14 de febrero de 2011

¿ESPAÑOL O CASTELLANO? ACERCA DE UN MALENTENDIDO ETERNO

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"Muchas de las innovaciones que dieron lugar al español moderno no vieron la luz en Castilla"


Inés Fernández-Ordóñez ingresa en la RAE con un discurso que sostiene que el español no puede identificarse sin más con el castellano.

por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
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"Habrá palabras nuevas para la nueva historia". Ese verso de Ángel González sirvió esta tarde a la filóloga Inés Fernández-Ordóñez (Madrid, 1961) como introducción a su brillante discurso de ingreso en la Real Academia Española, donde ocupará desde hoy el sillón P, vacante desde la muerte del poeta asturiano en enero de 2008. La nueva historia a la que se refiere esta catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid, que en diciembre cumplirá 50 años, es la que matiza la versión más extendida sobre los orígenes de la lengua española.

En su discurso La lengua de Castilla y la formación del español, Fernández-Ordóñez sostuvo que el español no puede identificarse sin más con el castellano, ni siempre estuvo en Castilla el origen de los rasgos lingüísticos que hoy caracterizan a nuestra lengua. El español, sostuvo, es un crisol de rasgos lingüísticos de dispar procedencia (asturleoneses, navarroaragoneses, gallegoportugueses, catalanes) que confluyeron sobre el territorio del centro peninsular, sin que por ello se pueda identificar solo con la lengua de Castilla.

En una intervención que ocupa más de 100 páginas -mapas incluidos- en las tradicionales ediciones de su nueva casa, la académica fue contundente al reconocer el papel de Ramón Menéndez Pidal como padre de la moderna filología española, una rama que se prolonga en nombres como los de Tomás Navarro Tomás o Diego Catalán, su propio maestro. Pero idéntica contundencia puso a la hora de matizar el "castellanismo ideológico" que llevó a Pidal a establecer que el castellano se extendió desde el norte hacia el centro y el sur de la Península acompañando a la conquista de las tierras de Al Andalus durante la Edad Media. Dicha extensión, en la que la lengua iba de la mano de la espada, habría determinado la castellanización de las tierras conquistadas a los árabes y, tras la anexión política, la de los reinos de León, Navarra y Aragón.

Para Inés Fernández-Ordóñez, la visión de Pidal es la propia de un intelectual de la generación del 98, alguien para el que Castilla representaba la esencia de lo hispánico. Triunfante durante décadas, esa visión condicionó la historia de la lengua y de la literatura, pero los datos salidos del Atlas lingüístico de la Península Ibérica, impulsado por el propio Menéndez Pidal, la matizan rotundamente.

Entre otras cosas, esos datos demuestran que el español tiene unos márgenes mucho más amplios que los de Castilla. Aunque el origen de ciertos rasgos lingüísticos fue indudablemente castellano, el origen de muchos otros fue occidental (asturleonés, gallego o portugués) u oriental (navarro, aragonés o catalán). El primero sería el caso de la distinción entre los relativos quien y que, o el del indefinido alguien (el castellano utilizaba alguno). El segundo sería el de pronombres tan hispanos como nosotros y vosotros. Del mismo modo, el leísmo o el laísmo castellanos no se han impuesto en el español general. Así, pues, más que a un avance de norte a sur en "cuña invertida" -la imagen es de Pidal-, la formación histórica del español se debe a su contacto con otras variedades lingüísticas.

Experta en dialectología y literatura medieval -es una autoridad en la obra de Alfonso X-, Inés Fernández-Ordóñez dirige el Corpus Oral y Sonoro del Español Rural. Esta tarde se ha convertido en la séptima mujer en ingresar en la RAE. El acto ha estado presidido por el ministro de Educación, Ángel Gabilondo. A su derecha, en la mesa presidencial, se ha sentado por primera vez José Manuel Blecua, que en diciembre sustituyó a Víctor García de la Concha como director de la RAE.

Fernández-Ordóñez es, sin embargo, la primera filóloga en sentarse en una casa que en 2013 cumplirá tres siglos. Su oficio quedó claro en una lección que fue "un acto de amor al español", como dijo en su respuesta José Antonio Pascual, el académico que, junto a Margarita Salas y Álvaro Pombo, propuso a la institución el nombre de la nueva académica.

(Javier Rodríguez Marcos, publicado en El País, 14-02-2011, pág. 43)

4 comentarios:

Felipe Sérvulo dijo...

El uso: decimos castellano en España. Español, en el extranjero y nos entendemos perfectamente.
El discurso: visión propia de académico.
Título "malentendido eterno": un pelín exagerado.

Noray dijo...

Creo que ya hace algún tiempo estuvimos debatiendo sobre la conveniencia o no de estos dos términos para referirnos a la lengua común que hablan más de 500 millones de personas en todo el mundo. Creo que, precisamente por ello, es más correcto utilizar en la actualidad español, aunque "no sea constitucional", mientras que el castellano debe utilizarse como rasgo lingüístico distintivo que es utilizado por una parte de los ciudadanos -los de Castilla- de España. No en vano utiliza la propia Real Academia Española de la Lengua el termino española para referirse al diccionario que confecciona para uso del idioma común y que no es otro que Diccionario de la Lengua Española. Del mismo modo, el término que se utiliza de manera general en otras lenguas es el de español (spanish, spagnolo, espagnol, spanisch, espanhol). El problema surge cuando se relaciona el español con el resto de lenguas cooficiales de España; creo que es entonces cuando podemos utilizar el término de castellano por cuanto aquellas también son lenguas españolas.


Un abrazo.

Anna Rossell dijo...

En mi opinión no hay exageración alguna en el rosario argumentativo de la académica. Sus razones son, como dices la "visión propia del académico", y precisamente por ello es una visión que se basa en el conocimiento fundado, tanto del desarrollo histórico de la lengua, como de la ideología nacionalista que lo acompañó y que desde hace siglos crea malestar entre la gente española. Que la académica puntualice no es pedantería, es corrección de un error, de lo que yo llamo "malentendido eterno", porque dura siglos. No creo, pues, que sea exagerado. Hay otros argumentos sobre el particular que podéis leer bajo la etiqueta: "Cuestiones del lengua"

Anna Rossell dijo...

Sí, Noray. Coincido plenamente contigo, en todo, excepto en el último punto: "El problema surge cuando se relaciona el español con el resto de lenguas cooficiales de España; creo que es entonces cuando podemos utilizar el término de castellano por cuanto aquellas también son lenguas españolas".

Tampoco en este caso cabe acuñar el término "castellano", pues "español" es una abstracción; es la lengua estándar que se habla en TODA España, la que se manifiesta supuestamente sin tintes regionales (sin peculiaridades geolingüísticas), la que se forma en las ciudades como lengua vehicular de uso común y "neutro" entre gentes procedentes de distintas zonas geolingüísticas. La ciudad viene a ser el crisol donde se consolida este "español", donde cuaja y se estandariza la lengua.

Un fuerte abrazo.