26 de junio de 2010

UN LIBRO, UN VIAJE. "ARRELS NÒMADES", DE PIUS ALIBEK, por Anna Rossell

UN LIBRO, UN VIAJE

Pius Alibek

Arrels nòmades
La Campana, Barcelona, 2010, 4ª edición, 345 páginas

Sencillamente hermoso este libro de Pius Alibek, un asirio-caldeo de Ankawa, pequeña población del norte del actual Irak, donde el autor nació en 1955, región en la que se asienta también la minoría kurda iraquí. Arrels nòmades, del que ahora se edita la cuarta edición, es la historia autobiográfica de su autor-protagonista, el relato de una vida en la vasta geografía iraquí, desde Ankawa hasta el desierto del sur, pasando por Basora y Bagdad, una vida cargada de emociones y de intensa convivencia multicultural narrada por un espíritu observador y sensible, de inteligencia cosmopolita. Alibek, llegado a Barcelona en 1981, donde acabó por establecerse a causa de la duración de la guerra Irán-Irak, se entrega a los recuerdos que marcaron su infancia hasta su primera juventud, llevado por la necesidad de legar a sus dos hijas pequeñas la herencia de sus raíces, que ellas sólo conocen por los indicios de su estrecho círculo familiar en Barcelona. Pero su escritura no pretende una regresión a su pasado, al contrario, sus palabras fluyen llevadas de la convicción romántica y certera de que sólo quien lleva a cuestas sus raíces es capaz de abrirse al mundo: “Extiende tus raíces. Guárdalas en el corazón. Cárgalas a tus espaldas como la madre nómada carga al ser querido. Sólo entonces el mundo entero será tu tierra. […]. No saques la cabeza por la ventana. Abre la puerta, arranca las raíces y vuela. Sólo entonces tendrás la libertad para amar todas las tierras y a todas las personas”, escribe en el prefacio a modo de resumen de sus intenciones.
El relato de Alibek se lee como una novela en primera persona, seduce por la riqueza de las experiencias vividas por quien las escribe y sabe plasmarlas con un lenguaje matizadamente rico y capaz de alcanzar la profundidad de los repliegues más recónditos del alma. Nos acerca con pasmosa sencillez a un mundo mágico y lejano, en algunos momentos con ecos familiares: el despertar a la conciencia de una minoría en sus primeros años en Ankawa, la mudanza de su familia, católica, a Basora, un entorno culturalmente ajeno en el que el niño tendrá que aprender árabe y a convivir con musulmanes, su vida en el seminario jesuita de un barrio residencial de Bagdad, en el que ingresa con la intención de hacerse sacerdote, sus años de estudiante de filología inglesa en la universidad, el largo aislamiento de treinta y ocho meses de duro servicio militar en el desierto y finalmente su traslado a Barcelona, huyendo de la guerra con el país vecino. El autor-protagonista de esta peripecia vital, quinto de doce hermanos, se nos revela ya desde niño como una conciencia recta, honrada, coherente y observadora, que interpreta y analiza personas y lugares, situaciones –políticas y humanas- y paisajes con mirada siempre sensible, aguda y afilada: crítica, cuando reclama crítica, poética, cuando su objeto le impone este registro. Así, sin que por ello adquiera protagonismo, el relato no ignora la política, los años en que el partido baasista, que con el tiempo lideraría Saddam Hussein, se hizo con el poder en Irak y sabe retratar un paisaje con la fuerza de una poesía: “[…] el verdadero encanto se reserva para manifestarse con todos sus enigmas en las noches del desierto. Las palabras se me escapan […]. Intento trenzarlas con ternura y brotan de mí emociones desbocadas que las confunden y las vacían de significado. Desisto, cierro los ojos y veo la oscuridad que avanza tímidamente. Reclama su noche con el rostro ruborizado y el cielo le reclama compartirla”. Alibek, que compagina su actividad de traductor e investigador con la de restaurador de cocina iraquí en Barcelona, se revela, además, con este libro como una promesa literaria.

Anna Rossell

(Publicado en La Vanguardia. Culturas, 23 de junio 2010)

2 comentarios:

montse dijo...

Gràcies per la recomanació, en prenc nota per llegir-lo durant les llargues nits de l'hivern.

Salut, i petons per a tothom.

Anna Rossell dijo...

Sí, crec que realment val la pena, Montse. Ja em diràs si t'ha agradat igual que a mi.
Forta abraçada.