25 de abril de 2011

CUANDO EL DOLOR SE HACE POEMA

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Los poetas Felipe Sérvulo (polo rojo)  y Alfonso Levy en la tertulia de los viernes de El Laberinto de Ariadna (abril, 2011)


Felipe Sérvulo, Cartografía de la materia.

Diputación Provincial de Jaén, 2005, 108 págs.

por Anna Rossell


“Poesía de la nostalgia” fuera acaso la fórmula más concisa y exacta para definir la poesía de Felipe Sérvulo. La melancolía es la esencia de su alma de poeta, ella es la premisa que condiciona la elección que sirve de marco a sus poemarios, es el eje en torno al cual giran sus temáticas, la materia prima indispensable, la espuela que estimula el poema. El autor participa así del mismo espíritu que inspirara a los románticos su ideal de vida y de belleza: el anhelo como objetivo en sí, el incumplimiento del deseo como meta que nos incita a seguir la eterna búsqueda. Sí, leer a Felipe Sérvulo es leer a un autor romántico.

Como hiciera Heinrich von Ofterdingen, el protagonista de la novela homónima de Novalis, para quien la poesía es la manifestación más sublime del arte y que emprende en su búsqueda un camino vital de aprendizaje que no ha de ver su final, también la voz poética de Felipe Sérvulo es un Yo eternamente errante, una voz desgarrada por la soledad, atormentada en lo más hondo por la constante compañía de la ausencia, el intenso dolor y el vivo anhelo, que le arrancan versos de inusitada y excepcional belleza.

He aquí el denominador común de estos dos poemarios, publicados en un único volumen por la Diputación Provincial de Jaén bajo el título de Cartografía de la materia. A pesar de la diferencia que constituye su punto de partida: la contemplación de los cuadros de una exposición de pintura sobre la Guerra de los treinta años, en el primero –La Ciudad de hielo-, y la visita del autor al Cortijo del Fraile (Almería), donde en 1928 sucedió un asesinato que frustró trágicamente el amor de dos amantes, en el segundo –De la pureza de la tierra-, el pulso que late en cada uno de sus versos es el mismo e impregna de estricta coherencia la doble publicación.

Los poemas de Felipe Sérvulo pudieran calificarse como poesía amorosa; lo son, y el poeta redime este maltratado género para devolverle la categoría de verdadera y alta poesía. Pero el epíteto, aunque acertado, no le hace completa justicia; Felipe Sérvulo trasciende los límites de lo estrictamente amoroso en el sentido habitual: para la voz poética de Sérvulo el sentimiento del amor ausente es un estado, puro estado existencial: […] / desde tu lejanía. // Cómo decirte que el tiempo / ya no es, o bien: Al levantarme, / encendí tu nombre / y el candelabro de plata / para seguir viviendo (La ciudad de hielo). Este estado es definitorio de la esencia del yo poético, determinante para todos y cada uno de sus sentimientos, para su forma de mirar y de ver el paisaje, para percibir los objetos y el entorno: Después, la casa / me trae las huellas / de los que se fueron; / que no sabe de plazos / la melancolía (De la pureza de la tierra). Como el Werther de Goethe, el yo poético de Sérvulo percibe el paisaje a través del sentimiento que le imbuye el dolor de la separación de la amada: […] Ojalá lloviera ahora / que sangra el sol / y el abandono. // […]. // Al cabo de las casas, / ningún murmullo / y las corolas amarillas. // […] (De la pureza de la tierra). Fuera de este estado no hay nada, todo adquiere su sentido a través de este modo “natural” de estar y ser en el mundo. El amor ausente y el yo poético conforman un Todo único. De esta unidad emana el constante diálogo-monólogo de la voz poética con el ser amado eternamente ausente, los versos brotan de esta ausencia, no serían sin ella, son al propio tiempo fuente de dolor y de creación: Eres como los sueños: / estás, te veo, / hablo contigo, / nunca te alcanzo (De la pureza de la tierra). Esta necesaria unidad, de la que depende la vida del Yo, se percibe en las palabras: Te miro / y, cuando la mirada vuelve, / ya no es mía, pero también, estilísticamente, en la forma que adopta el principio absoluto de este diálogo interior e intimista, que se manifiesta perpetuo, ora callado, ora aflorando al exterior en forma de verso; el comienzo del poema no es el comienzo de la voz, ésta se hace audible de repente y prosigue lo que ha comenzado ya en silencio: Pero, dónde la fiesta. / Dónde la risa / de los hombres, / el pulso en las sienes, / el aliento encendido o bien: Cómo contártelo / sin naves de regreso. / Cómo explicarte / que la belleza es inútil. // Que la ciudad sin ti se muere, […] (ambas citas de De la pureza de la tierra), o este otro: Otras veces traspasábamos / los muros encalados/ de nuestra habitación / y revolábamos sobre la tierra / […] / como prodigio de invierno (La ciudad de hielo) –la negrita es mía-. Así la memoria del tiempo pasado es la fuente que alimenta la poesía, la herramienta que la cincela, los poemas del autor jienense están preñados de recuerdo, de pérdida, de soledad, de vivo anhelo sin visos de satisfacción. Éste conforma el equipaje que lleva consigo la voz poética en su errar eterno: […], / en el cofre dispuse algún recuerdo, […] // Al marchar candé la puerta, / no fuera que la soledad / quisiera acompañarme (La ciudad de hielo). La conciencia del fluir del tiempo, que ha perdido su razón de ser: […] // –Mi vida no es mi vida / sino tiempo que pasa- […] (La ciudad de hielo), la destrucción de un pasado feliz, a causa de la guerra: […] // -La recuerdo, / pero hace tanto tiempo…- // Ahora quedan / capiteles mutilados, / cal exhausta / y el aire que alberga / la descarga de los fusileros, en el primer poemario, o por el crimen vengativo: Ninguna vida / […], / junto al hogar helado. // Y el espesor del tiempo / en la sal de la tierra / y en la mentira, en el segundo. Como el panteísta, que ve por doquier la manifestación divina, así la persona amada de los versos de Sérvulo –otro rasgo en común con los románticos esta aspiración a la totalidad, a la unidad de naturaleza y ser humano- se hace ubicua en la naturaleza, el paisaje rural, que puebla los versos, siempre alejados de la gran urbe: […]. // Y marcas el sendero / donde corona el trigo / y el vino joven / que refugia la tiranía / de la tarde (La ciudad de hielo), o bien: […] El aire se hace / armonía pura, / casi vaho, trigo amor, / sementera de carey / y viña nueva, o en este otro: Percibo la quietud, / la opalina de las viejas casas, / mil historias y la ciudad / que se escucha lejana (ambas citas de De la pureza de la tierra). El poema deviene a menudo un canto a la sencillez de la vida campestre idealizada, de la que todos los sentidos participan: Espumeas el puchero / y amasas la esencia de la espiga / y las aceitunas. […]. // Hueles a brega, a leño, / a pan de gloria (De la pureza de la tierra). La intensidad del dolor subvierte la percepción para alimentar la herida; el silencio se hace atronador; la ausencia, presencia lacerante: Está vivo el silencio / sobre la tierra muerta. / Y la novia, la madre, el novio / y el amor, muertos / en silencio vivo. […] (De la pureza de la tierra).

Altamente recomendable este volumen, preclaro heredero de la mejor poesía española. Del autor, galardonado entre otros con los premios de poesía Blas Infante (1986, 1987, 1988), Sant Jordi (1986, 1987), Salvador Espriu (1992) y Ciudad de Ponferrada (1997) y finalista en otros tantos, se han publicado, además, Hasta el límite de las violetas (Ed. La Mano en el Cajón, 1995), Las noches del Sur (Diputación Provincial de Jaén, 1996), Casi la misma luz (Tágilis Ediciones, 1999). La niña de la colina, pendiente de publicación, del cual Alfonso Levi y Pepa Ortiz leyeron algunos poemas en la última tertulia de la Asociación Cultural El Laberinto de Ariadna (Ateneo barcelonés), promete incluso, si cabe, superar el presente.

© Anna Rossell

4 comentarios:

Amelia Díaz dijo...

Jo, Anna, qué maravilloso escrito sobre Felipe. Qué suerte poder leeros a los dos.
Dime, ¿es un prólogo que le has escrito?
¿El libro ya está a la venta?
Si quieres, infórmame por e-mail.

Besos GUAPÍSIMA!!!

Anna Rossell dijo...

Sí, Ame. El libro es de 2005, pero yo lo he leído hace poco, no lo conocía. Por esto sólo lo he sacado la reseña en mi blog, y no en alguna publicación de más calibre. Para una presentación el libro ya es "antiguo", pero no veas la gozada que es leerlo. Me atrevo a anticipar que a ti te gustará seguro.

Lunska Nicori:BegoñaGTreviño dijo...

Y a mi también me gustará Anna, segurín, seguro... tu "Cuando el dolor se hace poema", es una invitación preciosa a leer "Cartografía de la materia", y a conocer a este autor.. ¡¡Yo me pongo manos a la obra!!
Un beso enorme!!

Anna Rossell dijo...

Pues sí, Doña Lunskita, es un poeta de órdago este Felipe Sérvulo, verdaderamente un romántico auténtico, en el sentido de la estética y la filosofía románticas, no en el sentido que le da al vocablo la vox populi. La poesía andaluza tiene un no sé qué especial, una herencia del sentir y el componer imágenes oriental, que no tenemos en otras partes de España, y eso se nota en la poesía de Sérvulo. Los románticos decían que la poesía venía de oriente. Y seguramente tenían razón.