23 de septiembre de 2010

BARTFUSS, LAS CICATRICES DEL HORROR, En Bartfuss, l'Immortal, de Aharon Appelfeld (por Anna Rossell)

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En Bartfuss, l’Immortal
Traducción del hebreo de Eulàlia Sariola
Club Editor, Barcelona, 2010, 151 páginas

por Anna Rossell

Aharon Appelfeld (Czernowitz, Bucovina, 1932), de quien en España conocemos un puñado de sus más de treinta novelas: Vía férrea (Losada, 2004), Historia de una vida (Península, 2005), Badenheim, 1939 (Losada, 2006), en español, y, además de la que ahora se publica, en catalán, Flors d’ombra, (Club Editor, 2009), recrea en Bartfuss la vida de una víctima judía del Holocausto. Pero Appelfeld construye su personaje de manera atípica: del calvario de Bartfuss sabremos poco, lo justo para crear un aura enigmática a su alrededor, enigma que no se despeja con el final. La de Bartfuss, como la de tantos que han compartido su destino y como él llegaron a Israel tras el infierno nacionalsocialista, es una existencia rota. Superviviente de un campo de exterminio del que logró huir poco antes de acabar la guerra, dedicado después, en Italia, al tráfico de personas y al comercio turbio, Bartfuss ha amasado una fortuna de la que vive en Jaffa con su mujer y una de sus dos hijas, a las que escatima el dinero y las palabras. La información que tenemos de él, altamente dosificada y sólo apuntada, se nos da casi siempre indirectamente. A través de otro personaje sabremos que ha cambiado mucho desde los tiempos de Italia, sin embargo no se nos orienta acerca de la razón. Conocemos a Bartfuss en su actualidad, un hombre inhóspito, emocionalmente muerto, un misántropo que evita el lenguaje y rehúye la compañía como quien desconfía de las palabras y de los hombres. Bartfuss parece haber perdido la fe en todo y en todos, también en los judíos, es un escéptico que se ha desprendido de las cualidades estrictamente humanas para sobrevivir como una especie distinta: odia a su mujer, aborrece a su hija mayor y a su yerno y vive en su propia casa como un animal en su guarida, pendiente del oído y del olfato para protegerse de sus enemigos, que se nos esbozan tan deshumanizados como él. Se insinúa un proceso de degradación en el recorrido vital del personaje que intuimos en otros tiempos capaz para los sentimientos y el amor, no sólo frustrados éstos por la vivencia del horror nazi. Entre líneas la novela transporta una sutil crítica al utópico proyecto sionista de la tierra prometida, un tema que pocos se han atrevido a abordar en la literatura del Holocausto. Appelfeld representa una voz peculiar entre los escritores de esta literatura. Reflejando la autobiografía del autor, el estilo parco y lapidario del narrador recuerda el de su protagonista.

(Publicado en La Vanguardia, Culturas, miércoles, 22-09-2010)

2 comentarios:

Arantza G. dijo...

Hace un tiempo, leí un artículo sobre lo que influye el dolor en la reacción y vida de las personas.
¿Es posible que el autor haya expresado más o menos esa connotación en el personaje?

Anna Rossell dijo...

Arantza, gracias por la pregunta. Sí, efectivamente, yo también lo creo. Mucho es lo que influye el dolor en la vida de cada cual. Esto lo sabemos todos y cada uno cuando pensamos en nuestra propia biografía, y lo saben aún más l@s sicólog@s. En cuanto a la novela que he reseñado, lo cierto es que sabemos muy poco de la vida anterior del protagonista, pero lo poco que sabemos induce a pensar que tu tesis es cierta y bien cierta: él se ha hecho arisco y hermético precisamente por el profundo dolor que le tocó vivir y también -supongo yo- por el desencanto que debió de vivir el personaje con respecto al sionismo (ello se lee entre líneas). Gracias, Arantza, por hacer foro.
Un beso.