2 de noviembre de 2014

ROSSELL IBERN, Anna Maria - Manual de traducción alemán-castellano

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Fuente: http://obras-de-traductologia.wikispaces.com/ROSSELL+IBERN,+Anna+Maria+-+Manual+de+traducci%C3%B3n+alem%C3%A1n-castellano

Manual de traducción alemán/castellano

Table of Contents



Autor/a/es: ROSSELL IBERN, Anna Maria
Editorial: Gedisa
Idioma/s: Castellano
Nº de páginas: 222

Por Andrea Springer

Introducción

El libro Manual de Traducción alemán/castellano, de Anna María Rossell Ibern, está dividido en cinco capítulos. El manual pretende hacer por un lado un análisis de errores y vicios y por el otro ofrecer una reflexión general sobre la práctica traductora. El trabajo va dirigido a futuros traductores, profesionales del sector, o a quienes deben superar cualquier prueba de traducción. En el libro se tratan aspectos que habitualmente quedan excluidos en la enseñanza de idiomas. Este manual habrá conseguido su objetivo si facilita la tarea tanto al aprendiz como al profesional, el motivo principal es el de sensibilizar.

Resumen

 

Se manifiestan ciertos vicios con regularidad al traducir. ¿Cuáles pueden ser las causas? La autora intenta clasificar los errores más comunes por tipos. Los contagios entre una lengua y otra no siempre son evidentes y muchas veces se deben buscar en el mero hecho de traducir. La denominación de los tipos de errores no siempre remite al texto original sino a menudo a la versión traducida, con el fin de cotejar se adjuntan ambos textos por sistema.
Para la clasificación Rossell Ibern se ha basado en traducciones publicadas de diversos temas y textos de diferente índole. Se trata de una elección de traducciones de indiscutible calidad y una selección de ejemplos de errores habituales en distintas fuentes.


Capitulo primero: La operación traductora. Valoración global de sus dificultades

 

¿Dónde radica tanta dificultad? La respuesta es múltiple pero sobre todo es fundamental tener una buena competencia lingüística. No nos interesa solo el texto sino también a quien está dirigido. Encontramos pistas sobre el receptor por el léxico empleado y la sintaxis, así como por la información añadida, el contexto.
El traductor debe ser buen conocedor de las realidades socioculturales de las respectivas comunidades lingüístico de las que se ocupe. El traductor primero es lector y luego receptor, por último es creador, pero no libre si no condicionado. Está condicionado consciente e inconscientemente. Conscientemente por elegir las mejores equivalencias no solo lingüísticos, e inconscientemente por múltiples interferencias de diversa naturaleza. El traductor debe saber manejar con soltura los diferentes registros (variedades del idioma) en la lengua de llegada.
La autora divide en cuatro las grandes fuentes de interferencias:
- Comprensión del texto como producto del malentendido
- Redactar en texto en la lengua propia
- Abordar las tareas de traducir
- Traducir específicamente de una lengua original y no de otra
Las últimas tres fuentes coexisten y se entremezclan.
Rossell Ibern identifica al traductor como una especie de mago que a veces genera una tercera lengua.

La tercera lengua

 

Una traducción mala puede haberse producido porque el traductor haya entendido mal el texto original o porque no haya sabido expresarlo en la otra lengua.
Hay que distinguir entre la estructura superficial (nivel formal) y estructura profunda (nivel semántico). Cuando una traducción es de lectura incomoda, y decimos que «suena mal» probablemente se deba al empleo de la tercera lengua, la cual puede deberse a la falta de dominio de la lengua meta. Pero no siempre es así al estar cotejando constantemente estructuras y palabras de dos sistemas lingüísticos diferentes pueden surgir colapsos o interrupciones en el hilo de pensamiento, que se verán reflejados en incoherencias sintácticas y semánticas o en defectos de estilo. Estos problemas no pasarían o con mucha menos frecuencia si pensáramos directa y únicamente en nuestra propia lengua. La lengua de partida dirige nuestra concepción con demasiada fuerza desde el primer momento, como cuando traducimos el alemán Wie geht’s? por ¿Cómo te va? en vez de ¿Cómo estás? Es la estructura sintáctica y el léxico de la lengua inicial que determina decisivamente la traducción. A veces incluso la morfología del término en la lengua de partida influye como cuando traducimos Einbildungskraft por capacidad imaginativa en vez de imaginación. Por el grado de atención que reclama una palabra en el texto original puede que le llegamos a colocar una camisa de fuerza en la traducción. Con frecuencia podemos afirmar por la tercera lengua que leemos una traducción y hasta podemos sin gran esfuerzo identificar la lengua de partida. La lengua del país donde vivimos gana en algún momento la partida, las interferencias que genera nos permiten aventurar la procedencia de emisión casi sin equivocarnos. Una traducción debe ser libre de la rigidez, del rebuscamiento y de la falta de naturalidad que confiere la influencia de la lengua del texto original. Los traductores necesitamos distanciarnos del trabajo una vez terminado este, debemos dejarlo reposar para releerlo más tarde. Es entonces cuando seremos capaces de percibir la tercera lengua y corregir la traducción.

¿Por qué una versión y no otra?

 

Como traducimos los dialectos y las marcas, o los nombres de por ejemplo unos grandes almacenes, que en una cultura se conocen y tienen sentido y en la otra no, si los traducimos están fuera de contexto.

Dos percepciones diferentes del mundo: ¿Entendimiento o malentendido?

 

Cada lengua nos impone su óptica, significa lo mismo Weltanschauung que concepción del mundo, es lo mismo hablar en alemán de Finger und Zehen donde el español sólo conoce dedos. Abarca lo mismo Bericht que informe. ¿Cómo traducir lo intraducible? El alemán distingue entre seis árboles donde el español se limita a pino y abeto. El traductor debe aguzar bien el ingenio para, en la medida de lo posible, salvar tanto las diferencias como los vacíos.


Capitulo segundo: Problemas léxicos

 

La importancia de las menudencias: und, da, aber, auch, in, etc.

 

A menudo las menudencias pasas más desapercibidas de lo que debieran en traducción. Pero nada más lejos las menudencias no son nada insignificantes pues conllevan una variación de matices. Basándose en unos cuantos ejemplos Rossell Ibern refleja que und no se caracteriza por su univocidad y destaca la frecuencia del und no copulativo. De igual manera aber no siempre se traduce por pero, hay que distinguir si el sentido es consecutivo, adversativo o incluso temporal, pues la traducción al castellano puede varia según el sentido. La conjunciones y adverbios, la riqueza semántica que pasa fácilmente desapercibida. La autora del manual nos quiere sensibilizar con una breve selección de ejemplos. Dependiendo de la necesidad de la traducción auch pide ser traducido como incluso, puesto que el término también seria incorrecto. No debemos generar posibilidades de equivoco. Siguen varios ejemplos para vor, da, über, allein, neben e immer. A veces la traducción de la palabra depende del verbo empleado ya que la traducción del alemán Angst vor no sería miedo ante algo si no más bien miedo a algo.

Los falsos amigos léxicas o las apariencias engañan

 

Normalmente entendemos por falsos amigos a las palabras de la lengua original que coinciden en su etimología de la lengua terminal, pero cuyos significados difieren esencialmente, véase: Gymasium (instituto de enseñanza media) por gimnasio, pedantisch (meticuloso) por pedante. Estos tipos de falsos amigos pueden producirse durante la fase de aprendizaje, cuando el conocimiento de la lengua terminal es todavía deficiente, son menos corrientes cuando uno ya tiene un buen conocimiento de la lengua. Entonces es cuando surgen los otros falsos amigos, que según la autora, se basan en la asociación fácil a menudo fija con independencia de si tienen una etimología en común o no, lo cual también puede ocurrir con las menudencias. Traducciones muy frecuentes de este tipo de falso amigo sería: libro pequeño por kleines Buch en vez de librillo o librito o estantería para libro por Bücherregal en vez de hablar simplemente de estantería. También surge una forma de actuar mucho más imperceptible que los falsos amigos tradiciones, la cual es mucho más difícil de controlar y más peligrosa: La tiranía de la forma o el mimetismo morfológico. Por ejemplo asociamos correspondiente a entsprechend aunque la traducción exija conforme o adecuado a. O usamos investigador de mitos por Mythenforscher en vez de su análogo español mitologista. El consejo que nos da Rosell Ibern es que, excepto cuando las exigencias de estilo aconsejan lo contrario, conviene siempre distanciarse de las palabras de la lengua original quedándose únicamente con la idea que expresa, pero no la forma de hacerlo. Para aclarar lo dicho usa la palabra Trümmerlandschaft que efectivamente se puede traducir por paisaje (Landschaft) de ruinas (Trümmer) pero no es este el campo asociativo que requiere la fuerza que emana la palabra si no más bien el de la desolación. Igualmente estaría mal traducir candidato por Kandidat cuando nos referimos a un concursante en un programa televisivo.

El diccionario como enemigo

 

No cabe duda que el diccionario es la herramienta básica del traductor, pero a veces la ayuda de los diccionarios se vuelve contra él, especialmente cuando la insensibilidad del traductor respeto a la palabra o expresión es grande. Esta afirmación viene respaldada por una serie de ejemplos con grundsätzlich, Errichtung y sonst. El primer ejemplo explica que ocasión no es siempre la correcta traducción de Anlass sobre todo si este se entiende como motivo o causa. La autora destaca que sonst tiene un sentido adversativo y que exige una adaptación especifica a cada contexto, al igual que las palabras erst y kaum, que exigen por parte del traductor una reorganización completa del texto. Debemos controlar nuestro diccionario interno, que nos adelante un determinado significado de la palabra que nos ocupa, con preferencia a otra, aunque el contexto la desaconseje o hasta exija otra (Gedanke puede significar pensamiento pero también idea). Nos fijamos mucho en palabras aisladas, por eso son muy útiles los ejercicios que obligan a traducir el sentido de una oración variando al máximo su estructura.

La pérdida del punto de referencia

 

Puede ocurrir por la tiranía morfológica y sintáctica que ejerce el texto original sobre el traductor. Buscamos en la lengua de llegada el léxico y las estructuras formalmente más similares a del original, aún a costa de forzar la expresión natural del castellano. Perdemos el punto de referencia cuando la coincidencia formal se nos resiste. Algunos vocablos de uso muy frecuente en alemán presentan particular dificultad, puede porque no exista una correspondencia en castellano que cubra fácilmente el significado deseado en la categoría léxica del texto original, estos vocablos son los que no permiten el calco.

Los referentes

 

Existen referentes con traducción innecesaria, que el alemán utiliza por la imposición de las reglas de su gramática, pero que en castellano no se requieren con la misma frecuencia y otros que crean ambigüedad de sentido.

El artículo: El valor de su ausencia

 

Su uso en castellano y alemán es distinto. Mientras que en castellano tiene un valor determinante del sustantivo al que acompaña, en alemán su necesidad de determinar o indeterminar se entiende de manera diferente y se expresa de otro modo.

La incoherencia semántica

 

Los elementos de los ejemplos grito suave y pasos breves no encajan bien entre sí en español. En español si queremos decir que no se oyó el grito con toda la fuerza habitual hablamos de un grito ahogado o un grito sordo. El segundo ejemplo se refiere a la expresión pasos cortos.


Capitulo tercero: Las estructuras

 

El calco estructural ocurre cuando el traductor se deja llevar más por la apariencia formal del lenguaje que por el sentido del mensaje que transmite. Esta tendencia se aplica incluso a oraciones enteras. El resultado es una lengua rígida y nada fluida que entorpece la lectura hasta dificultar la comprensión. La autora afirma, que al usar el calco tenemos miedo a dejar la estructura conocida, que nos viene dada por el texto original, pero debemos separarnos de ella para desprendernos de modos de hablar y de escribir forzados y poco auténticos en castellano.

La proposición del relativo

 

El calco se repite con obsesiva insistencia en los casos de las proposiciones de relativo y las formuladas en voz pasiva. El alemán usa tanto el relativo genitivo o con preposición como la voz pasiva de forma mucho más generalizada que el castellano. La solución para evitar el calco en la mayoría de los casos, se encuentra precisamente en evitar esa generalización en los textos españoles.

El cortocircuito sintáctico

 

Las inconsecuencias sintácticas se generan por el cruce de diferentes estructuras o por haberse omitido por descuido alguna palabra al escribir. Puede que confundamos lo que pensamos con lo que escribimos hasta el punto de creer haber escrito lo que solo hemos pensado, luego al texto le falta alguna pieza. Esto resulta en discordancias sintácticas. La dificultad de prestar atención a muchos detalles a la vez, junto al hecho de concebir y redactar un texto, forman parte de los errores que resultan en la incoherencia sintáctica, conocida cono anacoluto.

El gerundio en castellano y la estructura alemana und+verbo

 

En castellano no se debe utilizar el gerundio para referirse a una acción posterior a la expresada por el verbo principal (gerundio de posterioridad). En vez de querer usar el gerundio, lo suyo es seguir la misma estructura que en alemán: Und+verbo.

El orden de colocación de los elementos

 

Cada lengua hace uso de diferentes categorías para matizar o dar énfasis a lo que se quiere expresar. El traductor debe sensibilizarse con las posibilidades expresivas de la ordenación de los elementos en la oración, al ser este un recurso muy sutil para conseguir enfatizar. Siempre debe estar alerta para no dejarse contagiar por la ordenación del texto original al traducir. El alemán tiende a iniciar una oración con el complemento directo para darle mayor relieve. Cuando desplazamos algún elemento al traducir debemos prestar atención de no alterar el significado. Con frecuencia al escribir formulamos oraciones con significación ambigua, sin advertirlo incluso cuando revisamos lo escrito. Esta ambigüedad suele producirse por una colocación errónea de los elementos o por la polivalencia del componente causante de la ambigüedad en cuestión. Normalmente no se debe a un contagio directo de la lengua de partida, sino por el mero hecho de escribir. Puede ocurrir que por tener que atar muchos cabos sueltos al mismo tiempo alguno se escapa.

La interrupción incomoda del mensaje

La lectura de un texto debe ser en su redacción fácilmente compresible y fluido.

Los signos de puntuación

 

No debemos transportar los signos de puntuación automáticamente del texto original al traducido, puesto que primero cada lengua tiene una normativa distinta y segundo la restructuración de toda la frase conlleva una organización completamente distinta.
La mala utilización de los signos de puntuación puede suponer desde solo una diferencia de matiz, a provocar ambigüedad hasta incluso crear graves malentendidos.

El punto: Distingue entre dos mensajes diferenciados entre si que tienen distintos grados de conexión semántica.

Punto y coma: Se usa para una separación menos tajante entre las ideas, que se exponen, existe una conexión semántica mayor. Se emplea para realizar una conexión causa-consecuencia o enumeración.

La coma: Indica una separación necesaria cuando la idea global que quiere exponerse no se ha expresado aún por completo (p.ej. para separar las proposiciones en las oraciones compuestas). La coma en español tiene una gran capacidad expresiva, su presencia o ausencia puede variar el sentido, el matiz o acentuar o rebajar la importancia de lo queremos expresar. En alemán el uso de la coma es más mecánico, su utilización está prescrita por las reglas gramaticales con mayor rigidez que en castellano, no tiene en alemán el poder significativo que tiene en castellano. Para conseguir un efecto expresivo en alemán manipulamos el orden de los elementos de la oración mientras que en castellano colocamos el elemento en cuestión entre comas.

El guión: No se usa del mismo modo en alemán y castellano. No se debe colocar de la misma manera en el original y en la traducción. En castellano la raya hace menos incomoda la interrupcion de la perífrasis porque indica de inmediato que se trata de un inciso.

Dos puntos: Existe una relación sintáctica-semántica entre lo que antecede y lo que sigue a los dos puntos.


Capitulo cuarto: La traducción de lo imposible: locuciones y lenguaje figurado

 

Locuciones y refranes. El tratamiento de las piezas fijas

 

Las locuciones son formas fijas que se insertan como piezas únicas, las correspondencias de la lengua terminal poco se parecen a las unidades léxicas y las locuciones del texto original. Para traducir las locuciones debemos olvidarnos de la manifestación formal y concentrarnos en el sentido. Hay que traducir de modo que el sentido quede intacto. La autora nos detalla los diferentes casos de equivalencia de las locuciones:
- Puede que la lengua original use una locución pero la terminal no
- Puede que la lengua terminal utilice una locución aunque en el original no la haya
Existe el mismo problema para los dichos y los refranes.

Lenguaje metafórico

 

Tanto al hablar como al escribir manejamos imágenes y el lenguaje figurado mucho más de lo que somos conscientes, casi constantemente. La dificultad está en dar con el léxico adecuado.


Capitulo quinto: Cuestiones de estilo


Para redactar un texto o traducir debemos saber cambiar de registro cuando sea necesario, es conveniente acomodar el lenguaje al objetivo. A menudo empleamos vicios contra la sencillez en vez de quedarnos con la elegancia de la concisión, empleamos la redundancia o usamos expresiones y construcciones pedantes. Decimos de alguien que es pedante cuando hace ostentación presuntuosa e inoportuna de su conocimiento o usa extranjerismos inadecuados (p.ej. chance por oportunidad). Debemos evitar las expresiones rimbombantes y el lenguaje hinchado y grandilocuente. La pobreza léxica también es importante evitar. Es un fenómeno muy frecuente en zonas bilingües donde se habla y escribe usando un léxico muy limitado. Es muy habitual el uso de los verbos polisémicas como tener, haber, hacer, ser, etc. y sustantivos como casa, tema, cuestión, tío. Debe cuidarse la riqueza léxica puesto que un uso frecuente de vocablos de la misma raíz etimológica no es elegante. Es mucho más correcto y adecuado decirdesempeñar un cargo en vez de tener un cargo o celebrarse una fiesta en vez de haber una fiesta. A veces al redactar podemos caer en cacofonías y rimas internas por dar más importancia a otras cuestiones pues reclaman un mayor esfuerzo.


Comentario

 

El manual de traducción consigue lo que pretende la autora: sensibilizar al traductor, motivarle a aguzar el ingenio y prestar mayor atención a cómo traducir y que debemos estar siempre alertos a nuestro diccionario interno, el cual a veces en vez de ayudar nos lleva a cometer errores. El libro resulta ser una muy buena ayuda gracias al sinfín de ejemplos abarca una gran variedad de textos y estilos diferentes.

31 de octubre de 2014

NUEVA ANTOLOGÍA POÉTICA

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Ha llegado la Generación Subway.
Poesía Salvaje y Undergrund de la mano de Daniel Casero, Inmaculada Jiménez Gamero, José María García Linares, Alfonso Gómez Aguirre, Tomás G. Goya, Miguel Hernández García, Ismael Perez de Pedro, Josep Piella, Anna Rossell Ibern, Encarnación Sánchez Arenas, Eufrasio Navarro, Juan Manuel Torreira, Anamaría Trillo, Noemí Trujillo, Malicia En País Milanadas y David Yeste.
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29 de octubre de 2014

MANUAL DE TRADUCCIÓN ALEMÁN-CASTELLANO

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Anna María Rossell Ibern
Manual de traducción alemán-castellano
Barcelona, Gedisa, 1996


Por Violeta Pérez

La editorial Gedisa ha publicado ya tres volúmenes en una nueva colección de manuales de traducción que se basan fundamentalmente en ejemplos recogidos de la enseñanza de esta disciplina. Así, en el tercero de los libros de esta serie Manual de traducción. Alemán/Castellano (los dos anteriores estaban consagrados a la traducción del francés y del inglés) Anna María Rossell Ibern propone, en primer lugar, una reflexión general sobre la práctica traductora y analiza los errores y vicios más corrientes, con múltiples ejemplos, de textos traducidos del alemán al español.
     Es obligado decir que no sobran manuales así de accesibles y ejemplificados de problemas de traducción alemán/español dirigidos al aspirante a traductor y concebidos, como éste, con la idea de que aprender a traducir sólo a partir de la teoría es una tarea imposible.
     En este manual, la autora presenta los problemas de traducción más frecuentes, analizados de forma comprensible y que, además, sorprenderán al lector no iniciado, pues es difícil imaginar que puedan cometerse errores en la traducción del alemán por culpa, por ejemplo, de “falsos amigos” léxicos, que todo el mundo supone existen sólo en italiano (el clásico salire por “salir” por la traducción correcta “subir”) o en francés (quitter por “quitar” en vez del correcto “dejar”, “abandonar”, chatte, “chata” por “gata”, etc.), y que demuestran, una vez más, que las apariencias engañan, y no sólo en las lenguas románicas.
     Muy ilustrativos resultan también los ejemplos de puntuación del epígrafe 3.6, La interrupción incómoda del mensaje y del 3.7 titulado Los signos de puntuación donde, además del análisis de ejemplos concretos de traducción se ilustra el texto con errores de nuestra propia lengua con frases sacadas, sin ir más lejos, de textos periodísticos. Esa “incomodidad” del mensaje –dice la autora-, se observa en el lenguaje periodístico con bastante frecuencia; como ejemplo, aporta estas frases sacadas del diario El País, 27 de marzo 1993, página 19:

“El candidato del Partido Popular tenía ayer, por primera vez, aspecto de estar algo cansado”.

     “Tener aspecto de algo” es una locución, y no deben separarse sus elementos. La autora propone la traducción alternativa: “Ayer por primera vez, el candidato del Partido Popular tenía aspecto de estar algo cansado”.
     En ocasiones, hasta puede producirse un cambio de sentido en el mensaje, y el ejemplo que ilustra este caso está también extraído de El País, 21 de febrero de 1993:

“El presidente turco trata en Croacia de impedir la extensión de la guerra”.

     Según se lee, el presidente turco está negociando en Croacia para conseguir parar una guerra que se está desarrollando en otro lugar, mientras que lo que pretendía decirse era que “el presidente turco trata de impedir la extensión de la guerra en Croacia”.
     Es decir, que, si bien en la mayoría de los casos no hay cambio de significado, este tipo de negligencia en el estilo provoca una cierta incomodidad al lector.
     Es interesante también el ejemplo del mismo problema en un fragmento del Diario
de Moscú de Walter Benjamin como explicación de lo que ocurre en una traducción donde se separa el verbo de su complemento o se interrumpen locuciones, o éste que reproducimos, del que se puede llegar a obtener una lectura más cómoda y ligera para el lector:

“Ich kaufe bei einem Strassenhändler…eine kleine Puppe, Stanka-Wanka, für Daga ein, haupsächlich um bei dieser Gelegenheit für mich selbst auch eine zu bekommen”.
(Moskauer Tagebuch, p. 41)

“A un vendedor callejero le compro…una muñequita, stanka-wanka, para Daga; sobre todo para, aprovechando la oportunidad, comprarme yo también una”.

     La autora explica que, interrumpir la proposición final después de la conjunción hace incómoda la lectura, y propone la versión: "a un vendedor callejero le compro una muñequita… para Daga, pero sobre todo aprovecho la oportunidad para comprarme…”, y continúa explicando lo que ocurre cuando en los incisos se separa el verbo de su complemento, cosa que, aunque no transgreda las reglas de la gramática, hay que saber hacer con elegancia.
     Como puede verse, el manual de esta profesora de Filología Alemana de la Universidad [Autónoma] de Barcelona, no es un tratado teórico sobre dificultades lingüísticas y su problemática a la hora de traducir alemán, sino de cuestiones concretas, específicas, ilustradas y aclaradas siempre con ejemplos varios, no sólo literarios, sino de disciplinas diversas o incluso de la lengua corriente, lo cual aumenta el espectro de lectores, o estudiantes, o estudiosos de la práctica de la traducción a los que puede perfectamente ir dirigido.
     Así, el manual aborda, en tres amplios capítulos, problemas léxicos, sintácticos y estilísticos, y contiene además dos apéndices interesantes sobre las fuentes utilizadas (donde aparecen, como hemos indicado ya, citas de los clásicos –Kafka, Fontane-, autores españoles contemporáneos como Vázquez Montalbán, agencias de prensa –alemanas y españolas-, revistas, etc.), y una bibliografía básica que recoge los textos de los que la autora se ha servido para la elaboración del manual.
     Divertidos, como siempre, los errores citados en el capítulo titulado Del diccionario como enemigo (apartado 2.3 del capítulo segunda: Problemas léxicos), argumento éste, siempre un tanto delicado para quienes intentamos que el estudiante no haga militancia del uso del diccionario y sea capaz de leer su texto traducido –del que es autor- libre del corsé del texto original alemán y de las equivalencias que le ofrece el diccionario y que, por tanto, le quitan libertad de ver y buscar en la riqueza de su propia lengua.
     Como manual, el libro resulta ilustrativo y de cómoda lectura, amenizado además con tan variados ejemplos extraídos –como ya dijimos- de tan diversas fuentes, y que presentan problemas inherentes en general a la actividad de traducir y no a tendencias de un texto específico.
     Así se presenta este libro al lector desde el primero de sus capítulos, donde se comienza por analizar “La operación traductora. Valoración global de sus dificultades”. El traductor, una vez analizado y comprendido el texto, se encuentra en una situación parecida a la del autor, y en este sentido corre los mismos riesgos de cometer errores que cualquier autor, aunque, sobre este particular no profundiza la autora, ya que el manual no entra en cuestiones particulares en lo referente al estilo.
     Esto, en cualquier caso, no impide recomendar su lectura, no sólo al aspirante a traductor, sino también al filólogo, pues recoge aspectos lingüísticos en los que, a veces, no se profundiza lo suficiente en la enseñanza de esta disciplina.

Violeta Pérez

(Publicado en Hieronymus Complutensis. El mundo de la Traducción, Números 6-7, 1998. Revista del Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores. Universidad Complutense de Madrid)

PRESENTACIÓN DEL POEMARIO "CREO EN LA NOCHE", DE ENRIQUE CLARÓS

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Presentación del poemario ''Creo en la noche'', de Enrique Clarós
Anna Rossell  27/10/2014



(Foto: @Carme Esteve )
 

La presentación del primer poemario de Enrique Clarós,Creo en la noche, fue un gozo, una celebración inolvidable, un disfrute de los que ya no se dan a menudo. Todos los factores implicados tuvieron el protagonismo armonioso que hacen de actos como éste una tarde enriquecedora y auténtica: la presentación, la recitación poética, la interesantísima tertulia con un público devoto y riguroso, un auténtico intercambio emocional y intelectual con el autor.

La presentación, a cargo de María de Luis y Anna Rossell, abrió el acto con una reseña biográfica del autor por un lado (María de Luis) y la detallada del poemario (Anna Rossell), que ubicó el libro en la tradición poética histórica con ilustración de las propias palabras del autor, los poemas de Enrique Clarós.

El segundo momento de la tarde: la recitación de una muestra de poemas a tres voces -María de Luis, Enrique Clarós y Anna Rossell-, terminó de preparar el ambiente para la tertulia final: el debate con el público. Un público entusiasta, crítico y amante de la tertulia hizo posible un debate emocionante y enriquecedor, que parecía no querer acabarse, del que disfrutamos todos los presentes. Una tarde perfecta.

18 de octubre de 2014

CORRESPONDENCIA XEC MARQUÈS-ANNA ROSSELL

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CARTA D'ANNA ROSSELL AL TEÒLEG I SALESIÀ XEC MARQUÈS (18-10-2014)
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CARTA DE ANNA ROSSELL AL TEÓLOGO Y SALESIANO XEC MARQUÈS (18-10-2014)
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Al original catalán sigue su traducción al español
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Català
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Anna Rossell (esquerra) amb Xec Marquès i Juanita Coll (juliol 2014) /
Anna Rossell (izquierda) con Xec Marquès y Juanita Coll (julio 2014)

El Masnou, 18-10-2014

Estimat Xec,

La teva última carta toca dos punts fonamentals:

1) la cruïlla en què es troba aquell/a que ha de decidir entre la pròpia vida (o la d’altres éssers estimats) i la seva consciència i

2) el tema que gira entorn d’allò que tu en la teva tesi de llicenciatura anomenaves “consciència cristològica” i que dius observar en aquelles persones que, coherents amb les seves creences, accepten fins i tot la mort amb una pau i una tranquil·litat difícils d’imaginar, com si fos allò més natural.

Voldria reprendre el fil d’ambdòs eixos i relacionar-los.

Quant al primer tema:
Certament qui es troba davant d’una situació en la qual actuar seguint la pròpia consciència comporta posar en risc la pròpia vida o la d’éssers estimats ho té molt difícil. Varem començar a parlar d’això en el marc de l’holocaust i d’aquella idea de l’Hannah Arendt que es remet al “pare de família” o “petit burgès” per explicar el que va passar en temps dels nazis. Deixo de banda la consideració que l’Hannah Arendt segurament pensava que la qüestió de la responsabilitat familiar va ser, en molts casos, una excusa (no ho diu explícitament). Suposo que qui es troba en una situació d’aquesta mena el primer que fa –inconscientment o conscient- és sospesar quin plat de la balança pesa més, si el del risc o el de la consciència. La decisió que prengui dependrà del grau del risc i del que pesi la consciència; això vol dir que probablement hi ha un marge d’actuació i, tornant al marc de què varem partir, el de l’holocaust, cal recordar que hi va haver gent que sí que se la va jugar i que era pare/mare de família (però varen ser pocs/ques...).
Sempre he pensat (és clar que no ho he viscut) que deu ser més fàcil arriscar –fins i tot donar- la pròpia vida que la dels éssers estimats.

Quant al segon tema:
Dius que la gent que viu i mor amb coherència es manifesta tranquil·la i serena “com si al seu interior no hi hagués cap mena de lluita de consciència, de tensió o de por davant la por. Hi ha una mena de naturalitat, de pau i de serenor que no deixa lloc a la por”. I sí, també jo recordo persones així, i també em puc imaginar prou que la coherència dóna aquesta tranquil·litat i aquesta pau fins en les situacions més extremes. Però també n’estic segura que la tranquil·litat i la pau s’esfondrarien davant la sola intuïció que el seu capteniment posés en risc persones més enllà de si mateixos/es.

Però m’ha interessat molt la teva idea d’un “estat de consciència, que no és el de la consciència moral que es debat entre el bé i el mal [...]. El no trair aquesta consciència esdevé una mena de segona natura humana que fa connatural a la persona el ser ‘bona, justa, bella’ fins el límit”. Crec entendre que aquesta segona natura humana és universal, la tindríem tots els éssers humans, amb independència dels valors en què hem estat educats. I partint d’aquesta base conclous al final de la teva carta: “entenc que segurament no n’hi ha prou amb una ‘nova educació moral en els valors’ sinó que el que cal és desvetllar aquella profunditat de l’ésser humà que en diem espiritualitat. Aleshores no n’hi prou amb trobar aquells valors que compartim, ens cal retrobar aquella humanitat que compartim més enllà dels valors”. La consciència que dóna aquesta segona natura humana es allò que tu anomenes “consciència cristològica”.

Aquest pensament m’ha semblat molt profund i interessant i em remet a la vella tesi filosòfica rousseauniana del Bon Salvatge, segons la qual l’ésser humà és bo per naturalesa i que el que el perverteix és l’entorn (l’educació)...

Durant molts anys jo pensava que Rousseau s’equivocava absolutament; la meva idea era precisament l’absolutament contrària: l’ésser humà és pèrfid per naturalesa i només l’educació el pot refrenar (reprimir). Amb els anys i per experiència personal (ja t’he explicat el llarguíssim temps que em vaig sotmetre a psicoanàlisi) he arribat a la conclusió que ni una cosa ni l’altra: la naturalesa humana ho és tot en potència; hi cap la bondat i la perversitat; què es desenvolupi més depèn de la biologia i de l’educació, en proporcions individualment diferents i difícils de controlar.

Aquesta idea teva de la consciència cristològica, la idea que els humans –tots els humans- compartim una naturalesa bondadosa, més enllà dels valors que ens ha inculcat l’educació que hem rebut, m’ha interessat molt, malgrat s’acosta molt a la tesi rousseauniana; però, venint de tu, que ets molt bon observador i que has viscut en diversos països africans des de fa anys, crec que li haig de donar una segona oportunitat a Rousseau. Estic molt d’acord amb tu en això que dius que cal fomentar l’espiritualitat; saps bé en quin sentit ho dic: cal fomentar-la amb independència de les religions, o, millor dit, més enllà de les religions (també podríem dir ABANS de les religions). No és el mateix ser religiós que ser espiritual; ambdós aspectes poden coincidir, però no tenen per què. I tu ho intueixes quan dius:
“Al mateix temps constatava que el que en diem l’evangelització (o la pastoral: catequesis, formacions religioses, celebracions) i les problemàtiques desenvolupades des de la teologia moral no arribaven a dialogar amb aquesta dimensió de la persona”. I jo hi afegiria: precisament per això, perquè no arriben a dialogar amb la dimensió més profunda de la persona, han estat i encara són causa de guerres i enfrontaments. Cal, doncs, anar més enllà de la religió per anar a trobar la religiositat (sinònim d’espiritualitat). 

Si tens raó i la consciència cristològica és universal, caldria fomentar la religiositat que ens fes recuperar aquesta consciència, i les religions ja no serien motiu de discòrdia perquè haurien passat a un segon terme; el que ens uniria seria aquella consciència, i la religió –fos la que fos- només tindria importància com a forma, una forma concreta de canalitzar aquesta espiritualitat, que algunes persones adoptarien i altres no. Com dic, l’essència espiritual de l’ésser humà no té per què aixoplugar-se en una religió.

I si tens raó, això voldria dir que la consciència cristològica és connatural a l’ésser humà des que el món és món i l’ésser humà existeix. Crist i els profetes (també d’altres religions) ho devien intuir i el que van fer va ser canalitzar, donar expressió normativa a la seva intuïció d’aquesta consciència. El problema ve quan altres (mal)interpreten Crist i els profetes edificant suposadament sobre les seves doctrines el que després acaben sent les religions.

I aquí et deixo el fil, Xec. Escriu aviat.

Una abraçada,

Anna

P.D.: M’interessa això que dius que la consciència és un concepte filosòfic estrany a les cultures africanes; ho pots explicar una mica més? També m’ha interessat el fatalisme dels cinc autors africans (teòlegs, sociòlegs i antropòlegs). M’ho pots aclarir?
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CARTA DE ANNA ROSSELL AL TEÓLOGO Y SALESIANO XEC MARQUÈS (18-10-2014). 
Traducción al español de Anna Rossell

El Masnou, 18-10-2014 

Querido Xec, 

Tu última carta toca dos puntos fundamentales: 

1) la encrucijada en que se encuentra aquél/la que tiene que decidir entre la propia vida (o la de otros seres queridos) y su conciencia, y 

2) el tema que gira en torno a lo que tú en tu tesis de licenciatura llamabas "conciencia cristológica" y que dices observar en aquellas personas que, coherentes con sus creencias, aceptan incluso la muerte con una paz y una tranquilidad difíciles de imaginar, como si fuera lo más natural. 

Quisiera retomar el hilo de ambos ejes y relacionarlos. 

En cuanto al primer tema: 
Ciertamente, quien se encuentra ante una situación en la que actuar siguiendo la propia conciencia conlleva poner en riesgo la propia vida o la de seres queridos lo tiene muy difícil. Empezamos a hablar de ello en el marco del holocausto y de aquella idea de la Hannah Arendt que se remite al "padre de familia" o "pequeño burgués" para explicar lo que pasó en tiempos de los nazis. Dejo de lado la consideración de que la Hannah Arendt seguramente pensaba que la cuestión de la responsabilidad familiar fue, en muchos casos, una excusa (no lo dice explícitamente). Supongo que quien se encuentra en una situación de este tipo lo primero que hace -inconsciente o conscientemente- es sopesar qué plato de la balanza pesa más, si el del riesgo o el de la conciencia. La decisión que tome dependerá del grado del riesgo y de lo que pese la conciencia; esto significa que probablemente hay un margen de actuación y, volviendo al marco de que partimos, el del holocausto, hay que recordar que hubo gente que sí se la jugó y que era padre/madre de familia (pero fueron pocos/as ...). 
Siempre he pensado (claro que no lo he vivido) que debe de ser más fácil arriesgar, incluso dar la propia vida que la de los seres queridos. 

En cuanto al segundo tema: 
Dices que la gente que vive y muere con coherencia se manifiesta tranquila y serena "como si en su interior no hubiera ningún tipo de lucha de conciencia, de tensión o de miedo ante el miedo. Hay una especie de naturalidad, de paz y de serenidad que no deja lugar al miedo". Y sí, también yo recuerdo personas así, y también me puedo imaginar que la coherencia da esa tranquilidad y esa paz, hasta en las situaciones más extremas. Pero también estoy segura de que la tranquilidad y la paz se derrumbarían ante la mera intuición de que su comportamiento pusiera en riesgo a personas más allá de sí mismos/as. 

Pero me ha interesado mucho tu idea de un "estado de conciencia, que no es el de la conciencia moral que se debate entre el bien y el mal [...]. No traicionar esa conciencia remite a una especie de segunda naturaleza humana que hace connatural a la persona el ser 'buena, justa, bella' hasta el límite". Creo entender que esta segunda naturaleza humana es universal, la tendríamos todos los seres humanos, con independencia de los valores en que hemos sido educados. Y partiendo de esta base concluyes al final de tu carta: "entiendo que seguramente no basta con una 'nueva educación moral en los valores' sino que lo que hay que hacer es desvelar aquella profundidad del ser humano que llamamos espiritualidad. Entonces no basta con encontrar aquellos valores que compartimos, tenemos que reencontrar aquella humanidad que compartimos más allá de los valores ". 
La conciencia que da esta segunda naturaleza humana se lo que tú llamas "conciencia cristológica". 

Este pensamiento me ha parecido muy profundo e interesante, y me remite a la vieja tesis filosófica rousseauniana del Buen Salvaje, según la cual el ser humano es bueno por naturaleza y que lo que lo pervierte es el entorno (la educación). .. 

Durante muchos años yo pensaba que Rousseau se equivocaba absolutamente; mi idea era precisamente la absolutamente contraria: el ser humano es pérfido por naturaleza y sólo la educación lo puede refrenar (reprimir). Con los años y por experiencia personal (ya te he explicado el larguísimo tiempo que me sometí a psicoanálisis) he llegado a la conclusión de que ni lo uno ni lo otro: la naturaleza humana lo es todo en potencia: cabe la bondad y la perversidad; qué se desarrolle más depende de la biología y de la educación, en proporciones individualmente diferentes y difíciles de controlar. 

Esta idea tuya de la conciencia cristológica, la idea de que los humanos -todos los humanos- compartimos una naturaleza bondadosa, más allá de los valores que nos ha inculcado la educación que hemos recibido, me ha interesado mucho, a pesar de que se acerca mucho a la tesis rousseauniana; pero, viniendo de ti, que eres muy buen observador y que has vivido en varios países africanos desde hace años, creo que le tengo que dar una segunda oportunidad a Rousseau. Estoy muy de acuerdo contigo con lo que dices, que hay que fomentar la espiritualidad; sabes bien en qué sentido lo digo: hay que fomentarla con independencia de las religiones, o, mejor dicho, más allá de las religiones (también podríamos decir ANTES de las religiones). No es lo mismo ser religioso que ser espiritual; ambos aspectos pueden coincidir, pero no tienen por qué. Y tú lo intuyes cuando dices: 
"Al mismo tiempo constataba que lo que llamamos la evangelización (o la pastoral: catequesis, formaciones religiosas, celebraciones) y las problemáticas desarrolladas desde la teología moral no llegaban a dialogar con esta dimensión de la persona". Y yo añadiría: precisamente por eso, porque no llegan a dialogar con la dimensión más profunda de la persona, han sido y son aún causa de guerras y enfrentamientos. Es necesario, pues, ir más allá de la religión para ir a encontrar la religiosidad (sinónimo de espiritualidad). 

Si tienes razón y la conciencia cristológica es universal, se debería fomentar la religiosidad que nos hiciera recuperar esta conciencia, y las religiones ya no serían motivo de discordia porque habrían pasado a un segundo plano; lo que nos uniría sería aquella conciencia, y la religión -fuera la que fuera- sólo tendría importancia como forma, una forma concreta de canalizar esta espiritualidad, que algunas personas adoptarían y otras no. Como digo, la esencia espiritual del ser humano no tiene por qué guarecerse en una religión. 

Y si tienes razón, esto querría decir que la conciencia cristológica es connatural al ser humano desde que el mundo es mundo y el ser humano existe. Cristo y los profetas (también de otras religiones) lo debían intuir y lo que hicieron fue canalizar, dar expresión normativa a su intuición de esta conciencia. El problema viene cuando otros (mal) interpretando a Cristo y a los profetas edifican supuestamente sobre sus doctrinas lo que luego acaban siendo las religiones. 

Y aquí te dejo el hilo, Xec. Escribe pronto. 

Un abrazo, 

Anna 

P.D. : Me interesa eso que dices, que la conciencia es un concepto filosófico extraño a las culturas africanas; ¿lo puedes explicar un poco más? También me ha interesado esto del fatalismo de los cinco autores africanos (teólogos, sociólogos y antropólogos). ¿Me lo puedes aclarar?