1 de marzo de 2011

LITERATURA DE INTROSPECCIÓN

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Hans Keilson, La muerte del adversario
Traducción de Carles Andreu,
Editorial Minúscula, Barcelona, 2010, 301 págs.

por Anna Rossell

Pionera esta novela de Hans Keilson (Bad Freienwalde –Alemania-, 1909), la mejor de las tres que escribió y, aunque controvertida, la mejor acogida. Pionero su enfoque en el momento de su gestación, pues si bien no vio la luz hasta 1959, en Alemania, el autor había empezado a escribirla en los años 30, coincidiendo con el ascenso de Hitler al poder. Estos años –los del terror nacionalsocialista- sirven de marco histórico al tema que el autor propone: el de la relación entre víctima y verdugo, entre amigo y enemigo, una experiencia que sirve a Keilson para proyectar, a partir de su vivencia personal y de sus conocimientos profesionales, una parábola universal sobre aquella relación. El autor, judío alemán que estudió psiquiatría y educación física en Berlín, emigrado a Holanda en 1936, donde trabajó con el movimiento de la resistencia, ejerció como psicoterapeuta en Ámsterdam en el tratamiento del trauma de supervivientes del nacionalsocialismo. Su mirada hacia el objeto de su análisis no es cualquier mirada.

Keilson, autor también de poemas y ensayos en los que predomina esta temática, construye una novela analítica y reflexiva de ademán teórico con vocación universal –a este fin, la novela no menciona años ni nombres, a pesar de dejar muy clara la situación histórica-, al proponer una tesis general aplicable en cualquier contexto. A los iniciados en el tema su tesis no ha de resultarles nueva; hace mucho es sabida la interpretación del genocidio nazi por parte de algunos sectores judíos como una especie de destino, un castigo divino del que se habrían hecho merecedores -una culpa que había que purgar-. También se ha tratado literariamente (Imre Kertesz, Sin destino; Fiasco; Kaddish para un hijo no nacido; Friedrich Dürrenmatt, El juez y su verdugo; Edgar Hilsenrath, El nazi y el peluquero; entre otros muchos) y filosóficamente -incluso antes del fin de Hitler (Hannah Arendt, Culpa organizada)- la cuestión de la fina línea que separa la víctima del verdugo sugiriendo la intercambiabilidad de los papeles. Sí era novedosa sin embargo en los años treinta. De ahí su originalidad.

La de Keilson es una historia de base autobiográfica y el marco en el que se encuadran los hechos –una historia dentro de otra historia- apunta deliberadamente en esta dirección. Narrada en primera persona, la voz del protagonista es un claro trasunto del autor, como él exiliado por la misma razón en Holanda y como él en los mismos años escritor de las reflexiones más tarde susceptibles de convertirse en novela.

La cuestión de fondo es la del engaño, concretamente el autoengaño, que impregnaría los sentimientos y los actos humanos. En diferentes variantes – las múltiples y dilatadas consideraciones introspectivas a que se entrega el narrador acerca del carácter ilusorio de las razones de la actuación del enemigo y de las del grupo por él amenazado, la falsificación en general: de sellos, fotografías o documentos oficiales-, todo conduce a la tesis de que, como sostiene el psicoanálisis, nada a nuestro alrededor y en la actuación humana es en realidad lo que parece. En coherencia con la voluntad ensayístico-filosófica del texto, la voz narradora es ecuánime, nada da entender sufrimiento alguno. El narrador es el observador distante –lo cual da literariamente unos pasajes muy logrados- que, incapaz para la empatía con quienes corren su misma suerte, se autoexcluye para mantenerse fiel a la intuición en la que basa su tesis: que entre víctima y verdugo hay una relación dialéctica de amor-odio -en el caso de la víctima de tintes masoquistas-, que radica en las propias frustraciones. La existencia del enemigo serviría para el conocimiento de sí mismo; la muerte del enemigo equivaldría a la propia muerte. Consecuencia congruente es entender la ira del adversarioo como un destino inevitable. De ahí que la novela levantara ampollas en su momento, a pesar de la clamorosa acogida que ha tenido por parte de la crítica en los Estados Unidos, donde ésta y otra de sus novelas, Komödie in Moll (Comedia en clave menor) han sido reeditadas recientemente con motivo del centenario del nacimiento del autor. En Alemania la editorial Fischer publicó en 2005 sus obras completas. En España se edita por primera vez.

© Anna Rossell

(Publicado en Quimera. Revista de Literatura, Núm. 328 (marzo 2011), Barcelona, 2011, p. 75.)

2 comentarios:

vanesa dijo...

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Anna Rossell dijo...

De acuerdo, Vanesa. En cuanto pueda, me paso por tu blog.