario Benedetti. (¿?)

“[…]. Pero no es indispensable, adviértenos la retórica, que el tema a contra constituya una historia con principio, medio y fin. Una escena trunca, un incidente, una simple situación sentimental, moral o espiritual, poseen elementos de sobra para realizar con ellos un cuento. [También puede ser] la historia breve, enérgica y aguda de un simple estado de ánimo.” 

 Horacio Quiroga. “La retórica del cuento”. [4]
  
“El cuento, como el poema, representa una experiencia única e irrepetible. El escritor de cuentos contemporáneos no narra sólo [por]el placer de encadenar hechos de una manera más o menos casual, sino para revelar qué hay detrás de ellos; lo significativo no es lo que sucede, sino la manera de sentir, pensar, vivir esos hechos, es decir, su interpretación. El narrador de cuentos está en posesión de una clase de verdad que cobra forma significativa y estética a través de lo narrado. Mientras la novela transcurre en el tiempo, el cuento profundiza en él, o lo inmoviliza, lo suspende para penetrarlo. La función de un relato es agotar, por intensidad, una situación. La de la novela, desarrollar varias situaciones que, al yuxtaponerse, provocan la ilusión del tiempo sucesivo.” 

Cristina Peri Rossi. “La metamorfosis del cuento”. [5]

“En la historia (que sabemos escriben los dominadores), el cuento fue un género menor. La literatura estaba construida por cosas grandes, como la poesía, la novela, el ensayo. El cuento era cosa de mujeres, una práctica asociada a una subcultura que tenía que ver con calmar niños de noche, o asustar niños antes de dormir, pero de ambos modos, con seres inferiores en la escala social: niños, viejos y mujeres. En el habla común, por ejemplo, el cuentero corresponde a un delito tipificado por la ley; ser cuentera es degradante, puesto que se asocia con la mentira; andar con cuentos es ir con chismes; parece un cuento cuando algo está reñido con la razón; puro cuento, cuento aparte, cuentear, creerse el cuento, etc., son frases que siempre tienen una connotación negativa, asociada a lo femenino.” 
  
Pía Barros. “Había una vez; o mea culpa y a contar el cuento”. [6]

“El cuento se construye para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto. Reproduce la busca siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta. "La visión instantánea que nos hace descubrir lo desconocido, no en una lejana tierra incógnita, sino en el corazón mismo de lo inmediato", decía Rimbaud.
Esa iluminación profana se ha convertido en la forma del cuento”.
  
Ricardo Piglia. Tesis sobre el cuento. [7]

***
Quien hace una excelente investigación sobre el cuento es Gabriela Mora[8], que resume y critica las múltiples teorías en torno a este género, incluyendo las de Cortázar. Ricardo Piglia también llama la atención al establecer dos historias para el cuento: una superficial y otra oculta o profunda, siguiendo la teoría del iceberg de Hemingway de que lo más importante nunca se cuenta. Cristina Peri Rossi, como Cortázar y Poe, sitúa el cuento al lado del poema por “representar una experiencia única e irrepetible”. Para la escritora, el tiempo en el cuento debe ser trabajado en profundidad. Similar posición tiene Benedetti al definir el cuento como un “corte transversal efectuado en la realidad”. La intensidad (lo activo, lo enérgico, lo agudo) también está en el precepto VIII del Decálogo del Perfecto Cuentista de Quiroga: 

Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea”. (Mis subrayados). 

Anderson Imbert es criticado por Mora al confundir conceptos como narrador, autor, lector, trama (Mora.1993: 70-74). Lo más confuso es cuando el teórico habla de la resolución de un cuento como un “desenlace estéticamente satisfactorio”. Existen cuentos sin desenlace aparente o de ‘final abierto’ donde el o los posibles conflictos no se resuelven. Ejemplo de esto es Macario, de Rulfo donde la situación inicial del personaje se mantiene hasta el final, sin variación alguna. 

Frente a la opinión de Kayser sobre el cuento, tanto Barros como Mora disienten que éste sea un género menor. La primera alega la desvalorización y degradación del cuento frente a géneros ‘mayores’ como la novela y el ensayo; la segunda, sostiene que es inadmisible considerar la brevedad del cuento como algo de menor complejidad.

En cuanto al microrrelato o microcuento, que cada vez tiene más cultores, éste se nutre de muchos géneros literarios y ‘formas simples’, como el chiste, la anécdota, el caso. Recordemos que sus orígenes se remontan al modernismo hispanoamericano, con Rubén Darío a la cabeza. Más allá de ser o no un género independiente, y que tantos trabajos teóricos ha suscitado al respecto, el microcuento es una entidad literaria sumamente dinámica, que varía constantemente, como una medusa en el mar.


Nota: Sobre microcuento y postmodernidad recomiendo el ensayo de Francisca Noguerol, de la Universidad de Salamanca.


[1] Kayser, Wolfgang. Interpretación y análisis de la obra literaria. Madrid: Gredos, 1976. 

[2] Anderson Imbert, Enrique. Teoría y técnica del cuento. Buenos Aires: Marymar, 1979.

[3] Mora, Gabriela. En torno al cuento:de la teoría general y de su práctica en Hispanoamérica. Bs. As., Argentina: Danilo Albero Vergara, 1993.

[4] Quiroga, Horacio. “La retórica del cuento”. En: El Hogar (21 de diciembre de 1928). Reproducido enIdilio y otros cuentos, op. cit. Pp.110-113.

[5] Peri Rossi, Cristina. “La metamorfosis del cuento”. En: El cuento. Revista de Imaginación, Nºs. 92 y 93. México, 1984 y 1985. 

[6] Barros, Pía. “Había una vez; o mea culpa y a contar el cuento”. Revista Simpson 7, Vol. III, Primer semestre. Santiago, Chile, 1993. 

[7] Piglia, Ricardo. Tesis sobre el cuento. En http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/tecni/tesis.htm 

[8] Mora, Gabriela. En torno al cuento:de la teoría general y de su práctica en Hispanoamérica. Argentina: Danilo Albero Vergara, 1993.
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En la antología colaboran los/as siguientes autores/as: 

Soledad Serrano
José Verón Gormaz
Enrique Gracia Trinidad
Manuel Español
Luis Ricardo suárez
Pilar Aguarón Ezpeleta
Giovani Albertocchi
Anna Rossell
Ángel Guinda
Miguel Ángel Yusta
Alejandro Romera
Ramón Acín
Chiqui Peralta Valero
Felipe Sérvulo
Francisco J. Picón
Ángeles Fernangómez
Fernando Aínsa
Ricardo Fernández Esteban
Santiago Tena
Edmundo Bolaños
Rebeca Barrón Sabando
José Guadalajara
Lucía Santamaría Nájara
Aicha E. Iglesias
Elena Muñoz




14 de mayo de 2014

UNA PREMONICIÓN DE ACTUALIDAD

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Joseph Roth, El Anticristo,
Introducción de Ignacio Vidal-Folch,
Trad. de José Luis Gil Aristu,
Capitan Swing, Madrid, 2013, 224 págs.
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por Anna Rossell

Increíble, por clarividente, este ensayo del austríaco Joseph Roth (Brody –Galitzia-, 1894-París, 1939), escritor y periodista prolífico y brillante, que es hoy aún de rabiosa actualidad. Publicado en 1934, fruto de una poderosa capacidad de observación de los signos de los tiempos, el autor nos brinda una magnífica reflexión sobre los males que amenazan al género humano con el cataclismo universal. Roth, quien ya en 1923 -fecha en que se comenzó a publicar por entregas su novela Das Spinnennetz (La tela de araña) en el diario Arbeiterzeitung-, que sorprendió al mundo con la lúcida profecía anunciadora del fatídico nazismo, sigue en su Anticristo dando muestras de la misma agudeza premonitoria. Él, que reprochó a la Neue Sachlichkeit (Nueva objetividad) construir una literatura sólo con los puros hechos, muestra cuál es su concepción de la literatura yendo más allá: no sólo describiendo sino interpretando los acontecimientos.

Roth, nacido judío pero convertido al catolicismo, revela en este libro, a pesar de su juventud, una portentosa experiencia y madurez. Si bien, como ya se echa de ver en el título, El Anticristo está escrito desde la perspectiva de la fe de su autor, éste dota a su ensayo de un registro metafórico, que le otorga la validez universal de un clásico. A pesar de que elude a conciencia nombres de países y de personas, Roth no renuncia a escribir con meridiana claridad sobre aquello a que se refiere; al lector no le queda duda alguna. Llevado por una profunda convicción religiosa en el sentido más genuino de la palabra, Roth llama Anticristo a cualquier actitud ambiciosa, hipócrita, explotadora y dominada por el prejuicio. Estructuradas en doce capítulos, por sus páginas desfilan, inconfundibles, todos y cada uno de los fenómenos de la emergente modernidad que sentó los pilares del pasado siglo XX: la rutilante superficialidad de la industria cinematográfica de Hollywood, la nueva arquitectura, el socialismo soviético, el sionismo, el antisionismo, el ascenso del nazismo, la dialéctica de la democracia y la manipulación de masas. Roth no deja títere con cabeza. Así llama “nuevo hombre” a “aquél en quien ha comenzado a actuar el Anticristo” y detecta tal actuación en la pasión embriagadora por la riqueza material y en la frivolidad que se respira por doquier en los EEUU, en los desmanes de los especuladores del capitalismo codicioso, incapaz de producir felicidad; en la ciega cicatería materialista de la URSS, en la connivencia por interés del Vaticano con los poderes fácticos del mundo. En definitiva, Roth llama Anticristo a las amenazas que ve proyectarse en la modernidad emergente y a la desespiritualización general que se impone por doquier. Adelantado a su tiempo, El Anticristo es, más allá de todo esto, un alegato contra la expoliación de la tierra, una advertencia que ve en el desequilibrio ecológico y la deshumanización -consecuencia inmediata de la explotación petrolífera y la fabricación de armas químicas- la vorágine que lleva a la definitiva catástrofe.
Con un lenguaje tan plástico como el de una película expresionista, Roth describe la excavadora como un monstruo, una máquina infernal de destrucción. Su admonición acusatoria de que en un extremo del mundo tres hombres estampan una firma y en el otro miles se ven sumidos en la miseria es, en nuestro mundo globalizado, de la más descarnada actualidad.
Con buena dosis de sarcasmo Roth se despacha a gusto con todo lo que le parece denunciable, incluyendo a sus propios jefes, Benno Reifenberg primero y Friedrich Sieburg después, del periódico Frankfurter Zeitung, del que Roth era en aquellos años corresponsal en el extranjero, y a quienes el autor llama irónicamente El señor de las mil lenguas. Por encargo de Sieburg, Roth se desplazó a los países de los que habla.
Cabe destacar especialmente la interesante reflexión que aborda Roth sobre el fenómeno del cine, que el escritor considera uno de los primeros y más esenciales síntomas desespiritualizadores y al que dedica varios capítulos específicos –Entre nosotros y la gracia de la razón se ha interpuesto un poder y Hollywood, el Hades del hombre moderno-, pero que ejerce de hilo conductor en todo el ensayo.

© Anna Rossell

(Publicado en Quimera. Revista de Literatura, nº 366, mayo 2014, p. 57).

LENZ, ENTRE EL GRITO Y LA ACUSACIÓN

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Georg Büchner
Lenz,
Trad. del alemán de Mª Teresa Ruiz Camacho
Nórdica Libros, Madrid, 2010, 83 pp.
 *
por Anna Rossell

Un pequeño gran tesoro este relato del genial autor alemán Georg Büchner (Goddelau-Hessen, 1813-Zurich, 1837), del que nada tiene desperdicio. Él, cuya trayectoria vital se truncó a la temprana edad de veinticuatro años, nos ha dejado, a pesar de su juventud, un impagable legado literario: Lenz (relato, 1835), La muerte de Danton (teatro,1835), Leonce y Lena (comedia, 1836), Woyzeck (fragmento teatral, 1837), todo ello traducido al español. Pietro Aretino (obra de teatro sobre el autor italiano del mismo nombre) se perdió. Con excepción de Leonce y Lena, una punzante sátira política disimulada bajo el registro de comedia de entretenimiento, sus obras son un compendio de sabiduría, una reflexión filosófica de amplio espectro, muy avanzada a su época. Büchner, médico de formación, se nos presenta a través de sus obras como un personaje muy comprometido con su tiempo, un verdadero vanguardista que trabajaba en sus textos las preguntas cruciales que se hacía a sí mismo y que no acabó de resolver definitivamente antes de morir, pues en pocos años dejó constancia alterna de activismo político revolucionario y de fatalismo histórico. Quien escribiera, en coautoría con Friedrich Ludwig Weidig, el panfleto El mensajero de Hesse (1834), un llamamiento a los campesinos al alzamiento revolucionario, por el que Büchner tuvo que exiliarse a Estrasburgo, suscribió también, muy poco después, la llamada Carta fatalista, dirigida a su prometida Wilhelmine Jaeglé, una página programática en la que el autor expone su idea del ser humano como juguete en manos de la historia, sin posibilidad de incidir en ella, una idea que plasmó en La muerte de Danton y que, si bien retomó después en Woyzeck como propuesta de reflexión, lo hizo paralelamente a otras de signo social, por lo que el fragmento teatral fue muy bien recibido por la crítica marxista del siglo XX.
Lenz –publicada póstumamente en 1839 sin que el autor hubiera decidido el título- alude al autor prerromántico alemán Jakob Michael Reinhold Lenz (1751-1792), a partir de cuya biografía Büchner construyó su relato, basándose en las cartas del propio Lenz, que sufría esquizofrenia paranoide, y en las observaciones del pastor protestante Oberlin, que le acogió en su casa; ello motivó que se acusara a Büchner de plagio. El relato, escrito como si de un informe se tratara, se ha considerado la primera descripción científica de la esquizofrenia, pues el texto retrata la evolución de la patología paranoica en el personaje, las crisis del enfermo y el deterioro de su estado de ánimo. Si bien está escrito en tercera persona, Büchner consigue una asombrosa empatía con el personaje, que se transmite al lector a través del ritmo entrecortado de su prosa, lacónica y enumerativa, que contagia la ansiedad, la desorientación y el delirio de Lenz en su huida  de la casa paterna –lo sabremos después- y de sí mismo. Conocemos a Lenz, dado a la fuga de no sabemos qué, corriendo por  una naturaleza amenazadora, un paisaje inquietante que no le da cobijo: “Había oscurecido, cielo y tierra se fundían en uno. Era como si algo le persiguiera, como si algo horrible quisiera alcanzarle, algo que el hombre no puede soportar, como si la locura a caballo le diera caza”. El texto, precursor del expresionismo y del nihilismo, invita, como Woyzeck, a distintas lecturas de signo opuesto. En Lenz encontramos ya apuntados los elementos que pocos años más tarde desarrollaría en la pieza dramática: al igual que Lenz, Woyzeck corre por un paisaje desafiante oyendo voces; al igual que en Woyzeck, Büchner plantea por boca de su personaje su programa filosófico antiidealista como eje de su texto; como Woyzeck, que desde su humilde condición intuye en el ser humano una doble naturaleza que opone al discurso de la doble razón kantiana, en su momento más lúcido Lenz polemiza con su amigo Kaufmann y rompe una lanza por lo elemental y la naturaleza más pura y sencilla desafiando al etéreo idealismo que “es el más ignominioso desprecio por la naturaleza humana”. En su rechazo del idealismo, Büchner se adelanta al realismo literario y a su crítica: “Los poetas de quienes se dice que reproducen la realidad, ni siquiera la conocen, sin embargo siguen siendo más soportables que aquellos que quieren idealizar la realidad”. Lenz, cuyo final es tan amargo como el de Woyzeck, donde el autor niega claramente la trascendencia, apunta sin duda al nihilismo, pero el grito desgarrado de ambos textos encierra la acusación del Leviatán de Hobbes, y una recóndita esperanza de que el hombre deje de ser un lobo para el hombre.
Esta cuidada edición de la editorial Nórdica, con ilustraciones a color del genial artista plástico austriaco Alfred Hrdlicka y extractos de la autobiografía de Goethe, Literatura y verdad, sobre Jakob Michael Reinhold Lenz, es especialmente recomendable.

© Anna Rossell


30 de abril de 2014

X ENCUENTRO DE POESÍA EN RED

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Este X Encuentro de Poesía en Red, celebrado en Búger (Mallorca) y organizado por Andrea Paparella, ha dado poesía de una calidad excepcional. Desde este punto de vista, pero también por la calidad humana y la hospitalidad de quienes nos han recibido, ha sido un encuentro verdadero e inolvidable. A ello ha contribuido también la coincidencia con la Gran Final del Poetry Slam Mallorca, que la noche del viernes llenó a reventar de gente joven y no tan joven la preciosa sala d'Es Baluard de Palma y cuyos organizadores, Tomeu Ripoll y James Miele, nos acompañaron todo el fin de semana. Había un ambientazo y un nivelazo indescriptible en Es Baluard, y los aplausos puede que llegaran hasta la otra orilla del Mare Nostrum. A todos/as, gracias.

Mi amiga y extraordinaria poeta-slamer, Mayde Molina, ha subido a YouTube una breve intervención mía: https://www.youtube.com/watch?v=HIdYtMRIF8w

Pero os dejo aquí el enlace del Poetry Slam Mallorca, que merece mucho la pena visitar:
http://poetryslammallorca.blogspot.com.es/


13 de abril de 2014

ESCRIBIR FILMANDO

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Thea von Harbou, Metrópolis
Traducción de Amparo García Burgos,
Gallo Nero, 2013, 278 págs.


Anna Rossell

No es fácil trasladar una historia del cine a la literatura o viceversa. Cada mundo tiene su lenguaje, y lo que se concibe para uno exige una adecuada traducción, como hiciera Luchino Visconti en su insuperable Muerte en Venecia, según la novela homónima de Thomas Mann. Por otro lado, no todo es traducible, especialmente si predominan en la historia esencialmente técnicas de uno u otro universo. Éste es el caso de Metrópolis, película de Fritz Lang, estrenada en 1926 y novela de Thea von Harbou, de igual título, publicada ese mismo año. Von Harbou, autora también del guión cinematográfico, escribió su novela paralelamente al guión, y ello le pasa factura en detrimento de la calidad literaria.

Thea von Harbou (Tauperlitz/Baviera, 1888-Berlín, 1954), que abandonó su carrera teatral para dedicarse definitivamente a la escritura, ha pasado a la historia de la creación alemana sobre todo como guionista -junto a Leni Riefenstahl se la considera con razón una de las mujeres más importantes de la historia del cine alemán-. Pero quien trabajara con éxito para los más destacados directores del cine de los años de entreguerras (Joe May, Friedrich W. Murnau, Theodor Dreyer, Arthur von Gerlach, Fritz Lang) y fuera popular novelista en su época –fue afamada escritora de literatura trivial en tiempos de la República de Weimar-, no pasa por la criba de la crítica literaria con la misma suficiencia.
La novela, que narra exactamente la misma historia que la película, carece de sustancia, de ritmo y de verdadero interés temático. Se trata en definitiva de una esquemática historia de amor bastante infantil, enmarcada en una sociedad industrial de visionario futurismo, donde las máquinas se han impuesto en un mundo dirigido por una élite de humanos tiránicos sin corazón –los cerebros- sobre la masa gris del proletariado –los esclavos de las máquinas y de los cerebros-. Al final se impondrá, sin explicación plausible, la ingenua filosofía de los buenos –la pareja de enamorados-: la idea de que el mediador entre el cerebro y el trabajo manual debe ser el corazón. Con el mismo efecto de un Deus ex machina, el bien acaba venciendo sobre el mal y el malo se vuelve bueno por sorpresa y de repente. Desde luego lo que impresionó de la película no pudo ser la historia, sino la fuerza devastadora y profética con que Lang-Von Harbou supieron dar vida, con técnicas cinematográficas innovadoras, a un mundo en ciernes donde la creciente industrialización y la tiranía alienadora de la máquina sobre la masa gris del proletariado amenazaba con un cataclismo universal desde una estética expresionista.

Si algo loable tiene la novela es precisamente que no está escrita para ser literatura sino en función y al servicio de la imagen. Von Harbou escribe como si ella misma dirigiera una película, su pluma es una cámara que ve con exactitud –es sorprendente la plasticidad con que logra transmitir la perspectiva y los juegos de luces y sombras- y sabe con implacable seguridad qué debe hacer para conseguir los efectos que se propone. Lo genial de la novela son las escenas, verdaderos cuadros expresionistas de una grandiosidad y fuerza simbólica impresionante, espeluznante a veces, remarcable el dominio de la técnica de la manipulación de las emociones a través de la imagen, cercana a la estética nacionalsocialista. A Thea von Harbou, que se afilió al partido en 1940 (algunas fuentes dan como año de afiliación 1932) se le ha reprochado trivialidad y el ensalzamiento de la raza en sus guiones cinematográficos; ello se echa de ver también en la novela, cuyos diálogos se acercan en ocasiones a la banalidad del edulcorado melodrama, con fórmulas manidas y recurrentes. Terminada la guerra, Thea von Harbou fue sometida a la desnazificación, pero a partir de 1948 siguió trabajando para la industria cinematográfica alemana. La novela hubiera encajado mucho mejor en el lenguaje del cómic. Un genio en la descripción de escenas grandiosas. Pero no sólo de escenas grandiosas vive la buena literatura.

© Anna Rossell  

(Publicado en Quimera. Revista de literatura, nº 365, abril, 2014)

25 de marzo de 2014

RECITAL DE POESÍA Y RELATO EN MADRID (VALLECAS)

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Carmen Álvarez (en cuclillas). Detras: Anna Rossell (centro), Mª Luisa G. Ochoa y Julián Martínez
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en la Librería La Esquina del Zorro, C./Arroyo del Olivar, 34, Madrid 2014  (Metro: Nueva Numancia/Portazgo)
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Sábado, 29 de marzo, 20:30 h
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Recitarán / Leerán:
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Carmen Álvarez
Mª Luisa G. Ochoa
Julián Martínez
Anna Rossell

24 de marzo de 2014

CORRESPONDENCIA XEC MARQUÈS-ANNA ROSSELL

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CARTA D'ANNA ROSSELL AL TEÒLEG I SALESIÀ XEC MARQUÈS (22-03-2014)
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CARTA DE ANNA ROSSELL AL TEÓLOGO Y SALESIANO XEC MARQUÈS (22-03-2014)
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Al original catalán sigue su traducción al español
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Anna Rossell (a la dreta) a la tertúlia d'El Laberint d'Ariadna a l'Ateneu Barcelonès amb l'escriptora Cise Cortés (març 2014)
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Anna Rossell (a la derecha) en la tertulia de El Laberinto de Ariadna en el Ateneo Barcelonés con la escritora Cise Cortés (marzo, 2014)
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El Masnou, 22-03-2014

Estimat Xec,

anem centrant la nostra reflexió, que havíem encetat arran de la campanya d’Amnistia Internacional El meu cos, Els meus drets. Contra la penalització i el control dels drets sexuals i reproductius de les persones. Com ja et deia, la campanya aplegava moltíssims temes, força diferents, per bé que era lícit reunir-los sota un mateix paraigües en tant que tenien en comú la invasió estatal i social de qüestions íntimes-personals que només concerneixen als individus i a la seva privacitat. Sé que alguns dels temes, com ara el de l’avortament, poden presentar llindars que fan difícil afirmar si només afecten un individu o a més d’un –diria que és l’únic cas-, però deixem, de moment aquest tema per a una ulterior discussió, ja que ens hem centrat últimament en aquest altre aspecte de l’homosexualitat, el lesbianisme i la transsexualitat.

Veig que confluïm en l’opinió que tota persona mereix respecte per igual amb independència de la seva identitat sexual, i que la identitat sexual de les persones no ha de ser causa de fer cap judici moral. Aquest punt de partida és essencial. Dius també que estàs “d’acord que eliminar el concepte de ‘normalitat’ quan parlem de sexualitat pot ser positiu i és necessari, però hi haurà sempre comportaments que no són “normals”: l’abús, la violència, l’explotació sexual d’infants i adolescents...”

Penso que dius bé, que hem d’eliminar el concepte de ‘normalitat’ quan parlem de sexualitat, si no volem titllar d’ ‘anormal’ el que no inclou la definició de ‘normal’, cosa la qual ja seria un judici de valor discriminatori. Fins aquí d’acord. Però tu segueixes dient: “[...] però hi haurà sempre comportaments que no són “normals”: l’abús, la violència, l’explotació sexual d’infants i adolescents...”

I sí, també hi estic d’acord, però: què té a veure una ‘normalitat’ amb l’altra? No hi veig la relació. D’altra banda, crec que aquesta és una observació força òbvia: no podem acceptar “l’abús, la violència, l’explotació sexual d’infants i adolescents...”, jo hi trauria “d’infants i adolescents”, perquè no podem acceptar l’explotació sexual de ningú, en absolut; com tampoc podem acceptar cap mena d’explotació.

Insisteixes en la gran diferència d’actitud i de mentalitat que hi ha “en el medi occidental” i a l’Àfrica en relació amb aquests temes i dius que a l’Àfrica “aquest treball és lluny d’haver començat”; també dius que creus que probablement sigui la dona qui ha de donar el primer pas per canviar el xip... .
És molt possible que tinguis raó. Tal com tu mateix escrius “el canvi de mentalitat passa per les dones” i relaciones aquesta possibilitat amb la seva “consciència de mare”, perquè l’amor matern fa que les mares s’estimin les seves filles sí o sí, amb independència de la seva identitat sexual (la dels/les fills/es). Dius: “I una mare pot estimar els/les seus/ves fills/es més enllà de l’orientació de la pulsió sexual

Certament, crec que és veritat que el lligam mare-fills/es és diferent que el de pare-fills/es, probablement és més fort i visceral, això li dóna probablement algun avantatge a la dona respecte de l’home, al menys en aquest tema. Conec més d’un cas d’homosexualitat filial que, un cop descobert, ha estat de seguida acceptat per la mare, no en canvi pel pare. Això, quan passa, passa tant envers les filles com envers els fills, no només envers les filles, com crec que tu suggereixes. Tot i això voldria fer algunes observacions:

-Cal que assumim cadascun/a de nosaltres la nostra responsabilitat social en tots els temes, no podem carregar eternament –és una comoditat històrica- les tintes sobre les dones-mares. Tots/es som motors socials (o ho podem ser), sobre tot si tenim alguna cosa a veure amb l’educació; als/les agents educatius sí que els hauríem de donar la iniciativa o esperar-la d’ells/es. Com tu mateix dius molt bé: [...] a nivell social i cultural no es tracta d’amor filial sinó de respecte de la dignitat humana i de l’obligació de la societat a promoure-la”.

-Cal tenir en compte que moltes dones –lamentablement moltíssimes (també les que són mares)- han interioritzat la mentalitat patriarcal i massa sovint reprodueixen els esquemes patriarcals i els transmeten a les seves filles i als seus fills. No podem, doncs, deixar-ho en les mans d’aquestes.

Crec que aquesta responsabilitat de contribuir al canvi de xip l’hem d’exigir de tots/es i cadascun/a dels individus, però, com dic més amunt, sobre tot als/les educadors/es, i jo diria encara més: els hi hauríem d’exigir (o al menys s’hauria d’esperar) d’aquells/es que es diuen cristians. I res més lluny de la realitat que les persones que es reconeixen cristianes de la nostra societat siguin agents actius/ves, motors de canvi d’aquest xip. Ben al contrari, si pensem en les reticències que té l’Església catòlica institucional a acceptar l’homosexualitat o els/les seguidors/es de l’Islam, per exemple. I quan dic Església catòlica em refereixo al “medi occidental”, no als representants africans de l’Església catòlica. Precisament en l’Església catòlica hi trobem els defensors més aferrissats de l’heterosexualitat tradicional a ultrança, aquells “sants homes” que es refereixen als/les homosexuals com a ‘desviats”, ‘malalts”, gent que “caldria eliminar de la faç de la terra”. Com es pot dir cristiana gent així? Aquests tenen encara la mentalitat del Tribunal de la Santa Inquisició i cremarien a la foguera els/les homosexuals si poguessin. Aquests fan molt de mal, perquè parlen sempre alliçonant, en aquell registre “ex cathedra” que pretén promulgar lleis, donar ordres i dictar les lleis morals que segons ells han de determinar el capteniment de les persones. Aquests tenen molta influència sobre tantíssima gent; aquests són, doncs, molt i molt responsables, perquè ells eduquen (maleduquen, però eduquen).

Passo a l’altre punt que també toques:

Jo et deia que penso que la moralitat humana ha de ser una, una de sola, que condueixi totes les nostres accions i per això et comentava que no creia que fes cap falta una moral específica per a la sexualitat. Tu, en canvi, sí que defenses aquesta especificitat. Dius:

“[...] penso que sí que ens cal una ètica de la sexualitat, no n’hi ha prou amb el principi general de l’ètica del respecte i de la dignitat inalienable de la persona. Com per a l’economia, la política, la comunicació social.... hi ha una matèria específica. [...] Hi ha una especificitat fins i tot en matèria judicial, per exemple la violència de gènere”.

Penso que cal diferenciar algunes qüestions bàsiques:

Quan poses l’economia, la política o la comunicació social com a exemples de matèria específica suposo que vols dir que també en aquests camps cal una ètica específica, una ètica de l’economia, una ètica política o de la comunicació social. I sí estic d’acord en què pensar en l’ètica aplicada a camps específics pot ajudar a reflexionar-hi, però això no vol dir que l’ètica en cadascun d’aquests camps segueixi uns principis diferents que l’ètica general del capteniment humà. Ben al contrari, es tractaria de veure com aquests principis generals s’apliquen en cada camp específic. En aquest sentit, i només en aquest, entenc que pot haver-hi una moral sexual o una ètica sexual, però molt em temo que, precisament en aquest camp, que tant agrada als adoctrinadors perquè és EL TEMA PER EXCEL·LÈNCIA on els predicadors de la puresa veuen la seva oportunitat, aquesta reflexió deixaria de ser reflexió per esdevenir adoctrinament. Precisament aquest tema hauria de quedar al marge d’aquesta especificitat, perquè crec que n’hi ha prou reflexionant sobre el tema: QUÈ VOL DIR RESPECTE?

L’altra qüestió que cal diferenciar té a veure amb l’ “especificitat fins i tot en matèria judicial, per exemple la violència de gènere”.
Crec que aquesta especificitat és d’una altra mena completament diferent d’aquella a què ens referíem abans: si hi ha tribunals i jutjats específics per als casos de violència de gènere no és perquè la llei que s’hagi infringit en aquests casos sigui diferent de la llei general: un homicidi és un homicidi, un assetjament és un assetjament... Només que ha calgut fer tribunals i jutjats especials per ocupar-se d’aquests crims perquè n’hi ha moltíssims i les precaucions que cal prendre per tal de reduir el nombre de víctimes poden ser similars; però la llei és la mateixa, la condemna també, que en els casos generals d’homicidi o assetjament. És una diferència bàsica.

I amb això passo a l’últim punt, que està connectat directament amb aquest:

Jo et deia en la meva última carta que creia que era urgent l’educació sexual i comentava sobre la possibilitat de educar sobre aquesta matèria a les escoles de la manera més neutra possible:

“Precisament en educació sexual crec que és força fàcil d’intentar ser neutre, perquè precisament la sexualitat té un component que és purament mecànic i que, a l’hora d’explicar com funciona, es pot deslligar del component amorós-emocional”.

I el teu comentari a aquesta meva afirmació

“La neutralitat es fa aquí al preu d’eliminar el component amorós i emocional. I no crec que hi hagi activitat sexual sense aquest component. El component “mecànic” no necessita educació, només informació tècnica. És el component amorós, emocional, relacional, social, cultural.... que necessita educació. I aquí sí que és més difícil ser neutre.”

Insisteixo: cal eliminar el component amorós quan es parla de sexualitat a les escoles, o tractar-lo com una possibilitat que es pot donar en la relació sexual, però que també es pot no donar: no podem educar les criatures sense confrontar-les amb la realitat, no les podem educar mantenint la seva ignorància: el sexe pot ser moltes coses i hem d’educar els/les joves mostrant tot el que pot ser. Dius: “I no crec que hi hagi activitat sexual sense aquest component [amorós]”: I doncs què és una violació???!!! I, sí, deixant de banda la violació, també pot haver-hi sexe sense amor, només per la pura sexualitat, per la pura necessitat sexual de les persones implicades, aquesta és una realitat i una possibilitat i les criatures ho han de saber. Ja saps que jo no hi veig cap mal quan les persones implicades actuen de forma transparent i respectuosa vers l’altre/a. Per quina opció o opcions de relació sexual –amb amor o sense, o de vegades sí o de vegades no- els/les joves es decantin dependrà de la seva opció personal. Per a mi la clau de tot està en l’EDUCACIÓ EN EL RESPECTE ABSOLUT VERS L’ALTRE/A. I prou.

Estic d’acord que “el component mecànic no necessita educació, només informació tècnica”. Però és que aquesta “informació tècnica” no té lloc a les escoles espanyoles!!!! I és urgent! Resulta que es fan lleis contra l’avortament, però no es fa res per evitar els embarassos involuntaris... . És aquesta una política responsable?

Quan penso en educar en el “component amorós” de la relació sexual em vénen a la memòria els episodis “educatius” de la meva adolescència, quan les monges es buscaven un mossèn per donar xerrades “modernas”, “de chicos” a les alumnes adolescents (elles no gosaven fer-ho), que teníem les hormones alterades: se’m posen els pèls de punta. I d’allò n’hi deien “educació”... Allò era adoctrinament pur i dur, era un rentat de cervell, que a més no et donava eines per a la vida ni per a res. El més greu de tot era que aconseguien tot el contrari, perquè feien més riure que pena. I d’aquests episodis n’he viscut altres molt més recents: l’últim el vaig poder viure directament a l’Àfrica, en una ocasió en què vaig poder participar d’una sessió de catequesi que impartia un mossèn catòlic –un espanyol de la meva edat- a nois i noies estudiants universitaris/es: em vaig quedar de pedra quan vaig poder veure que es reproduïa exactament (només que cinquanta anys més tard i a l’Àfrica) el mateix que jo havia viscut a Barcelona quan era una púber. Em va envair un sentiment d’impotència en veure que el món no avançava gens i que “educadors” com aquell que tenia jo al davant seguien sembrant la seva llavor a perpetuïtat. Ni tan sols podia titllar-lo d’irresponsable, perquè probablement aquell mossèn actuava com actuava, deia el que deia, convençut plenament que feia un bé. D’aquí el meu sentiment d’impotència. L’escena era surrealista, perquè el mossèn va partir de unes paraules de l’Evangeli: l’episodi de la multiplicació del vi a les noces de Canà i sense cap transició va començar a parlar de les relacions entre els nois i les noies, amb la pretensió que es tractava de comentar aquelles paraules evangèliques. Era esfereïdor i ridícul alhora. Vaig perdre tota esperança, pensava: si ni els mossens europeus ho fan, qui donarà un cop de mà a aquests/es joves perquè avancin cap al mutu respecte i cap a la seva autonomia? Qui deslliurarà aquests/es joves del tradicional rol de submissió de la dona a l’home? Qui deslliurarà aquests joves del seu tradicional rol autoritari? Qui donarà les eines a aquestes noies per guanyar en l’autoestima? Se’m va encongir el cor.

El “component amorós” de què parles és per a mi molt difícil d’educar parlant-ne específicament, perquè és molt i molt personal i perquè és un sentiment. En canvi no és tan difícil educar en el respecte. Evidentment, una relació sexual amorosa és el summum, és allò més desitjable, però no sempre es dóna el cas, i no per això la gent s’ha d’anar reprimint pels racons (després passa el que passa...). L’enamorament és un estat, un estat que cada persona viu de manera diferent, suposo, i és absolutament preciós i sublim, i ho sap qualsevol adolescent. Insisteixo, l’educació ha de ser en el respecte. Aquesta és per a mi la clau, aquest és el tema. I a aquest tema jo li dedicaria totes les hores del món.

I posats a parlar d’amor i de sexe, fa uns mesos em van demanar un parell de poemes eròtics per a una antologia de poesia eròtica escrita per dones poetes. Aquí et copio un d’aquells dos poemes, a tall d’exemple del que considero una expressió d’amor i sexualitat, quan es donen junts sortosament:

(Català)

Et miro als ulls i em retornes la mirada
neta i serena on m’emmirallo,
seductor bàlsam de la teva pau i convicció,
i em posseeix el neguit d’assadollar-me en el cos
que tot m’ho diu, lliurar-me a l’íntima cerca
de l’ànima que intueixo meva i no puc aprehendre
sinó de pell a pell.
Els meus dits transcendeixen la teva geografia
i ofereixo als teus la meva pel desig
de llegir en el teu món les claus que els mots no donen.
L’anhel lent em regala infinit gaudi
amb cada replec teu i els teus estremiments
em diuen a poc a poc qui ets mentre les teves mans
i el tacte dels teus dits convoquen en un punt
una dolcesa immensa com a ofrena i arriba 
aquell moment sagrat en què no sóc ni ets i podríem
morir sabent-ho tot –tot- l’un de l’altre.

© Anna Rossell
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(Español)

Te miro a los ojos y me devuelves la mirada
limpia y serena en la que me reflejo,
bálsamo seductor de tu paz y convicción,
y me posee la inquietud de saciarme en ese cuerpo
que todo me lo dice, entregarme a la íntima búsqueda
del alma que intuyo mía y no puedo aprehender
sino de piel a piel.
Mis dedos trascienden toda tu geografía
y ofrezco a los tuyos la mía por el deseo
de leer en tu mundo las claves que no dan las palabras.
El anhelo lento me regala gozo infinito
con cada repliegue de tu cuerpo y tus estremecimientos
me dicen quién eres lentamente mientras tus manos
y el tacto de tus dedos convocan en un punto
una dulzura inmensa como ofrenda y llega
aquel momento sagrado en que no soy ni eres y podríamos
morir sabiéndolo todo –todo- uno de otro.
 
© Anna Rossell

© De la traducción Anna Rossell
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CARTA DE ANNA ROSSELL AL TEÓLOGO Y SALESIANO XEC MARQUÈS (22-03-2014). Traducción al español de Anna Rossell

El Masnou, 22-03-2014

Querido Xec,

vamos centrando nuestra reflexión , que habíamos iniciado a raíz de la campaña de Amnistía Internacional Mi cuerpo, Mis derechos. Contra la penalización y el control de los derechos sexuales y reproductivos de las personas. Como ya te dije, la campaña reunía muchísimos temas, bastante diferentes, aunque era lícito reunirlos bajo un mismo paraguas en tanto que tenían en común la invasión estatal y social de cuestiones íntimas-personales que sólo conciernen a los individuos y a su privacidad. Sé que algunos de los temas, como el del aborto, pueden presentar umbrales que hacen difícil afirmar si sólo afectan a un individuo o a más de uno -diría que es el único caso-, pero dejemos de momento este tema para una ulterior discusión, ya que nos hemos centrado últimamente en este otro aspecto de la homosexualidad, el lesbianismo y la transexualidad.

Veo que confluimos en la opinión de que toda persona merece respeto por igual con independencia de su identidad sexual, y que la identidad sexual de las personas no debe ser causa de hacer ningún juicio moral. Este punto de partida es esencial. Dices también que estás "de acuerdo en que eliminar el concepto de 'normalidad' cuando hablamos de sexualidad puede ser positivo y es necesario, pero habrá siempre comportamientos que no son"normales": el abuso, la violencia, la explotación sexual de niños y adolescentes..."

Pienso que dices bien, que debemos eliminar el concepto de 'normalidad' cuando hablamos de sexualidad, si no queremos tachar de 'anormal' lo que no incluye la definición de 'normal', lo cual ya sería un juicio de valor discriminatorio. Hasta aquí de acuerdo. Pero tú sigues diciendo: "[ ... ] pero habrá siempre comportamientos que no son"normales": el abuso, la violencia, la explotación sexual de niños y adolescentes..."

Y sí, también estoy de acuerdo, pero ¿qué tiene que ver una 'normalidad' con la otra? No veo la relación. Por otra parte, creo que ésta es una observación bastante obvia: no podemos aceptar "el abuso, la violencia, la explotación sexual de niños y adolescentes...", yo eliminaría "de niños y adolescentes", porque no podemos aceptar la explotación sexual de nadie, en absoluto; como tampoco podemos aceptar ningún tipo de explotación.

Insistes en la gran diferencia de actitud y de mentalidad que hay "en el medio occidental" y en África en relación con estos temas y dices que en África "este trabajo está lejos de haber empezado", también dices que crees que probablemente sea la mujer quien debe dar el primer paso para cambiar el chip....
Es muy posible que tengas razón. Como tú mismo escribes "el cambio de mentalidad pasa por las mujeres" y relacionas esta posibilidad con su "conciencia de madre", porque el amor materno hace que las madres amen a sus hijos/as sí o sí, con independencia de su identidad sexual (la de los/las hijos/as). Dices: "Y una madre puede querer a sus hijos/as más allá de la orientación de la pulsión sexual".

Ciertamente, creo que es verdad que el vínculo madre-hijos/as es diferente que el del padre-hijos/as, probablemente es más fuerte y visceral, eso le da probablemente alguna ventaja a la mujer respecto del hombre, al menos en este tema. Conozco más de un caso de homosexualidad filial que, una vez descubierto, ha sido en seguida aceptado por la madre, no en cambio por el padre. Esto, cuando pasa, pasa tanto en relación con las hijas como con los hijos, no sólo en relación con las hijas, como creo que sugieres. Sin embargo quisiera hacer algunas observaciones:

- Debemos asumir cada uno/a de nosotros nuestra responsabilidad social en todos los temas, no podemos cargar eternamente -es una comodidad histórica- las tintas sobre las mujeres-madres. Todos/as somos motores sociales (o lo podemos ser), sobre todo si tenemos algo que ver con la educación, a los/las agentes educativos sí deberíamos darles la iniciativa o esperarla de ellos/as. Como tú mismo dices muy bien: "[...] a nivel social y cultural no se trata de amor filial sino de respeto a la dignidad humana y de la obligación de la sociedad a promoverla".

- Hay que tener en cuenta que muchas mujeres -lamentablemente muchísimas (también las que son madres)-  han interiorizado la mentalidad patriarcal y demasiado a menudo reproducen los esquemas patriarcales y los transmiten a sus hijas ya sus hijos. No podemos, pues, dejarlo en las manos de éstas.

Creo que esta responsabilidad de contribuir al cambio de chip debemos exigirla de todos/as y cada uno/a de los individuos, pero, como digo más arriba, sobre todo a los/las educadores/as, y yo diría aún más: la deberíamos exigir (o al menos deberíamos esperarla) de aquellos/as que se llaman cristianos/as. Y nada más lejos de la realidad que las personas que se reconocen cristianas de nuestra sociedad sean agentes activos/as, motores de cambio de este chip. Por el contrario, si pensamos en las reticencias que tiene la Iglesia católica institucional a aceptar la homosexualidad o si pensamos en los/las seguidores/as del Islam, por ejemplo. Y cuando digo Iglesia católica me refiero al "medio occidental", no a los representantes africanos de la Iglesia católica. Precisamente en la Iglesia católica encontramos los defensores más acérrimos de la heterosexualidad tradicional a ultranza, aquellos "santos hombres" que se refieren a los/las homosexuales como 'desviados', 'enfermos', gente a la que "habría que eliminar de la faz de la tierra". Como se puede llamar cristiana gente así? Estos tienen todavía la mentalidad del Tribunal de la Santa Inquisición y quemarían en la hoguera los/las homosexuales si pudieran. Estos hacen mucho daño, porque hablan siempre aleccionándonos, en ese registro "ex cathedra" que pretende promulgar leyes, dar órdenes y dictar las leyes morales que según ellos deben determinar el comportamiento de las personas. Estos tienen mucha influencia sobre tantísima gente, estos son, pues, muy, muy responsables, porque ellos educan (maleducan , pero educan).

Paso a otro punto que también tocas:

Yo te decía que pienso que la moralidad humana debe ser una, una sola, que conduzca todas nuestras acciones y por eso te comentaba que no creía que hiciese falta una moral específica para la sexualidad. Tú, en cambio, sí defensas esta especificidad. Dices:

"[...] Pienso que sí que necesitamos una ética de la sexualidad, no basta con el principio general de la ética del respeto y de la dignidad inalienable de la persona. Como para la economía, la política, la comunicación social.... hay una materia específica. [...] Hay una especificidad incluso en materia judicial, por ejemplo la violencia de género".

Pienso que hay que diferenciar algunas cuestiones básicas:

Cuando pones la economía, la política o la comunicación social como ejemplos de materia específica supongo que quieres decir que también en estos campos hay una ética específica, una ética de la economía, una ética política o de la comunicación social. Y sí, estoy de acuerdo en que pensar en la ética aplicada a campos específicos puede ayudar a reflexionar, pero eso no quiere decir que la ética en cada uno de estos campos siga unos principios diferentes que la ética general del comportamiento humano. Por el contrario, se trataría de ver cómo estos principios generales se aplican en cada campo específico. En este sentido, y sólo en éste, entiendo que puede haber una moral sexual o una ética sexual, pero mucho me temo que, precisamente en este campo, que tanto gusta a los adoctrinadores porque es EL TEMA POR EXCELENCIA donde los predicadores de la pureza ven su oportunidad, esta reflexión dejaría de ser reflexión para convertirse en adoctrinamiento. Precisamente este tema debería quedar al margen de esta especificidad, porque creo que es suficiente reflexionando sobre el tema: ¿QUÉ SIGNIFICA RESPETO?

La otra cuestión que hay que diferenciar tiene que ver con la "especificidad incluso en materia judicial, por ejemplo la violencia de género" .
Creo que esta especificidad es de otro tipo completamente diferente de aquella a la que nos referíamos antes: si hay tribunales y juzgados específicos para los casos de violencia de género no es porque la ley que se haya infringido en estos casos sea diferente de la ley general: un homicidio es un homicidio, un acoso es un acoso... Sólo que ha sido necesario hacer tribunales y juzgados especiales para ocuparse de estos crímenes porque hay muchísimos y las precauciones a tomar para de reducir el número de víctimas pueden ser similares, pero la ley es la misma, la condena también, que en los casos generales de homicidio o acoso. Es una diferencia básica.

Y con esto paso al último punto, que está conectado directamente con éste:

Yo te decía en mi última carta que creía que era urgente la educación sexual y comentaba sobre la posibilidad de educar sobre esta materia en las escuelas de la manera más neutra posible:

"Precisamente en educación sexual creo que es bastante fácil de intentar ser neutro, porque precisamente la sexualidad tiene un componente que es puramente mecánico y que, a la hora de explicar cómo funciona, puede desligarse del componente amoroso-emocional".

Y tu comentario a esta mi afirmación:

"La neutralidad se hace aquí al precio de eliminar el componente amoroso y emocional. Y no creo que haya actividad sexual sin este componente. El componente "mecánico" no necesita educación, sólo información técnica. Es el componente amoroso, emocional, relacional  social, cultural.... el que necesita educación. Y aquí sí que es más difícil ser neutro."

Insisto: hay que eliminar el componente amoroso cuando se habla de sexualidad en las escuelas, o tratarlo como una posibilidad que se puede dar en la relación sexual, pero que también se puede no dar: no podemos educar a las criaturas sin confrontarlas con la realidad, no podemos educar manteniendo su ignorancia: el sexo puede ser muchas cosas y debemos educar a los/las jóvenes mostrando todo lo que puede ser. Dices: "Y no creo que haya actividad sexual sin este componente [amoroso]": Y pues qué es una violación???! Y, sí, dejando de lado la violación, también puede haber sexo sin amor, sólo por la pura sexualidad, por pura necesidad sexual de las personas implicadas, ésta es una realidad y una posibilidad y los/as jóvenes deben saberlo. Ya sabes que yo no tengo nada en contra de una relación sexual así cuando las personas implicadas actúan de forma transparente y respetuosa hacia el/la otro/a. Por qué opción u opciones de relación sexual -con amor o sin, o a veces sí o a veces no los/as jóvenes se decanten dependerá de su opción personal. Para mí la clave de todo está en la EDUCACIÓN EN EL RESPETO ABSOLUTO HACIA OTRO/A. Y basta.

Estoy de acuerdo en que "el componente mecánico no necesita educación, sólo información técnica". Pero es que esta "información técnica" no tiene lugar en las escuelas españolas!! Y es urgente! Resulta que se hacen leyes contra el aborto, pero no se hace nada para evitar los embarazos involuntarios.... Es ésta una política responsable?

Cuando pienso en educar en el "componente amoroso" de la relación sexual me vienen a la memoria los episodios "educativos" de mi adolescencia, cuando las monjas se buscaban un cura para dar charlas "modernas", "de chicos" a las alumnas adolescentes (ellas no osaban hacerlo), que teníamos las hormonas alteradas: se me ponen los pelos de punta. Y a aquello le llamaban "educación"... Aquello era adoctrinamiento puro y duro, era un lavado de cerebro, que además no te daba herramientas para la vida ni para nada. Lo más grave de todo era que conseguían todo lo contrario, porque daban más risa que pena. Y este tipo de episodios los he vivido otras veces mucho más recientemente: la última vez, directamente en África, en una ocasión en que pude participar de una sesión de catequesis que impartía un cura católico, un español de mi edad, a jóvenes estudiantes universitarios/as: me quedé de piedra cuando pude ver que se reproducía exactamente (sólo que cincuenta años más tarde y en África) lo mismo que yo había vivido en Barcelona cuando era una púber. Me invadió un sentimiento de impotencia al ver que el mundo no avanzaba nada y que "educadores" como aquél que tenía yo delante seguían sembrando su semilla a perpetuidad. Ni siquiera podía tacharlo de irresponsable, porque probablemente aquel cura actuaba como actuaba, decía lo que decía, convencido plenamente deque hacía un bien. De ahí mi sentimiento de impotencia. La escena era surrealista, porque el cura partió de unas palabras del Evangelio: el episodio de la multiplicación del vino en las bodas de Canaán y sin transición empezó a hablar de las relaciones entre los chicos y las chicas, con la pretensión de que se trataba de comentar aquellas palabras evangélicas. Era aterrador y ridículo a la vez. Perdí toda esperanza, pensaba: si ni los sacerdotes europeos lo hacen, ¿quien echará una mano a estos/as jóvenes para que avancen hacia el mutuo respeto y hacia su autonomía? ¿Quien librará a estos/as jóvenes del tradicional rol de sumisión de la mujer al hombre? ¿Quien librará a estos jóvenes de su tradicional rol autoritario? ¿Quién dará las herramientas a estas chicas para ganar en la autoestima? Se me encogió el corazón.

El "componente amoroso" de que hablas es para mí muy difícil de educar tratándolo específicamente, porque es muy, muy personal y porque es un sentimiento. En cambio no es tan difícil educar en el respeto. Evidentemente, una relación sexual amorosa es el summum, es lo más deseable, pero no siempre se da el caso, y no por eso la gente tiene que ir reprimiéndose por los rincones (luego pasa lo que pasa...). El enamoramiento es un estado, un estado que cada persona vive de manera diferente, supongo, y es absolutamente precioso y sublime, y lo sabe cualquier adolescente. Insisto, la educación debe ser en el respeto. Ésta es para mí la clave, éste es el tema. Y a este tema yo le dedicaría todas las horas del mundo.

Y puestos a hablar de amor y de sexo, hace unos meses me pidieron un par de poemas eróticos para una antología de poesía erótica escrita por mujeres poetas. Aquí te copio uno de esos dos poemas, a modo de ejemplo de lo que considero una expresión de amor y sexualidad, cuando se dan juntos afortunadamente:

(Català)

Et miro als ulls i em retornes la mirada
neta i serena on m’emmirallo,
seductor bàlsam de la teva pau i convicció,
i em posseeix el neguit d’assadollar-me en el cos
que tot m’ho diu, lliurar-me a l’íntima cerca
de l’ànima que intueixo meva i no puc aprehendre
sinó de pell a pell.
Els meus dits transcendeixen la teva geografia
i ofereixo als teus la meva pel desig
de llegir en el teu món les claus que els mots no donen.
L’anhel lent em regala infinit gaudi
amb cada replec teu i els teus estremiments
em diuen a poc a poc qui ets mentre les teves mans
i el tacte dels teus dits convoquen en un punt
una dolcesa immensa com a ofrena i arriba 
aquell moment sagrat en què no sóc ni ets i podríem
morir sabent-ho tot –tot- l’un de l’altre.

© Anna Rossell
*
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(Español)

Te miro a los ojos y me devuelves la mirada
limpia y serena en la que me reflejo,
bálsamo seductor de tu paz y convicción,
y me posee la inquietud de saciarme en ese cuerpo
que todo me lo dice, entregarme a la íntima búsqueda
del alma que intuyo mía y no puedo aprehender
sino de piel a piel.
Mis dedos trascienden toda tu geografía
y ofrezco a los tuyos la mía por el deseo
de leer en tu mundo las claves que no dan las palabras.
El anhelo lento me regala gozo infinito
con cada repliegue de tu cuerpo y tus estremecimientos
me dicen quién eres lentamente mientras tus manos
y el tacto de tus dedos convocan en un punto
una dulzura inmensa como ofrenda y llega
aquel momento sagrado en que no soy ni eres y podríamos
morir sabiéndolo todo –todo- uno de otro.

© Anna Rossell

© De la traducción Anna Rossell